viernes, 25 de febrero de 2011

LA INVISIBLE LINEA ENSANGRENTADA - JULIO MARIÑAS

    Hace años que, para bien o para mal, las imágenes de guerra llegan a nuestras casas a través del televisor. Imposible no conmoverse ante la crueldad que el ser humano puede llegar a desarrollar. No es nada nuevo. Sobre la historia del hombre gravita siempre un rastro de violencia. Entre esas imágenes, han sido dos de ellas las que siempre me han impactado; más que los cuerpos destrozados o las bombas cayendo sobre las ciudades. Una es la mirada de los niños. Esos inocentes que viven la irracionalidad de sus mayores sin haber tenido tiempo de asimilar lo que es la vida; incluso sin poder discernir aún con claridad el bien del mal. Otra de las imágenes que quiebran el alma es la de los ancianos. Una mirada cansada pero firme, resignada. Unos ojos que nos están diciendo: “Yo hice mi vida creyendo en un mundo mejor, y ahora no tengo casa, ni tierra. Todo me lo han quitado”. Hay un río que baja turbio. Cada mañana al despertar podemos sentir el aliento del monstruo de la avaricia y la ambición en nuestra nuca. Vivimos sobre la pólvora que de forma silente y premeditada van echando cada día por los caminos que transitamos. Debemos de mojar esa pólvora cada jornada con versos, con melodías, con lienzos de colores, con todo el arte que podamos generar. Sólo así evitaremos que un día se prenda la mecha y estalle bajo nuestros pies llevándose nuestros sueños, nuestras ilusiones. Tenemos que desterrar algunas palabras para siempre de nuestro diccionario. Vocablos como “odio”, “rencor”, “poder”. Claro que tienen que existir los contrarios. Claro que el concepto de bien es dependiente del concepto de mal. Pero impidamos que el ruido de la guerra apague las melodías. Dentro de mi indignación, me resulta gracioso pensar que existen seres humanos que acumulan más dinero del que podrán gastar en cien años. Veo marionetas cuyos hilos maneja el rencor más profundo. Lo primero que deberían enseñar en las escuelas es ARTE en todas sus manifestaciones. Primar el sentimiento por encima de cualquier otra materia. Si los seres humanos creciésemos todos rodeados de bellas melodías, lienzos de ensoñación, poemas apasionados; la condición humana cambiaría radicalmente. No está reñida con el progreso la sensibilidad. Una distribución desigual de los recursos ha hecho que la tierra sea un lugar donde la gente en pleno siglo XXI se sigue muriendo de hambre, donde las guerras salpican el planeta, donde los intereses políticos y económicos priman por encima de la dignidad humana. Como en una espiral sin retorno la historia de la humanidad gira sobre si misma, cada vez a más velocidad. Corremos el peligro de generar un agujero negro que nos succione y nos haga desaparecer en el espacio. Esta pretendida sociedad del bienestar es una máscara para ocultar que seguimos siendo los mismos de siempre. El hombre, en un intento de olvidar su condición mortal, se escuda en falsas promesas de cambiar el mundo. No quiero que nadie me cambie el mundo. Quiero que el río siga fluyendo cristalino, que el mar acaricie mi cuerpo, que los árboles me hablen con sus frutos, que los verdes campos acojan mi cansado cuerpo después de una jornada caminando. Sólo quiero un rincón donde soñar. El monstruo de la hipocresía abre sus fauces sobre los humanos que, como en un espejismo, lo acarician pensando que es una “madre protectora”. Pero no. Es una bestia insaciable que sonríe vanidosa creyendo que la plebe somos tontos. ¿Dónde están los Derechos Humanos? ¿Dónde la libertad? ¿En que esquina dejamos olvidada nuestros sueños de juventud?  Hace muchos años que veo correr sigilosa una invisible línea ensangrentada que atraviesa silente todos los espacios de mi alma. Todos tenemos alguna gota de esa sangre. No existe jabón que pueda hacerla desaparecer completamente. Sólo una cultura plena de arte y ensoñación puede salvar el futuro de una humanidad que ha hecho de la tierra un lugar inhóspito y árido. El consuelo de un Oasis pleno de arte es, por el momento, el único lugar donde calmar la sed del creador que, cada vez más, tiene que buscar no perder la inspiración en un mundo lleno de dolor.

           Julio Mariñas en una de sus exposiciones de pintura. En la pared el cuadro titulado "La Guerra".
Foto del autor

miércoles, 23 de febrero de 2011

DE VERANOS CÁLIDOS, LITERATURAS Y PERSONAJES ILUSTRES - ESCRITO POR JULIO MARIÑAS

    Fue un largo y caluroso verano de hace ya “algunos años”. Después de subir las estrechas y empinadas calles rodeados de casas blancas y de toparnos con algún solitario “galgo corredor” de aquellos que Cervantes hace mención en las primeras líneas de su obra “Don Quijote de la Mancha”, llegamos al cerro de la Paz de Campo de Criptana para contemplar los mencionados Molinos. “Gigantes” contra los que el valeroso D. Quijote entró en “fiera y desigual batalla”. Aún doce de ellos quedaban en pie cuando en 1905 el escritor Azorín frecuentó estos lugares. Desde este cerro, bajo un sol de justicia, contemplando la planicie manchega que parece no tener fin, es muy fácil trasladarse a la acción que transcurre en el capítulo ocho del citado libro, y ver al famoso Hidalgo suspendido en el aire junto con su escuálido Rocinante, para acabar rodando maltrecho por el árido suelo del lugar. Así, como en otras de las muchas aventuras de este personaje, nos enseñó Cervantes que más vale perseguir los sueños imposibles, aunque muchas veces nos demos de bruces en el suelo, que vivir temerosos de la vida como acontecía al bueno de Sancho que, las más de las veces temblaba como una vara ante las fantasías de su señor.

    “Don Quijote de la Mancha” es, no sólo uno de los mejores libros que se han escrito, sino también uno de los más divertidos. Encierra en su interior historias de amor, ideales y realidades que, arrancándonos una sonrisa, nos pueden hacer reflexionar sobre la vida y la naturaleza del hombre.
    La sombra de Cervantes y su obra gravitan por Castilla. Desde  Venta de D. Quijote, lugar donde veló armas nuestro caballero; sin que se nos olvide pasar por El Toboso para visitar la Casa de Dulcinea, la amada del Caballero de la Triste Figura; hasta llegar a la cueva de Medrano en Argamasilla de Alba, donde el escritor estuvo cautivo.
    Fue un largo y cálido verano. Castilla parecía no tener fin. A las gentes del Norte estos paisajes se nos antojan eternos cuando los transitamos en la soledad de los meses estivales.

   Años más tarde, mi interés por la obra de Cervantes me llevó al estudio de los dos capítulos en los que cuenta con gran maestría la historia de las Bodas de Camacho. Surgió así la obra coral “Quiteria y Basilio” como homenaje al ilustre escritor y la bella historia de amor que cuenta en esta parte de su obra.
    Nació Cervantes en Alcalá de Henares. Es muy recomendable la visita a esta ciudad y, sobre todo, a su Universidad fundada por el Cardenal Cisneros, que tenía como colaborador al famoso humanista Antonio de Nebrija, cuya gramática ha llegado hasta nuestros días. Su división de la gramática en: ortografía, prosodia, etimología y sintaxis; ha perdurado hasta la Edad Moderna; además de otros conceptos.

Calderón de la Barca, Jovellanos, Lope de Vega, San Juan de la Cruz, Tirso de Molina y otros muchos ilustres de las letras han pasado desde entonces por las aulas de la Universidad de Alcalá de Henares, donde se entrega el “Premio Cervantes”.
     Podemos visitar en esta localidad la que dicen fue Casa Natal del escritor, donde un bello patio de columnas renacentistas nos da la bienvenida a una casa hidalga española del Siglo de Oro.







El Quijote, al igual que La Odisea de Homero o  algunas obras de Shakespeare, son lecturas a las que siempre uno puede volver para saborear la buena literatura, para soñar o para reflexionar sobre lo divino y lo humano

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TEXTO Y FOTOS DEL AUTOR

martes, 22 de febrero de 2011

HE AMADO


He amado las formas de tus formas,

la tibia sensación de tu cálido aliento,

el fulgor incesante del éxtasis supremo,

la intensa expresión de tu mirar salvaje.



He amado las huellas de tus pasos,

el tierno acariciar de las gráciles manos,

las invisibles huellas de lágrimas sin días,

el fruto desgajado de tu vulva lasciva.



He amado

el perfume perenne de la piel entregada,

la voz acariciante suspendida en el aire,

la herida de tu herida,

una brizna de amor desafiando al vacío.


POESÍA DE JULIO MARIÑAS

Foto del autor

Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual