jueves, 19 de mayo de 2011

EL TIEMPO DE AZUL


Foto de Julio Mariñas

    En aquel tiempo todo era mucho más sencillo. El horizonte que se abría ante nuestros ojos estaba precedido por una alfombra de mar que se vestía de un azul intenso y resplandeciente. Éramos insolentemente jóvenes. Latía en nosotros la llama que incita a los descubrimientos más audaces. Ese tiempo flota en el aire y trae aromas de verano. Puedo sentir la arena en mis juveniles pies, la inigualable sensación de sumergirse en las frías aguas de las costas gallegas. En el recuerdo hay bosques de pinos que casi besan el océano Atlántico, dunas que son escaleras a playas vírgenes. Hubo un tiempo en que cada mañana era una aventura cuya única meta consistía en buscar la felicidad del momento sin pensar en un mañana. Ese tiempo regresa a mi. La cortina que decora la ventana me invita a contemplarlo. Está hecha de mar. La corro y noto su acuoso tacto entre mis manos. Detrás de ella encuentro aquel horizonte limpio. Siento la brisa de los adolescentes años en mi rostro curtido por las horas de otras crueles realidades. Un sol de justicia abraza la habitación. Escucho las antiguas melodías de encuentros furtivos, de los cuerpos abrazados entre el bullicio de las fiestas de verano; cuando amar era un verbo fácil de conjugar. En aquellos años, las noches eran cálidas. Tanto, que nuestra osadía nos permitía correr hasta bañar por completo nuestros juveniles cuerpos en las oscuras aguas nocturnas. Bastaba la tenue luz de una farola para custodiar besos húmedos y cálidas caricias. El azul de aquellos años se torna cada vez más cálido al evocarlo en la distancia, llenándose de mil y un matices, invadiendo todos los rincones del ánimo. Nunca podremos olvidar a los que contemplaron ese mar junto a nosotros. El tiempo de la verdad se rinde ante nuestros ojos. Entonces no pensábamos en el pasado, porque apenas existía y estaba demasiado próximo. Tampoco pensábamos en el futuro, porque era algo muy lejano y ajeno a nuestras vivencias. El tiempo se medía por una mirada, una sonrisa, un encuentro, un adiós. Era el tiempo de azul. Nunca hemos tenido el cielo tan cerca como en los años dorados. Nunca hemos penetrado tanto en el inmenso mar como en la loca juventud. Hoy, los sueños se deslizan con parsimonia entre las paredes cargadas de recuerdos. Cuelgan de ellas, invisibles para los demás pero muy  visibles para nosotros, todos aquellos rostros de las personas con las que reímos, a las que amamos, con las que compartimos el tiempo del despertar. Un tiempo azul, transparente, sin grietas en el alma. Los sueños caían desbocados por el abismo de las horas que fluían sin que nosotros nos percatásemos de ello. Pero pasó. En ocasiones, aquel mar nítido se enturbiaba adquiriendo tonos verdosos y grises. El cielo limpio se oscurecía y ensombrecía el ambiente. Poco a poco, el tiempo de azul de fue diluyendo en la cruda realidad de los años que avanzaron sin piedad. Dejamos en el camino amores queridos, amores no correspondidos, amigos de aventuras, gentes que salpicaron nuestra existencia con pequeñas pinceladas. De todas las hermosas batallas de juventud, conservo las cicatrices que hablan de cuanto amé la vida en aquellos años. A veces, alguna de esas heridas supura ligeramente. La observo, y compruebo que es azul el líquido que desprenden. Miro el rostro en el espejo y la mirada me dice que soy un superviviente de un tiempo maravilloso. El mar se abre ante mí como entonces; poderoso, radiante, pleno de azul. Sobre el flotan todas aquellas personas que compartieron los sueños, el hambre de amar y todas las ilusiones que se han diluido para siempre en el azul de las horas.


Foto de Julio Mariñas



martes, 17 de mayo de 2011

TRES MUJERES GALLEGAS DEL SIGLO XIX


Foto de Julio Mariñas

    Nacieron en el siglo XIX, pero no hubiesen desentonado en el siglo XXI, porque las tres fueron, además de excelentes escritoras, unas rompedoras en su época. Cada una a su manera.
Emilia Pardo Bazán nació en Coruña en el año 1851. Novelista, ensayista y mujer de carácter. Sus artículos reunidos bajo el título de Una cuestión palpitante la convirtieron en una de las principales impulsoras del naturalismo. El escándalo que causo, hizo que su marido le exigiese que dejase la escritura y se retractase públicamente de sus letras. Lejos de hacerlo, dos años después, se separa de él, e inicia una relación con otro escritor cercano al naturalismo, Benito Pérez Galdós. En 1892 funda y dirige la publicación La Biblioteca de la mujer. En los Congresos denuncia la desigualdad entre hombres y mujeres. Además de proponer a Concepción Arenal para la Real Academia de la Lengua Española.
    Concepción Arenal nace en Ferrol en 1820. Entra como oyente en la Facultad Central de Madrid (hoy la Complutense) vistiendo ropas de hombre, ya que la educación universitaria estaba vedada a las mujeres. Participaba en tertulias literarias y políticas, luchando por la condición de la mujer. Será la primera mujer premiada por la Academia de Ciencias Morales y Políticas; y la primera en recibir el título de Visitadora de Cárceles de Mujeres. Luchadora en todo tipo de causas sociales, con ella nace el Feminismo en España.
    Rosalía de Castro nace en Santiago de Compostela 1837. Junto a  Eduardo Pondal y Curros Enríquez, es una de las figuras emblemáticas del Rexurdimento gallego. Su obra Cantares Gallegos esta considerada la primera gran obra de la literatura gallega contemporánea, Se acabó convirtiendo en símbolo del pueblo gallego  Rosalía es considerada junto con Gustavo Adolfo Bécquer, como la precursora de la poesía española moderna.
    Este es el poderoso triunvirato femenino que tenemos los gallegos. Unas mujeres que, si bien la historia ha hecho justicia; convienen ser recordadas y citadas con más frecuencia, ya que sus trayectorias vitales y literarias han sido la simiente para la realización de posteriores cambios de la mujer en el mundo artístico y social en España.

“El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído”.
Concepción Arenal


Monumento a Rosalia de Castro en Padrón.
Hermosa estampa otoñal del paseo custodiado por los plátanos sin hoja.
Foto de Julio Mariñas.

sábado, 14 de mayo de 2011

DE SÉNECA AL SIBHG

"Lo importante no es vivir mucho, sino vivir bien"; decía el filósofo cordobés Séneca. Y no andaba desencaminado el hombre. Lo malo es que  no le hemos hecho demasiado caso; ni en esto, ni en otras muchas cosas. El ser humano ha invertido gran parte de sus esfuerzos en ampliar su esperanza de vida. Paralelo a ese intento, ha creado una "sociedad del bienestar" que intenta obsequiarnos con una "Vejez digna". El problema está en un pequeño matiz. ¿Qué es el bienestar? ¿Qué es la dignidad? Casi hay una percepción diferente en cada ser humano para estos dos conceptos. Así las cosas, parece flotar en el aire de los países desarrollados el slogan "Aspire usted a una larga vida y consuma los productos que para su bienestar hemos elaborado". Me pregunto entonces ¿En la época de Séneca, al igual que en otras de la antiguedad, las gentes eran unos infelices que desconocían las palabras mágicas? No sé muy bien en que momento empieza. Lo más probable es que haya sido algo progresivo. Lo cierto es que el homo sapiens comienza a montar este follón el día que considera que no puede ser feliz teniendo cubiertas sus necesidades básicas conocidas por todos. La alimentación, el sueño y el sexo. Es entonces cuando, queriendo o sin querer, comienza progresivamente a enfocar su vida como si fuese a vivir siempre. Ironías de la vida; al correr de los años, esa sociedad que ha generado, provoca alteraciones justo en las necesidades básicas. La alimentación (anorexia o bulimia) El sueño (insomnio) El sexo (Impotencia, anorgasmia o falta de deseo) Los casos se multiplican, las consultas del psicólogo se llenan, los hospitales se saturan. Los medicamentos se convierten en el remedio para la mayoría de las patologías. A estas alturas, con este panorama, aún seguimos convencidos de estar viviendo un progreso que nos hace más sanos y longevos. El hombre actual, olvidándose de otra de las sentencias de Séneca, "Hagas los que hagas, recuerda que eres mortal", vive como si no fuese a morir nunca. Generalmente no pasea o corre por el campo para sentirse vivo y disfrutar con la naturaleza. Sale de su coche y se encierra en un gimnasio, después regresar de nuevo a la vorágine de la metrópolis. De acuerdo a un modelo impuesto socialmente, muchas personas hacen ciertas cosas para conseguir una imagen y unas metas preestablecidas por el sistema. Los varemos son iguales para todos. Lo que es bueno es bueno para todos; lo que es malo es malo para todos. Es la unificación de sistema. Se instaura un pensamiento único. Todo lo que se desvíe mínimamente de él, es nocivo y debe ser erradicado. Pensamos que el Gran Hermano de 1984 de Georges Orwell nos toca lejos; pero, a poco que reflexionemos, podemos sentir el aliento del SIBHG " Sistema Inflexible de Bienestar Humano Global " en nuestro cogote. En aras del bienestar surgen las prohibiciones por doquier. "Usted es libre; pero caminará por unos lugares llamados aceras sin correr ni salirse de ellas, beberá alcohol cuando no coja el coche (es decir, nunca, porque es practicamente imposible ir de un sitio a otro en las ciudades sin coche) fumará donde no esté prohibido (es decir, en la propia casa con un poco de suerte, si no se molesta el vecino) Un poco de colesterol o la tensión ligeramente alta, desencadenará una serie de restricciones alimenticias para su mayor seguridad (En pos de una larga vida, nos privarán de los más sabrosos manjares) Si tiene usted antecedentes en la familia de enfermedades cardiovasculares, cáncer u otras patologías posibles de prevenir, comenzará a someterse a diversas pruebas a fin de estar controlado (Previniendo, pasamos la vida temiendo) Usted es libre; pero nosotros le subiremos los impuestos y crearemos otros impuestos para que se sienta un buen contribuyente (El sujeto es esclavo de una economía que lo obliga a vivir para trabajar) Usted es libre; pero no diga lo que piensa sino lo que es politicamente correcto, para que los demás tengan un buen concepto de usted". Podría seguir y seguir; pero creo que con esto ya tenemos bastante. Tenemos un ser humano perfectamente controlado. Hemos hecho que su motivación diaria sea acudir al trabajo para poder subsistir y afrontar los gastos sociales. En su habitat, la ciudad, vaya en coche o a pie, tendrá que ceñirse a unas normas muy concretas. En los momentos de ocio colectivo, cuando salga de su casa, no podrá beber ni fumar. Además,  tanto en esos instantes, como los que pase con su familia, mirará muy bien su dieta, privándose de muchas cosas dañinas, que se venden, pero son malas. ¡Que curioso! El individuo ha sido anulado en sus funciones de pensamiento esenciales   y entra en un entramado social que, sin darse cuenta, lo aleja de su condición de ser humano. Se produce entonces un fenómeno de deshumanización que nos deja completamente indefensos ante un sistema paternalista que intenta crear un sentido de culpabilidad en todo aquel que se aparte de la norma. Lo importante es no dar tiempo para pensar. La televisión, salvo contadas excepciones, es un buen modo de adoctrinar a la gente con mensajes subliminales y, a la vez, mantenernos entretenidos con elementos de consumo fáciles que atrofien la parte filosófica del individuo para hacerlo más manejable. Muy recomendable hacer una selección minuciosa de los contenidos. Sobre todo para los más jóvenes. Porque es en los niños donde está el problema. Ellos no han conocido otra cosa. Los que tenemos una edad podemos decir aquello de Séneca "Puede arrebatársenos el tener; pero nunca el haber tenido". Pero los niños no conocen otra cosa más que la sociedad en que viven y lo que nosotros podamos enseñarles. No estoy intentando decir eso de que "cualquier tiempo pasado fue mejor". Que los sistemas han querido siempre captar y adoctrinar al individuo. Cierto. Pero nunca con tanta hipocresía. Esto es lo que considero lo grave del asunto. "Usted es libre. Tiene derechos y obligaciones". Muy bien. Para empezar, si tengo cualquiera de las dos cosas ya no soy libre. Si estoy obligado, logicamente no soy libre; y si tengo derechos, como nadie da algo por nada, estoy obligado. No obstante, voy a aceptar que soy libre teniendo derechos y obligaciones. La clave está en que cada vez son más las obligaciones que tenemos para poder mantener esos derechos que cada vez son menos. Resultado. Alguien se está riendo en nuestra cara y no sé muy bien quién es. O no quiero saber quienes son. No hay nada peor que unos mentirosos se acaben creyendo sus propias mentiras. La plebe nos enzarzamos en discusiones sobre lo que es politicamente correcto. Unos dicen esto si, otros dicen esto no.  Y, mientras los ciudadanos se pelean, "Los de arriba" se frotan las manos. La sociedad se ha vuelto tan intolerante, que mucha gente no dice lo que piensa por temor a lo politicamente correcto. En todo este barullo, cada vez más difícil de asimilar; la palabra que se puede ver en la bandera del SIBHG (Sistema Inflexible de Bienestar Humano Global) es PROHIBIR. Alrededor de este vocablo gira el drama hipócrita y triste que estamos viviendo. Por los demás, como en el principio, el hombre sigue haciendo la guerra. Pero las guerras empiezan, acaban, vuelven a empezar... Sin embargo, este SIBHG que hemos originado es permanente y no tiene visos de cambiar. Además, ataca a la esencia misma del ser humano; el pensamiento. Sólo resta finalizar citando de nuevo a Séneca en unas palabras que pueden ser de esperanza o, no hay porque definirlas, simplemente una verdad (algo tan escaso hoy en día)     "Si eres sabio, atemperarás una cosa con otra: ni esperarás sin desconfianza ni desconfiarás sin esperanza". ¡Si Séneca levantara la cabeza!

Foto de Julio Mariñas


domingo, 8 de mayo de 2011

CITAS



Llamarán para llevarnos a no sé donde;
Más allá de la línea que trazaron nuestros sueños.
Cualquier día, de cualquier tarde, de cualquier noche,
A cualquier hora, llamarán.
(Julio Mariñas)

Fotografía de Julio Mariñas

CITAS


Que no somos más que espuma desprendida de las olas.
Que los hombres somos sombras de las sombras que dejamos.
Y hoy, que el tiempo acaso ya no sea
Un noble espejismo de otros días,
Evoco con nostalgia largas horas,
Sombras que antaño irradiaban vida.
(Julio Mariñas)

Fotografía de Julio Mariñas

CITAS


Eso fuimos tú y yo por un instante
En que la luz cegó a las tinieblas,
Dos vagabundos, dos seres errantes,
Apenas dos fantasmas en la niebla.
(Julio Mariñas)

Fotografía de Julio Mariñas

CITAS

¿En que patria descansan ya vencidas
las cenizas de antiguos sentimientos?
 Ni dios ni patria mecen nuestros sueños.
 Somos recuerdo dentro de un recuerdo.
(Julio Mariñas)
Fotografía de Julio Mariñas

viernes, 6 de mayo de 2011

EL ÁNGEL CAÍDO

Añadir leyenda
Después de más de veinte años he vuelto a encontrarme con el evocador e impactante Monumento del Ángel Caído situado en los Jardines del Retiro. Entonces pasaba unas vacaciones de verano en Madrid y todas las tardes recorría los Jardines en bicicleta. En aquel tiempo desconocía la existencia de la estatua. Era una tarde veraniega que amenazaba tormenta. A cada pedalada, el cielo iba oscureciéndose más. Unas nubes negras se cernían sobre el Parque del Retiro. Entonces contemplé por primera vez la silueta del monumento recortándose en un cielo gris y amenazante.
    Ahora, muchos años después, en un día menos oscuro, pero en el que también el sol se veía apagado por algunas nubes, he vuelto para contemplar la fascinante y bella estatua del Ángel Caído en la que se aúnan el helenismo de Laocoonte y sus hijos, la expresividad barroca de Bernini y el dramatismo  romántico. La obra que Ricardo Bellver realizó en el siglo XIX inspirándose en unos versos de El paraíso perdido de John Milton, sigue teniendo un poder de evocación insuperable. Porque todos hemos sido alguna vez ese Ángel Caído. Bellos alados plenos de juventud. Un paraíso del que tarde o temprano acabamos siendo expulsados. Pero la estatua sigue conservando su belleza. En una caída eterna, el pelo al viento y con un grito mudo, mira al cielo inmenso.


Muchas noches he podido escuchar esas ráfagas que mueven su cabellera y traen el eco de agónicos lamentos que claman justicia, oír el grito penetrante de quien ha sido desterrado para siempre de las cosas hermosas que ha vivido. Tal vez eso es, sin saberlo, el ser humano; un Ángel Caído que alberga en su interior la nostalgia de un Paraíso Perdido que, tal vez, en algún momento de su historia conoció y disfrutó. Acaso la niñez diluida en los juguetes que nunca más volvieron. Puede que la juventud ardiente, ebria de placeres, loco jinete que cabalgó los verdes prados y los bosques ignotos. La estatua sigue ahí. Han pasado más de veinte años. Es cierto lo que dice el tango “Es un soplo la vida”. Pero no es tan cierto que “Veinte años no es nada”. Me he preguntado que ha quedado de aquel joven que recorría en bicicleta un Retiro desierto en agosto, mientras la mayoría de Madrid dormía la siesta o estaba de vacaciones. No lo sé muy bien. Pero el Ángel Caído sigue en la misma posición que entonces. Sus bellas formas desafían al tiempo, en un gesto agónico pleno de belleza y majestuosidad.
 Fotos de Julio Mariñas