martes, 28 de febrero de 2012

UN CUENTO DE BUENOS Y MALOS

    
   

   Es madrugada. Los noctámbulos hablamos con el silencio que siempre invita a meditar y dice cosas muy interesantes. Ahora me está contando un cuento muy divertido, de no ser por lo triste de su fondo. Ocurrió en un lugar próspero donde las gentes vivían felices porque apenas si había hombres armados asaltadores de bancos. Tan felices eran, que no se percataron que, en las mismas entrañas de sus ciudades, existían ladrones sigilosos, sin armas de fuego intimidatorias. La violencia no hacía acto de presencia y los ciudadanos vivían su felicidad ficticia. Pero algo estaba minando los cimientos de un bienestar que parecía no peligrar en absoluto. Los forajidos del siglo XXI, no llevaban barba de una semana, ni invadían las calles con monturas espumeantes. Eran los profesionales de la hipocresía, la falsedad y poseedores de una falta de escrúpulos nunca vista. Por obtener el botín pasaron por encima de los cadáveres de todos aquellos que se creían vivos y felices; los que sin saberlo tenían firmada su sentencia de muerte en vida. Es un cuento del cual no sé el final. Me gustaría creer que tendrá un final feliz; pero voy siendo algo mayor para creer en esos finales donde los buenos ganan a los malos. Además ¿quiénes son los malos y los buenos? La oscuridad de la noche es como un paraíso de silencio y verdad. Allí donde uno se encuentra con su sombra más real, con la sombra de todo aquello que un día tuvo y perdió. Es madrugada. La noche me ha dado todo aquello que los días de sol ocultaron. El único reducto de libertad que no pueden profanar los oradores con sus huecas palabras de esperanza, mientras en sus bolsillos ya no cogen más fajos de billetes. Si fuese el hombre más rico y poderoso de la tierra, les entregaría toda mi fortuna y les compraría un hermoso planeta de atmósfera respirable; para que dejasen vivir en paz a los sufridores de la tierra. Esos que se conforman con un pequeño techo, un trozo de pan y una mano amiga; y se ríen de los sueños de grandeza de los poderosos. La soberbia de los poderosos hace más grande mi convicción de lo feliz que soy porque sé que jamás seré como ellos. Es madrugada. No hay mejor amigo que el silencio. No cuesta nada y te dice mucho de la pequeñez de aquellos que se creen dueños de algo. Los mismos que piensan que todo se compra con un maletín repleto de billetes. Si pudiesen, nos quitarían la capacidad de sentir. Pero no lo han intentado aún, porque no saben lo que es eso. Es madrugada y, aunque me cueste creerlo, pertenezco a la misma especie que los forajidos del siglo XXI. Pero, me queda el orgullo de no ser como ellos.

viernes, 24 de febrero de 2012

VENTANA HACIA LOS SUEÑOS




He soñado noches sin cadenas, carreteras de asfalto derretido por el calor de cuerpos que se esperan al final de parajes desolados, caminos que acababan allí donde empiezan las miradas que se aferran a lo prohibido.
En la ventana de un febrero de 2012 observo el horizonte que reposa, limpio como esos sueños tan falsos, tan imaginarios, como que no fueron sombras de lo onírico, sino realidades en la juventud perdida en otros ventanales de hoteles sin nombre, en lechos sin contratos de "te amos" ni "te odios", en todo lo que di y me dieron. Ruinas florecidas del pasado más bello y exultante.     

lunes, 20 de febrero de 2012

LOS PREMIOS GOYA 2012 - AMAR EL CINE

   Ayer fue la noche de la XXVI edición de los Premios Goya 2012. Soy un amante del cine. A veces quisiera no amarlo tanto. Tengo que confesar que no voy a las salas con la asiduidad que quisiera. El motivo es también que, en la ciudad donde vivo no hay una oferta amplia como en Madrid o Barcelona, y las películas no están tanto tiempo en cartel  como fuera deseable ni con la flexibilidad de horarios necesaria. Es en estos casos el dvd el sustituto menos doloroso. Vigo fue una ciudad con grandes cines.  Tantos que, nombrarlos todos, harían este artículo demasiado largo. En una ciudad entonces muy pequeña como era Vigo –hoy desarrollada de modo brutal, pero eso es otra historia- además de cines como el Fraga (desaparecido como cine) el Vigo (cerrado y en estado ruinoso en su interior) el Tamberlick (que hicieron desaparecer sin compasión) –Otro día hablaré de estos desatinos contra la cultura- además de estos y otros cines desaparecidos a favor de los centros comerciales, teníamos unos cines de barrio que llenaron nuestra niñez y adolescencia de aventuras, pasión y sueños. En el calvario fueron el Avenida y el Palermo. Todo un acierto el decorado de la noche de los Goya que, a los que hemos conocido esos cines de antaño, nos hizo retrotraernos a una época de nostalgia y ensueño. Como apasionado amante del cine, considero que hay tres etapas básicas en la relación que el espectador establece con una película. Una primera donde recibe la noticia de un nuevo estreno que capta su atención. Una segunda en la que se dispone a entrar en la sala de cine y contempla la pantalla. (Es decir “Ir al cine”) Y una tercera que es la que transcurre desde que sale del cine hasta que la película se va asentando en la mente y el corazón del espectador. En la primera etapa, el factor de propaganda y difusión de publicidad de la nueva película es fundamental. También los conocimientos cinematográficos del espectador para poder discernir y elegir, sabiendo que no siempre lo más publicitado es lo mejor (pero la publicidad es necesaria) En la segunda etapa siempre decido contemplar la película con la visión más amplia posible, en todo su concepto cinematográfico y artístico. Finalmente, en la tercera etapa, uno sale del cine y todas las imágenes, los sonidos, las miradas, los rostros, las palabras que ha escuchado en la sala; van tomando vida en la mente y empieza la verdadera consolidación de la relación entre la película que he visto y mi esencia más íntima. Así, algunas películas van diluyéndose en el vacío, otras que nos han impactado en nuestra niñez o adolescencia aguantan muy mal el paso del tiempo y son sólo un recuerdo en nuestra videoteca, y otras quedan grabadas a fuego en nosotros en un inexplicable juego de seducción.  


    Cuando estrenaron “No habrá paz para los malvados” fui al cine y contemplé la película. Sé que tendré que esperar tal vez años para saber el lugar que ocupa en mi vida; pero hoy puedo decir que es una de esas películas que, no sólo penetran en el rincón oscuro del alma del espectador, sino que tiene todos los ingredientes para perdurar en la memoria. Tal vez sea necesario tener una edad física y mental suficiente para empaparse de este antihéroe llamado Santos Trinidad -interpretado por un José Coronado en el mejor momento de forma después de ir creciendo cada día más como actor- y asimilar toda una puesta en escena que nos demuestra lo que muchos ya sabíamos. La mayoría de las veces, los hombres que dan su vida por una causa, no son unos tipos acicalados y de correctos modales que caen bien a las suegras y a los vecinos. A veces, el alma de los seres humanos no tiene nada que ver con sus sucias melenas, lo mucho que fuman y lo poco que hablan. Es decir, a veces, el mundo no es como nos quieren hacer creer; sino mucho más complejo. Como complejo es el cine. Los que amamos las películas, sabemos que es cierto todo lo que se dice de él. Que detrás de una película hay muchas personas.  Enrique Urbizu ha escrito un guión fabuloso junto con Michel Gaztambide. Películas como “No habrá paz para los malvados” nos hacen sentirnos a la altura del mejor cine de nuestros vecinos europeos y el, a veces, también buen cine americano. Porque, al final, el arte con mayúsculas no es español, americano o chino. Es simplemente arte. No voy a emprender la tediosa tarea de nombrar a todas las películas, actores y demás; pero he de decir que la noche de ayer demostró la calidad que atesora nuestro cine. Una calidad que por otra parte siempre ha tenido en lo que se refiere a creadores (entiéndase por creadores directores, actores, guionistas y las demás personas vinculadas a este arte) Lo único que sucede, como lamentablemente todo en la vida; es que el cine necesita medios económicos para poder desarrollar sus altas cotas de creatividad y mantenerlas en el tiempo. Esa es la única verdad. España ha sido el germen de grandes figuras en todo lo relacionado con el arte. Pero, lamentablemente, los que han tenido el poder en sus manos, nunca se han volcado lo suficiente en promover a los creadores que, al final, somos los que hacemos que el mundo sea algo más que una fría lista de cifras bursátiles y una lucha por cosas materiales que nunca podremos llevar a la tumba. Ayer disfruté con la gala, como siempre. Eché en falta algunas caras conocidas, pero me gusta ver a esas actrices y actores que, aunque ellos no lo sepan, son como unos amigos que te deleitan con sus ocurrencias interpretativas. También quiero decir algo muy importante. Para los que amamos el cine de verdad, no existe el término actores secundarios (aunque sean de lujo) Los actores, podrán gustar más o menos, ser más altos o más bajos, son todos actores sin apellidos. Pertenezco probablemente a la última generación de los que nos hicimos mayores en los cines de barrio de nuestra ciudad. El rastro que han dejado muchas películas en nuestro corazón nos ha hecho, no sé si mejores ni peores, pero si partícipes de este arte que ha conseguido aglutinar en él todas las artes. Como escritor y compositor, lo bueno o malo que pueda tener mi obra, se lo debo en gran parte al cine que he visto a lo largo de mi vida. Con él, antes de poder viajar por mí cuenta, fui a los lugares más bellos y siniestros, a las ciudades más mágicas y decadentes. Pero, sobre todo, conocí a miles y miles de personas que llenaron mi alma de innumerables imágenes para la eternidad. En mi casa guardo como un tesoro cientos de películas, libros y música. Es lo único material que  salvaría de un naufragio. Volveré una y otra vez a soñar con el cine y espero que siga haciéndome sentir que el arte nunca morirá gracias a él.








miércoles, 15 de febrero de 2012

LA BELLEZA

Hace muchos, muchos años,
Existió una cosa llamada belleza.
Delicada, extendía su halo
Por la superficie terrestre.

Del hombre eterna compañera,
Deleitaba su espíritu
Y acariciaba su corazón
Con callada quietud.

Pero ese mismo hombre
Que tantas cosas le debía;
El arte, el amor, la naturaleza;
Cosas que no existirían sin ella,
Destruyó su radiante esplendor.

La belleza fue extinguiéndose irremisiblemente,
Callada ante el sufrimiento,
Se retiró en silencio,
Como los grandes hombres;
Sin medallas ni honores,
Humilde en su grandiosidad.

Hoy, nadie cree ya en su existencia,
Pero ella duerme en el alma del poeta,
En el trazo del pincel
Y en la invisible barrera
Que nos separa del más allá.



 inscrito en el 
Registro de la Propiedad Intelectual.
 

CONOCÍ A UN SER LLAMADO HOMBRE

Conocí a un ser llamado hombre
Arcaico y primitivo, poblaba la tierra.
Rodeado de plantas y animales,
Creyose rey indiscutible del vergel que disfrutaba.

Conocí a un ser llamado hombre;
Sexual e instintivo, inconceptual,
Ajeno al tiempo y sus variantes;
Sabedor de los ciclos lunares.

La tierra sabia insinuaba sus frutos,
Mientras, el hombre conocido,
Libaba su savia.

El hombre que conocí
Era, único, real, intransferible;
Lloraba y reía acompasadamente
Al ritmo de la música estelar.

Hoy, el hombre que conocí,
Es una tediosa caricatura,
Espejismo dudoso e incongruente
De la cerrada  realidad.

Estático reposa en la empañada vitrina
De lo que pudo haber sido y no fue.
Llora y ríe, pero ya nadie le escucha.

Conocí a un ser llamado hombre que,
A fuerza de disimular su imagen,
Perdió identidad y crédito.

Hoy es un rey con corona de hojalata,
un verso incongruente
En boca del poeta fingido,
Un “aquello que se fue”

El hombre que conocí
Dice reírse y no tiene labios,
Dice sentir y no tiene corazón,
Dice amar y es el odio personificado.

Conocí a un hombre,
El mismo que hoy vaga taciturno
Porque su cuerpo es de asfalto
y su alma ácida y finita.





 
 inscrito en el
Registro de la Propiedad Intelectual.

DICTA, ERIGE, CONFIESA


Dicta:
Leyes que opriman a los hombres.
Mandatos que anulen voluntades.
Deberes que nieguen las quimeras.

Erige:
Ciudades que rompan las praderas.
Templos de dioses terrenales.
Ídolos de barro y blanda cera.

Confiesa:
Que no tienes más Dios que las riquezas.
Que no hay más amor que el de ti mismo.
Que los gusanos comerán tu “alma”
mientras que mi jardín ha florecido.


 
 inscrito en el
Registro de la Propiedad Intelectual.


martes, 14 de febrero de 2012

EL HOMBRE Y EL SABIO

El hombre lloraba desconsoladamente,
y el sabio decía:
"Conserva siempre el sentido del humor".

El hombre yacía extenuado y solo,
y el sabio decía:
"Conserva siempre el sentido del amor".

El hombre reía desaforadamente,
y el sabio decía:
"Se prudente en tu risa y tranquilo en tu llanto".

El hombre apuraba los placeres materiales,
y el sabio decía:
"Que el placer llene tus sentidos, no tu cubierta exterior".

El hombre reía, lloraba, gozaba y yacía,
y el sabio decía:
"Dichoso tú que pasas por la vida
siendo la sombra de un ser que jamás conocerás;
condenada tu alma
al debatirse dolorosa en un cuerpo que le es ajeno".

El hombre moría,
y el sabio contemplaba el mar, el cielo y los campos,
sintiéndose acompañado,
porque era eterno como ellos.

Mientras el hombre se pudría,
el sabio volaba, volaba, volaba...







 
inscrito en el
Registro de la Propiedad Intelectual.

ARDIÓ LA CIUDAD

Y ardió la ciudad
para nacer de nuevo un sol
que despejase las brumas,
y de sus cenizas
surgió la negra noche
de eterna luna llena.

Ardió la ciudad
y con ella, el hambre y la miseria,
la necesidad de riqueza y la materia,
el odio y la opresión,
lo banal y lo culpable.

Ardió porque era un avispero de inmundicias,
una cueva de ladrones,
un becerro de cemento y asfalto.

Y al final
sólo quedó lo creado.




 
inscrito en el
Registro de la Propiedad Intelectual.

EN MI TUMBA

Era media noche y, al doblar la esquina,
se me perdió la mirada
en la silenciosa oscuridad
de aquella solitaria y triste callejuela.
Luego pude volver para contarlo;
pero estabais todos tan distantes,
como reprochándome el haber estado ausente.

Cerré mis puertas para no percibir
el incrédulo brillo de vuestras miradas,
para no escuchar
las estridentes carcajadas de las gentes.
Y me sentí derrotado
por los humanos órdenes preestablecidos
mucho antes de mi llegada a esta tierra.
Y en mi cárcel de soledades pensé:
¿Por qué nadie me ha consultado?

Renegué entonces de las costumbres aprendidas,
de las frases preparadas
y de mi y de ti cuando aún éramos.

Me sentí único e intransferible,
amante desdichado
de recuerdos tristementes maravillosos.

Pasó algún tiempo;
Pasó algún, no sé si mucho o poco,
de eso que los hombres llaman tiempo.
En ocasiones abríais la puerta,
pero aquella luz exterior me molestaba.

Sólo cuando fue el momento os recibí,
pedí que me recibierais,
abrazé a mis seres queridos,
a los amores pasados
y saludé al mundo desde mi humilde,
insignificante e infranqueable
atalaya de sueños.

Cuando llegue el día que sea historia
sé que no habrá más lloros ni llantos
de los que recibieron otros tantos.

A las cenizas de la cruel memoria
dejaré un verso escrito:¡VICTORIA!
Será el mensaje para cuantos
en la vida terrena hicieron cantos
pasando junto a mi días de gloria,
momentos de intimidad callada,
los delirios de amor, crueles excesos,
con esas que besé a la madrugada;
irá el mejor mensaje para ellos
cuando mi historia yazca reposada
y nadie ya en mi tumba ponga besos.





 inscrito en el
Registro de la Propiedad Intelectual.

viernes, 10 de febrero de 2012

LOS NIÑOS Y EL MUNDO

   Veo un mar extenso. Infinito en su fría máscara invernal. Somos viejos amigos, porque él, que es sabio, me ha contado siempre historias que al final han acabado siendo realidad. Cuando su espuma besa las arenas de la playa suavemente o cuando sus olas rompen sobre los acantilados del alma; siempre ha sabido escuchar y también decir las cosas importantes. Esas que no pueden expresarse con palabras. Las que arañan las paredes del alma y quiebran los cimientos del ánimo en las convulsas noches de inviernos aciagos, nacidos de los abismos donde se agitan los fuegos de la duda. Observo el mundo. Lo veo desde mi insignificante posición de humilde siervo de la música y la literatura. Sólo el arte me ha hecho olvidar la cara más terrible del ser humano, el frontal más rotundo de mi propio “yo” soberbio de inconsciencia. Palabras, palabras; todo son palabras. Mientras, el pobre sigue siendo pobre, el rico sigue siendo rico. Los niños claman justicia humana desde sus ojos aterrados y sus vientres hinchados por la desnutrición. Veo hombres y mujeres bien vestidos, como mandan las reglas del juego social. Desde su posición de eternos salvadores me hablan de políticas, economías, progresos y otras palabras huecas. Pero yo, que nunca los he escuchado demasiado, y ahora los escucho muchos menos; sólo siento tristeza y desencanto. No es por este o aquel otro sistema en los que nunca creí. Sino porque con el coste de sus cumbres mágicas, de sus campañas radiantes, de sus encuentros y desencuentros, muchos inocentes podrían salir de la pobreza y una mísera existencia. Los que ya hemos vivido, con nuestra actividad o pasividad, podemos ser merecedores de lo que tenemos. Pero los indefensos niños que no han conocido más verdad que una tierra yerma y el dolor de una madre desgarrada por no tener que darle en alimento, ellos no tienen culpa ni merecen el castigo de la estupidez humana. Las palabras ya no llegan para describir el mundo que hemos creado. En algún momento se temió por un 1984 o Un Mundo Feliz. Eso no es nada. Aquellas sociedades imaginadas por Orwell o Huxley, al menos no ocultaban su rostro bajo palabras hipócritas y vacías. Nos han hecho creer que teníamos voz, nos han hecho creer que teníamos poder de decisión. Se han reído de nosotros desde hace mucho. Tal vez sea culpable por no haber creído nunca en ellos; tal vez lo sea por creer que, detrás de la bondad humana se oculta el rostro de la bestia. Su aliento resopla en mi nuca cada vez que observo lo que hemos hecho con un planeta de infinita riqueza. El paraíso siempre estuvo aquí. Intentando buscarlo en otra parte, practicando una doble moral, el hombre lo ha convertido en una tierra de sueños rotos, de paisajes ajados, sepulcros de cuerpos sin descanso. Pero tal vez esté equivocado. Acaso sea un sueño y mañana despertaré a otro lugar, donde ver nacer y morir el sol, escuchar el mar o simplemente acariciar el rostro de un ser querido sea lo único importante. Lejos de bolsas, lejos de leyes, lejos de todo lo podrido. Porque es posible que no exista nada de lo expuesto en estas líneas. Todos esos hombres y mujeres son “tan sabios” que arrastran a muchos en su infinita carroza de vanidades. Y qué soy yo. Sólo un solitario escritor desencantado.


Foto Julio Mariñas


viernes, 3 de febrero de 2012

CHARLES AZNAVOUR – LA VOZ DEL ALMA

    Se apagan las luces, L´Olympia enmudece, y sale a escena Charles Aznavour. Entonces comienza a interpretar una de las cientos de canciones a las que ha dado forma a lo largo de una carrera que comenzó el mismo día en que nació el 22 de mayo de 1924 en el  6º arrondissement, en Montparnasse, París. Porque, este mago del escenario, respiró el aire de la interpretación desde sus inicios y supo cultivar su voz y su talento innato hasta extremos insospechados. El pasado mes de septiembre de 2011 se hizo realidad uno de esos sueños que uno piensa jamás pueden materializarse. Estaba escuchando en directo al artista que tantas veces en mi casa había oído una y otra vez en esa colección de sus obras completas que conservo como un tesoro. Y pude comprobar que los grandes no tienen edad, que cuando Aznavour sube al escenario con sus 87 años de vivencias, ha conseguido que su voz adquiera la profundidad, el matiz, el timbre exacto para transmitir al auditorio las bellas canciones que han acompañado a muchas generaciones  y volcar en sus interpretaciones toda la experiencia de una vida plena. La mirada serena, viva y acogedora, se diría que canta para cada uno de los asistentes al concierto y para el universo entero a la vez. Entonces vuela mi mente y recuerdo al personaje interpretado magistralmente por Aznavour en 1960 de la película de François Truffaut  “Tirez sur le pianiste”.  Recuerdo la primera vez que llegué a casa con apenas 15 años después de un desengaño amoroso y sonaba en la radio “C'est fini”. Entonces no lo sabía, pero las canciones de Aznavour acompañarían mi vida y, en muchas ocasiones, contarían cosas íntimas y reconocibles con las que me sentiría identificado.







    Charles Aznavour ha conseguido fundir como nadie la música, la letra y la escenificación en sus canciones. Cada una de ellas es un relato que nos traslada a un momento de nuestra vida. Como muy pocos crooners de la historia de la música, ha combinado  feeling, swing y dicción de una manera prodigiosa. Porque el éxito de Charles Aznavour no sólo radica en la belleza de sus canciones, sino en esa fuerza expresiva que llena el escenario y envuelve al público transportándolo al tiempo del amor, del desamor, de la juventud, del desenfreno, de la nostalgia, del ahora. Todo en Charles Aznavour es verdad. En cada sílaba pronunciada, en cada nota emitida, hay sinceridad. Eso es lo que ha hecho de su carrera una sucesión de triunfos y de su figura un emblema para la historia de la música. Hace años que le dediqué mi obra sinfónica “Cómo olvidar París” en agradecimiento a esas todas emociones que me ha hecho sentir y todo lo que he aprendido a la hora de cantar escuchando sus interpretaciones. Charles Aznavour es mucho más que el embajador de la canción francesa. Es el embajador de “La Canción”. Todas sus canciones, incluso las más emocionantes, están impregnadas de una fuerza que parece decir “Siempre hay que seguir adelante”. Es emocionante leer sus libros “Le temps des avants”, “D´une porte l´autre” o “À voix basse”; para sentir algo del hombre que hay detrás del artista y como el destino juega a veces con nosotros. El amor es el eje principal de sus canciones, como no podría ser de otro modo. Pero, no sólo el amor carnal, sino el amor por su familia, por sus hijos, por sus amigos, por la ciudad de París y el lugar de donde vienen sus raíces, Armenia. Charles Aznavour ha regresado a L´Olympia con una maleta llena de emociones que me han hecho disfrutar. Yo, aquel chaval de 15 años enamorado, que escuchaba sus canciones en el pequeño barrio de mi ciudad de Vigo; he podido cumplir el sueño de contemplar la magia, la fuerza y el corazón del maestro Charles Aznavour llenando la escena. Los grandes no tienen edad. Cuando sube el telón llenan el escenario con su magnetismo en una suerte de magia imposible de explicar. Charles Aznavour será siempre una voz en la eternidad del mundo del arte. Ahora, como ha dicho siempre, “el show debe continuar”. Que sea por muchos años. En mi corazón y el de otros muchos admiradores, siempre latirán sus canciones para la eternidad.