miércoles, 7 de diciembre de 2011

UNA FOTO ENTRE LAS MANOS

    Tenías la mirada llena de sueños e incertidumbres. Eras bella y salvaje. Todas las nieblas de mis días se diluían a tu paso. ¿No lo recuerdas? Nos amábamos con la osadía de la edad donde las fantasías se envuelven en noches de pasión; dueños y siervos de nuestras propias ansias juveniles. Entre mis manos una foto liviana en su materia, pesa como la losa más compacta, por que alberga en ella el tú y el yo; todo lo que fuimos y quisimos ser, todo lo que dejamos al borde del camino. Eras toda pasión y tu piel tenía la frescura de los años en que los vientos rodean las perdidas cabañas que se esconden en los ignotos bosques del exceso. La fotografía conserva toda la luz de aquellos años, de aquel tiempo en que la fuerza de la juventud nos permitía cruzar mares que no figuran en las cartas de navegación y la rosa de los vientos giraba sólo para ti y para mi. Una foto entre las manos puede hacernos comprender que poco dura la felicidad, se escapa entre los dedos sin apenas percatarnos y vuela cada día más lejos. El misterio del pasado, del ahora, del futuro; nunca podrá ser desvelado. Cuando el hombre está reflexionando ya las horas han hecho mella en su rostro y su memoria. Una foto entre las manos nos devuelve un silencio aterrador en el ahora. Fuimos todo aquello que soñamos, y hoy en una insignificante foto reside ese tiempo de jardines orgiásticos, cuerpos sin freno y el sol abrasador del ayer.


LA MUERTE, ETÉREO CONCEPTO DE RAICES IGNOTAS


    Un suspiro profundo, tenso en su inspiración, relajado en su espiración final. Después, la nada. Todo es silencio alrededor. Sólo un cuerpo inerte ha quedado de nuestra existencia, de nuestros sueños, nuestras ilusiones, nuestras esperanzas. En la infancia, como algo ajeno a nosotros, lejano, van cayendo los primeros familiares cercanos, más jóvenes, más viejos. Pero nosotros estamos en otro mundo. Cuando comienza a existir la muerte como sino implacable que dominará el resto de nuestra vida, todo cambia y la niñez se torna menos liviana. Después, con la juventud, creemos poseer invulnerabilidad. Las locas y apasionadas horas de una época que emana vida por todos los poros de la piel. Sólo cuando los que nos dieron la existencia desaparecen, asimilamos que la muerte nos acecha. En realidad lo ha hecho siempre, desde el primer instante en que respiramos. Amigos cercanos de nuestra edad caen abatidos por el azar del destino, y un nuevo capítulo se abre en la forma de sentir un final que sabemos inevitable. Vamos dejando en nuestro recorrido vital un camino cada vez más solitario, lleno de cruces en sus veredas. Si pudiésemos detenernos, veríamos el sol de la niñez y juventud muriendo en el horizonte. Entonces los campos estaban siempre verdes; profundamente verdes. El ser humano pasea su orgulloso “ego” por el mundo sin querer pensar que un día dejará de ser. El viento sopla con furia y dobla las copas de los árboles en este noviembre gris. Sentado en mi estudio pienso que los momentos felices son como algunas estrellas que brillan en el firmamento. Contemplamos su luz, pero ellas ya no existen. Hace mucho que se extinguieron en la inmensa oscuridad del universo. Hemos desnaturalizado la muerte al darle una gran trascendencia. El hecho en si, es un instante ínfimo en una vida normal. Pero nos aterra “el antes”; y a muchos “el después”. En cualquier momento, mi corazón podría dejar de latir. El viento sigue soplando como aliento del destino amenazante.  






martes, 29 de noviembre de 2011

SOBRE LA NATURALEZA DEL HOMBRE (Anotaciones para un ensayo filosófico) V

Playa de la Griega en Asturias, donde es posible contemplar
huellas de dinosaurios que están entre las más grandes del mundo.



    En un mundo global donde se tiende al pensamiento único, surge lo “Políticamente incorrecto”. Todo aquel que disienta de una serie de valores  que, por ley no escrita pero si latente en los diferentes estamentos sociales, se han instaurado: todo aquel que cometa el terrible fallo de disentir, es inmediatamente juzgado por la opinión general. Así se van creando compartimentos estancos, facciones, partidos, asociaciones que supuestamente van haciendo una sociedad más rica, cuando en realidad la van distanciando y, todo aquel que no este definido es un “rara avis” del que hay que desconfiar o, simplemente, está fuera de juego, condenado a un ostracismo no dictado ante un tribunal, pero si llevado a cabo por una sociedad ciega y devoradora de mentes pensantes.

  • Valores latentes y determinados en diferentes estamentos sociales
Consecuencia; “Políticamente incorrecto”
                           (Rechazo y condena del individuo al ostracismo)







    Con este panorama actual, entra en juego una antigua palabra que cobra fuerza: Hipocresía. Tal como versa en su definición, dícese del fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. Así, el intento de mostrarnos física y mentalmente geniales sin interrupción ante una sociedad exigente, nos convierte en hipócritas ante los demás y, lo que es más grave, ante nosotros mismos. Nuestro “Yo interno” se va auto convenciendo de valores e ideologías adquiridas en el núcleo social y familiar, ante la imposibilidad de librarse del lastre adquirido, en una sociedad discriminatoria con el diferente. El hombre como sociedad determinada (empresas, asociaciones) como partido ideológico, es admitido aun que sea criticado. El hombre como “Yo individual”, fuera de los círculos o estamentos, es ignorado, repudiado, condenado al ostracismo.  No interesa el “Yo” como particular. Hipócritamente se nos dice: “Velamos por su seguridad”, “Velamos por su salud”, “Velamos por su bienestar”; pero, en realidad se nos está diciendo: “Velamos por la seguridad, la salud y el bienestar del colectivo”. El individuo como ente pensante único carece de todo valor. Posee valor en tanto y cuanto está integrado en el “Sistema Urano”. Sistema que devora a sus hijos con avidez, temeroso de perder su hegemonía. Así, en un sistema protector y paternalista, nada debe quedar al azar. A través de un entramado social muy elaborado se nos dice constantemente: “No debes de llegar tarde a casa”, “Cuidado con que gente vas”, “Pórtate bien”. Entran en juego las medidas sancionadoras que coaccionan la libertad de movimiento del sujeto fuera de “los límites” prefijados socialmente. Hace acto de presencia el término “Prohibido”. A través de pequeñas prohibiciones se consigue “La Gran Prohibición”, acceder al Árbol de Ciencia de Bien y del Mal, lo que equivale a la prohibición de pensar. El hombre “diferente” dentro del entramado social, busca “algo”, pero no sabe el qué; busca su naturaleza primigenia, el germen de su esencia, el inicio de su gestación, para poder entenderse a si mismo. El conflicto entre esa búsqueda y todas las trabas que el sistema pone a ese cometido, deviene en un estado de alteración casi constante. Acaso uno entre un millón, o entre dos millones, no lo sé; decide tomar el camino de exiliarse de su propia especie. La no implicación social es vista como un egoísmo con relación al resto de los individuos. Interesa “el hombre activante”, no “el hombre pensante”. Se podría argüir contra esa idea que “el hombre actuante” es también un “hombre pensante”, y es cierto. Pero lo es en función de un interés colectivo y de acuerdo a las reglas que rigen dicho colectivo y dicho interés; no es un “hombre pensante” en función de un interés propio, es decir, de un interés puramente humano y, por consiguiente, de un interés real hacia la búsqueda de la esencia verdadera.

  • Condicionamiento social – Hipocresía: Ante los demás, ante nosotros mismos
  • Auto convencimiento por los valores adquiridos socialmente – Sociedad discriminatoria con el diferente
  • El hombre como sociedad determinada o partido ideológico (Admitido) – Tiene valor como integrante de un sistema
  • El hombre como “Yo individual” (Rechazado) – Carece de valor ante la sociedad
  • “Sistema Urano” (Protector) – Nada debe quedar al azar:
    1. Medidas sancionadoras (“Prohibido”) - Coaccionan la libertad del individuo
    2. Pequeñas prohibiciones llevan a la “Gran Prohibición”: Prohibido acceder al árbol de la ciencia – Prohibido Pensar
  • Hombre diferente – Busca su naturaleza primigenia (la esencia de la especie) - La no implicación social es vista como un egoísmo.
Consecuencias: Estado de alteración, exilio de la especie




    Hacia el 600 a. C. Heráclito  de Éfeso afirmó: “Todo está constantemente cambiando. Nada permanece igual”. En contraposición, Parménides, cien años después postuló que, no sólo el cambio, sino el movimiento es imposible. Para moverse, cambiar de sitio en el espacio, el nuevo sitio tiene que estar vacío. El concepto de espacio vacío implica el concepto de no-ser que, según Parménides, no existe; por lo que tampoco puede existir el espacio vacío y, por añadidura, tampoco puede existir el movimiento. Zenón, discípulo de Parménides, abundó en estas afirmaciones en el famoso ejemplo de Aquiles y la tortuga que está delante de él, y que, según Zenón, jamás podrá alcanzar porque cuando Aquiles alcance el punto donde está la tortuga, ella ya ha avanzado un poco desde ese punto. Realmente no hay movimiento, porque por corto que sea el primer movimiento, siempre habrá un punto intermedio.
    Aplicado este argumento a la evolución del hombre a través de las épocas, podríamos darlo como válido en el sentido estrictamente de trayectoria evolutiva prehistórica e histórica. Otra cosa diferente sería aplicarlo a la esencia natural del homo sapiens que, aunque bajo otras formas, en su valor más puro, no ha cambiado. ¿Es más o menos violento el hombre moderno que su antepasado cavernario? Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que igual...

Enigmático Lago de Sanabria sin turistas en invierno.


viernes, 18 de noviembre de 2011

JUNTO A LA TUMBA

Dibujo de Julio Mariñas




 Las tumbas huelen a soledad obligatoria y firme.

EL VIEJO DEL BOSQUE

 
 
Pintura de Julio Mariñas
 
El vagabundo ríe en la esquina,
después de haber quemado sus millones

en la pequeña hoguera que encendió para el frio.

LA MUERTE BELLA


Dibujo Julio Mariñas

Murió, nadie la lloró, su cuerpo incorrupto cubria la tierra;
se llamaba libertad y era un héroe anónimo.

SOBRE LA NATURALEZA DEL HOMBRE (Anotaciones para un ensayo filosófico) IV

Camino de Santiago 1993



    Una vez analizados otros puntos, pasamos a intentar reflexionar sobre la base de todas las angustias del hombre actual; angustias que han ido creciendo a lo largo de la historia de la humanidad a la par que crecía su ego. 
    No sabemos en que momento el homo tuvo conciencia sobre su finitud, pero si que en ese preciso instante comenzaron todas sus angustias. Lo que si podemos deducir es que, a partir de ese momento, queriendo eludir lo evidente, fue conformando el sentido de trascendencia que en la actualidad ha llevado a las más altas cotas de fanatismo.
     El sentido de propiedad sobre objetos, personas, tierras, y el consiguiente temor a la pérdida de todo lo conquerido en la vida han llevado al hombre a esa angustia existencial ante el irreversible momento de la muerte y desaparición total.

  • Acumulación de bienes materiales y afectos -  Evidencia de desaparición de lo poseído al morir -  Angustia existencial – Creación del sentido de trascendencia





    Hubo un tiempo en que los hombres vivían con los dioses. Los griegos instauraron en Monte Olimpo como morada permanente de unos dioses que poseían cualidades extraordinarias para beneficio propio y, en ocasiones, también de los demás mortales; pero también eran poseedores de todos los defectos y los vicios humanos. Los griegos antiguos, tal vez con una actitud muy propia del ser humano en todos los lugares y épocas, atribuyeron a esos dioses la culpa de todas aquellas desgracias que la naturaleza o el simple transcurrir del tiempo hacía asomar a sus vidas. Así, cuando el mar rugía embravecido asolando las costas y haciendo zozobrar las embarcaciones, era Poseidón  el desencadenante de tales acontecimientos; cuando las cosechas eran pobres, es que la diosa Ceres no había sido convenientemente idolatrada; y así sucesivamente. Los romanos copiaron casi a pies juntillas una mitología que venía como anillo al dedo para seguir manteniendo al hombre bajo el yugo implacable de una gran familia de dioses que controlaban sus vidas hasta extremos impensables. Así hicieron de Hermes – Mercurio, de Zeus – Apolo, de Afrodita – Venus, y un largo etcétera.

El viejo del bosque - Pintura de Julio Mariñas


   
    ¿Cuándo apareció la religión, el misticismo en la vida de hombre?
    Los primeros atisbos quizás tengamos que buscarlos en la oscuridad de las primeras cuevas prehistóricas, en esas representaciones pictóricas que nos hablan de los animales que rodeaban al homo en sus inicios; probablemente un atisbo de la ambición que ya entonces tenía el hombre por dominar la naturaleza. Otra de las primeras muestras nos remite a las figuras de hembras con grandes ubres y vientre prominente, símbolo inequívoco de la preocupación del hombre por la fertilidad que conlleva la perpetuación de la especie. Inventó el hombre una suerte de ficción que aplacara su angustia ante su sentimiento de mortalidad. Cuando la vida le sonreía, daba gracias a los dioses; cuando la vida lo golpeaba, sentía que lo habían abandonado. Miles de años después, un hombre gritaba en el último aliento: “¡Padre, padre! ¿Por qué me has abandonado?” Cristo acepta su destino, pero, al mismo tiempo, siente la soledad del último instante, cuando sabemos que ya no existe pasado ni futuro, cuando todo se detiene a nuestro alrededor y la palabra soledad nos rodea con su abrazo frío y rotundo. Los Lares romanos eran atendidos convenientemente en las casas. Después llegó la separación que, al correr de los siglos, se fue haciendo más evidente, y los dioses quedaron “relegados” a lugares muy concretos, templos donde los fieles iban a orar y pedir una vida feliz. Ya pasó aquel tiempo de la antigüedad donde los hombres vivían con los dioses. Esa escisión provocó la aparición de intermediarios, muchos proclamados con posterioridad santos, para servir de puente entre los dioses y los hombres. Así comenzó la larga lucha entre los que invitaban al hombre a una vida de “rectitud” cumpliendo una serie de normas que lo llevarían a una vida mejor después de la muerte; y los que pugnaban por vivir la vida que tenían, antes de ser pasto de los gusanos. El poder político y el poder religioso, que en muchas ocasiones de la historia han viajado juntos y en otras se han fusionado, han sido los desencadenantes de un sistema organizativo que, queriendo o sin querer; o, mejor dicho, primero sin querer y después queriendo, han convertido la vida de los hombres en un continuo sin vivir. Si eres malo, alguien que no ves te castigará; si eres malo, “Papa Estado” te castigará.





   
    Y mientras, el concepto del bien y del mal se diluye y oscila como una peonza. Para el poderoso existe una patente de corso con la que tiene vía libre para ejercer todo su arsenal de perversiones y acumular riquezas que necesitaría diez vidas para gastar. Para el débil, robar un mendrugo de pan puede suponer una grave falta que le lleve a perder su mano o a una sanción carcelaria que es el prólogo de una vida de despropósitos que afectará a su entorno gravemente. Llegamos aquí al punto clave del entramado social actual. El dinero es la palabra clave que envuelve la vida del ser humano. Dinero es poder. Poder es conseguir todo aquello que se desea. Las dos funciones básicas que conlleva la perpetuación de la especie: el alimento y el sexo están al alcance del hombre con toda su variedad y sofisticación, si este posee dinero. El grave error es que, al contrario de la religión que, en sociedades supuestamente civilizadas, no es impuesta a todo el colectivo; el dinero, elemento palpable pero, al pasar de ciertas cantidades, mucho más abstracto que cualquier dios dominador, es impuesto a todos sin distinción. Hay una norma social no escrita, que no se recoge en ninguna constitución, ni en ninguna tabla de leyes o mandamientos; esa norma es “tienes que tener dinero para poder sobrevivir” “tienes que tener dinero para ser socialmente reconocido” “tienes que tener dinero para ser alguien”. Es curioso pensar que si nuestro homo sapiens cavernario hubiese encontrado un montón de billetes, probablemente los utilizase para alimentar el fuego de su hoguera. Esto nos demuestra, meditando en esa imagen, que el verdadero valor del dinero es ese, ninguno.


Pintura de Julio Mariñas



   
    No podemos negar que la complejidad a la que ha llegado la sociedad actual sería inviable sin un sistema monetario y todo una infraestructura económica. Pero, la reflexión es ¿de qué nos ha servido? Inmediatamente nos viene a la mente el concepto “Sociedad del bienestar”. Aquí habría que determinar si es válido un sistema que engloba a todos los ciudadanos cortándolos por un mismo patrón, sin pensar o no queriendo pensar, que somos seres diferentes y, lo que para un individuo es bienestar, para otros es malestar. Entrando en el terreno de los conceptos, llegamos al término felicidad, muy emparentado con la “Sociedad de bienestar” que antes mencionamos. A través de una estudiada campaña nos dicen: “sé feliz”, y para ello nos dan unas claves tan simples como ridículas; el mejor coche, la mejor casa, la mejor televisión, y un largo etcétera. Entonces, el homo se va alejando de los principios naturales y básicos que sustentan su asistencia. El noventa y nueve por ciento de todo lo que la sociedad nos ofrece como panacea para ser felices no ayuda en absoluto a esos dos grandes logros del hombre con los que ha conseguido hacer arte: la comida y el sexo. Si, estos dos elementos están siempre emparejados con los ofrecimientos varios que se muestran ante nuestros ojos. Pero lo cierto es que todas esas cosas que la sociedad del siglo XXI nos ofrece, hacen que sexo y comida sean cada vez más triviales y prime un bienestar artificial, como es el conducir un vehiculo o ver la televisión. Ya que ha sido mencionada, este último aparato merece una reflexión. Invento fabuloso para poder contemplar el mundo desde nuestra “caverna”, pero peligroso en extremo si no sabemos discernir la realidad de la ficción. La televisión es un artefacto que tiende a pensar por nosotros, y eso tiene graves consecuencias en la vida de muchos humanos. Las artes visuales han sido la gran revolución del siglo XX. El cine ha dado vida a los hombres del pasado; algunos de ficción, otros reales; y nos ha trasladado a un futuro hipotético. El pensamiento del hombre plasmado en imágenes ha sido un sueño hecho realidad. Por primera vez, el hombre “cree” dominar el tiempo; lo graba y perpetúa hechos ya pasados. ¿Puede haber magia mayor? El inconveniente surge cuando se crea un vínculo de dependencia entre el artefacto televisivo y el individuo. Podríamos decir que cumpliría dos funciones: la de informar y la de divertir. En el primer caso debemos siempre ser filtros que analicen la información que nos llega y recibirla con un elevado grado de escepticismo. En el segundo, evitar crear una dependencia de esa diversión que puede absorber nuestras vidas y alejarnos de las más elementales necesidades. El elemento estático de la televisión y el elemento móvil del coche, ha llevado al hombre hasta los más altos grados de sedentarismo. Nos hallamos aquí ante el mayor problema a nivel físico del hombre sapiens actual. La no necesidad de buscar el alimento, la tecnificación del trabajo, han llevado a unos grados de inactividad impensables en el pasado. En el sumun del delirio, el hombre inventa toda una serie de prácticas deportivas para llevarlas a cabo en recintos cerrados y así mejorar el estado físico que su vida sedentaria ocasiona. Surge un culto al cuerpo y un modelo de masculinidad y feminidad que se convierten en la aspiración de numerosos jóvenes. Lo cierto es que, pese a todos los esfuerzos, la genética tiene siempre la última palabra. Muchos, ante la imposibilidad de obtener determinados resultados, recurren al consumo de sustancias que potencian la consecución de todas esas metas. Se instaura el ejercicio físico como panacea para lograr una imagen y no por una razón de salud. Esto lleva parejo el deseo de no envejecer, lo alienta el consumo de productos para detener el proceso natural e inevitable de oxidación. Así, la imagen crea un comercio a nivel mundial y triunfa lo material sobre lo “espiritual”. El esfuerzo para alcanzar estos objetivos va creando una continua frustración en el ser humano. Su vida ya no es suya y él no sabe quien es.
  • Primeras manifestaciones artísticas-místicas:
        1- Pinturas rupestres
        
        2- Ídolos de fertilidad

  • Los hombres viven con los dioses – Defectos y virtudes humanos (Grecia-Roma)
  • De los lares romanos a los templos:
      1–Quedan los dioses relegados a sitios concretos
     
       2-Surgen los intermediarios (Santos)

  • Poder político y religioso:
1-El bien y el mal se mezclan – El rico tiene patente de corso

2-Hombre controlado – El pobre es castigado por sus faltas

Conclusión: Dinero = Poder – “Sociedad de bienestar”

  • “Sociedad de bienestar” (Búsqueda de la felicidad)
1-Televisión + Coche = Sedentarismo

Medidas: Ejercicio reglado en interiores, imposición de la belleza, lucha contra el envejecimiento.

Conclusión: Frustración constante.


Finisterre

viernes, 11 de noviembre de 2011

SOBRE LA NATURALEZA DEL HOMBRE (Anotaciones para un ensayo filosófico) III


Pintura Julio Mariñas
 

    
 
    Todos los trastornos actuales a nivel anímico derivan del estado evolutivo alcanzado en el que el hombre transita por un terreno artificial, víctima del sistema que él mismo ha generado. 
    Los conceptos filosóficos desde Grecia, en buena parte siguen siendo válidos para las diferentes corrientes religiosas y políticas; pero se han quedado obsoletos desde el punto de vista de una sociedad del siglo XXI, gobernada en su mayor parte por un ejército de máquinas cuyo tecnicismo en ocasiones rebasa las cualidades que el cerebro humano pueda asimilar en una relación de tiempo y reacción iguales. Así, esclavo de los artefactos y bajo el brillo de la palabra “tecnología”, el humano vive entre una maraña de ondas de diferente índole: ruidos que minan su aparato auditivo, gases que intoxican sus pulmones, imágenes que bombardean su retina, sabores que socavan sus papilas gustativas, tactos metálicos y plásticos que ensombrecen las yemas de sus dedos; hacinado en núcleos urbanos, lejos de aquella naturaleza primigenia a la que sigue necesitando, pero a la que ignora y tortura sin clemencia.
Junto a la tumba - Dibujo por ordenador de Julio Mariñas

     
     La violencia, que va intrínsicamente ligada a la naturaleza, ha perdido su valor inicial como método de defensa para sobrevivir, como método de ataque para alimentarse; y se ha convertido en una suerte de azar, pasando a ser gratuita. Los métodos de inhibición de ataque, como la sumisión o la huida, han perdido todo su valor; y el humano más agresivo mata gratuitamente a su semejante. Por lo tanto, el individuo agresivo y violento que es un ejemplar que, al contrario de lo que ocurre en la naturaleza, no tiene por que ser el más fuerte físicamente, ni el más capacitado. El violento puede ser un hombre o mujer con escasas cualidades físicas pero un potencial de agresividad excesivo. En este punto, hay que reseñar que es muy importante el momento en que se produjo, primero la transformación cerebral que permitió el uso de herramientas o el uso de herramientas que permitió la transformación cerebral. Con posterioridad, dichas herramientas se convertirían en armas sabiamente utilizadas, entrando en juego, no sólo el potencial físico del individuo, sino su habilidad y destreza en el manejo del venablo, la honda o el arco. Hasta aquí podemos considerar que la violencia entre distintos clanes o poblados pudo ser grande, pero nunca gratuita; puesto que la utilización de las armas conllevaba una preparación física, una práctica y un importante desgaste físico que los individuos no podían ejercer a la ligera; ya que las consecuencias posteriores podían ser nefastas para la supervivencia. A medida que estas armas adquieren sofisticación, unas normas bélicas entran en acción, unas reglas de caballería; en ocasiones no escritas, regulan el uso entre fuerzas llamemos “iguales” de esas armas. Aun que ya entonces, caso de la Edad Media, el señor feudal poseedor del poder armamentístico sometía al pueblo y abusaba del siervo de la gleba; mostrando así la trayectoria que iba a llevar el desarrollo humano. En una segunda fase se produce la revolución en los campos de batalla  con la entrada de las armas de fuego. Este será el punto de inflexión donde todo cambiará. La guerra ira progresivamente elaborándose cada vez más en los despachos y quedará en manos de un intrincado entramado político donde el soldado será un mero vehiculo para la ejecución de las metas más alejadas del inicial carácter bélico en donde el honor, las treguas y otros factores eran escrupulosamente respetados. Pero será en el ciudadano corriente, no especializado, donde las armas de fuego cambiaran el concepto lejano de fuerza, habilidad e ingenuo; porque con una pistola el ser más débil puede quitarle la vida al mejor dotado. Se rompe así la ley natural del predominio del mejor en términos científicos; ahora el individuo inferior física e intelectualmente puede eliminar al mejor dotado. Así, la violencia se convierte en moneda de no retorno que es infringida las más de las veces aleatoriamente sin tener una causa concreta; por el mero placer de matar, por traumas mentales de diversa índole,  como un modo de autoafirmación o una superioridad irreal sobre el otro.




"Tiempo vendrá en que..." Pintura de Julio Mariñas

    Aunque no de fuego, dentro de la clasificación de las armas que operan este tipo de transformaciones en el individuo, sería necesario hablar del automóvil; la arma del ciudadano medio por excelencia. Acumula este artefacto en si grandes virtudes como medio de transporte, pero lleva en su carrocería la palabra muerte cuando se convierte en numerosos casos en vehículo, nunca mejor dicho, de canalización de las frustraciones del homo sapiens. Así, la potencia sexual de la que carece el individuo se la proporciona el acelerador del coche, la torpeza en el lenguaje es suplida por la potente y sonora bocina; el infeliz humano ejecuta con el coche todo aquello que es incapaz de realizar por si mismo. Lo malo del asunto es que el auto tiene un límite como arma material, límite que no suple las carencias manifiestas de multitud de humanos que se ponen al volante. Concluimos entonces que hay dos puntos de inflexión que han marcado el cambio en las actitudes de agresividad del hombre con respecto a los de su especie. El primero la utilización de herramientas como armas de ataque y el segundo la aparición de armas de fuego. Finalmente tenemos una última frase que sería la energía atómica. La existencia del hombre pendiente de un dedo anónimo que pudiese acceder a un botón mortífero para la humanidad.

  • Herramientas como armas – Fuerza y destreza para su uso – Desgaste energético -  violencia medida (defensa y ataque)
  • Armas de fuego – Posibles de utilizar por seres metal y físicamente inferiores – Mínimo o nulo riesgo – Violencia gratuita.
  • Automóvil – Arma mortal (Posible utilización por seres mental y físicamente inferiores) – Seguridad ficticia y riesgo grave también para el atacante.
  • Energía atómica – Violencia anónima (Dedo invisible) – Destrucción global

Dolmen - Pintura de Julio Mariñas

jueves, 10 de noviembre de 2011

SOBRE LA NATURALEZA DEL HOMBRE (Anotaciones para un ensayo filosófico) II

Foto de Julio Mariñas

  
    Dos elementos vitales, funciones básicas que el ser humano necesita para vivir y para la perpetuación de la especie son la alimentación y el sexo. De los dos ha hecho el hombre arte.
    La cocina es una suerte de magia que desde los primeros pasos de la civilización ha ido evolucionando hasta convertirse, en algunos casos, en una especie de “mentira aceptada”. Lo cierto es que el arte culinario proporciona momentos de goce y ha convertido el proceso natural de alimentación en una suerte de rito. El hombre se convierte en sedentario y disfruta del placer de los alimentos transformados. Esto le ha reportado buenos momentos al calor del hogar pero, a la vez, ha afectado directamente a su modo de vida natural. La carencia de actividad física influye en el organismo y provoca en el ánimo del individuo estrés
y ansiedad; patologías que, por otra parte, tal vez los animales tenga, pero como recurso ante un peligro, frente a otra amenaza natural.  Cuando el hombre deja de ser errante y se torna sedentario adquiere con el tiempo un sentido de propiedad y territorialidad de la que antes carecía. Acumula en su territorio pertenencias y defiende el lugar como si fuese a ser eterno; pierde en parte ese sentido de periodicidad que poseía anteriormente. “Lo mío” y “Lo tuyo” se hace patente. Descubre el fuego, domina a las bestias, pero no se ocupa de la bestia que nace en su interior. Él mismo se reprime a través de los tiempos.


La Muerte Bella - Autor Julio Mariñas




    
    El fuego cocinador de alimentos se torna sagrado. Ya nada será igual. El alimento establece un “Clasismo”. El pobre tiene, con suerte, un mendrugo de pan que llevarse a la boca, algún vegetal; el rico tiene la sabrosa carne, el pez exquisito. Largo y extenso sería disertar sobre ello, pero lo cierto es que la cocina diferencia a los humanos del resto de los animales. La aspiración a poder acceder a cierto tipo de alimentos y no conseguirlo es otro de los desencadenantes de un estado de frustración. Comer ya no es algo que pueda llevarse a cabo cazando al ciervo o pescando el salmón; ahora hay que pagar por un producto que antes conseguíamos a través de un gasto energético que era la caza. Trabajar para poder pagar el sustento, junto con la necesidad de un techo donde vivir, condiciona la actividad vital del hombre. Surge el tiempo de ocio, al no tener la necesidad constante de procurarse el alimento; pero, por otro lado, el trabajar para poder comer se convierte en una suerte de maldición. El ocio es lo bueno, el trabajo no es deseado. Esta diferenciación, salvo en casos concretos donde el individuo trabaja en algo que le gusta, crea una nueva sensación de tensión entre la búsqueda del placer y la necesidad de trabajar para comer. Necesidad que se acrecienta más, teniendo en cuenta que las horas de trabajo son muchas más que las de ocio.



Autor Julio Mariñas




    En lo que respecta al sexo, los niveles de creatividad y de elaboración han llegado a una gran sofisticación. La diferencia entre el hombre y el resto de los animales estriba básicamente en que el ser humano ha deslindado la actividad sexual de la actividad de procreación. Así, la hembra humana ejerce con total libertad su actividad, fuera de los periodos de ovulación. Esta escisión tan notoria con el resto de los seres vivos, propicia a todo un entramado de juegos de seducción constantes. El macho animal no acude a la hembra sólo cuando está en condiciones para concebir, sino que procura el acercamiento siempre, al igual que ella. El sexo condiciona entonces todas las relaciones de los seres humanos, hasta el punto de que las tendencias sexuales, el tipo de relaciones, se abren en un abanico complejo y difícil de descifrar hasta para el propio responsable de esta evolución, el hombre. Las señales se mezclan y distorsionan en una compleja red que invade los sueños y el subconsciente. Cierto es que los últimos estudios hablan de la actividad sexual de los monos bonobos resaltando su sexualidad fuera de estos periodos ovulatorios; no obstante, su complicidad es mínima comparada con la llevada acabo entre humanos.


Pintura de Julio Mariñas



    Así las cosas, las diferentes estructuras sociales y el nacimiento de religiones que establecen una serie de normas morales que determinan lo correcto y lo incorrecto en el marco de la sexualidad, propician una suerte de diferentes grados de represión que afectan directamente a los diversos comportamientos sexuales de los individuos. Lo que está bien o mal adquiere diversos matices que llevan al hombre a una represión consciente o inconsciente de su comportamiento sexual. La sexualidad que amplió los horizontes del humano, dándole una libertad de creación en dicha actividad, es condicionada con el consiguiente trastorno psicológico que afecta al comportamiento.
    De nuevo nos hallamos ante el hombre actual alterado por su propia evolución.

  • Alimentación elaborada – Necesidad de trabajo constante – Búsqueda del ocio
  • Sexualidad compleja – Necesidades sofisticadas y variadas de realización – Búsqueda del placer condicionado por el entorno social.

Dibujo de Julio Mariñas




miércoles, 9 de noviembre de 2011

POEMAS DEL LIBRO "EL ALMA SIN ALIENTO"




Amor,

        Navegan los barcos viejos por las rutas del olvido.

        Trazan líneas efímeras, estelas que al instante se diluyen.

        Sus cascos huelen a sal, a maroma desgarrada por el uso.

        Silenciosos rompen una y otra vez

        la eterna línea estática del horizonte.

        Velas que pintan el cielo;

        remos que, enérgicos, constantes,

        abren ínfimas grietas en las eternas aguas.
   
       Y así, una y otra vez, año tras año, siglo tras siglo.



       Amor,

       Los abisales fondos se hallan decorados

        por infinitas anclas herrumbrosas.

        Los cascarones centenarios sirven de residencia

       al coral y al pez errático.

     

 

       

          Hay montañas hundidas guardando sueños

      y volcanes que fluyen bajo las aguas.

                                                     Como vigías sin nombre,                                                  

        las gaviotas aladas surcan cielos.


       Albatros burlan espumosas olas;

       el cormorán hiende las algas verdes.

       Hay silencio en las grutas horadadas
      
       Quiebra el viento incesante en su viajar

        recios acantilados.

  

        Amor,

        los viejos barcos se van alejando

        y sus huellas las pierde la marea;

        sólo unos trozos de remos desmayados

        en arenas de solitarias playas,

        testimonian lejanas travesías,

        viajes sin retorno, almas ausentes,

        efímeros pasajes que aún laten

        en las aguas calladas de los mares

       y en su oscuridad ecos de vidas.