lunes, 30 de abril de 2012

RUIDO Y SOLEDAD

    Cada vez hay más ruido. El sabio dijo: "Haz silencio a tu alrededor si quieres oir cantar tu alma". Pero hemos olvidado sus palabras. El ser humano tiene tendencia a olvidar todo aquello que, de un modo u otro, le recuerda que es mortal. En el bullicio de las grandes urbes; entre los atronadores cantos de máquinas diversas, coches, sirenas; creemos poder disimular la realidad y jugamos a pensar que somos inmortales. Pero siempre hay un silencio, un momento, cuando cae la noche, en que no tenemos más remedio que cohabitar con la soledad. En esa fina línea que separa la vigilia del sueño, donde habitan todos los fantasmas que en nuestro día a día pretendemos ahuyentar; es allí donde navegan los barcos que surcan rutas impensables en los mapas, rumbo hacia malecones solitarios.



martes, 24 de abril de 2012

UNA CARRERA HACIA LA NADA

     Los veo correr; fatigados los rostros, sudorosos los cuerpos. todos en la misma dirección. Se apremian unos a otros. Cuando pasan a mi lado, lanzan una mirada esquiva, extrañada, despreciativa. Muchos se pierden en el horizonte de carreteras asfaltadas. Otros por callejones sin salida. Lo tienen muy claro: "Siempre hay una meta". Y yo, pobre infeliz, al borde del camino, sentado en la granítica roca junto al árbol centenario; no ansío nada más que vivir "El Ahora".


domingo, 22 de abril de 2012

ESCLAVOS

    Fuimos esclavos de nuestras pasiones, de nuestros instintos salvajes y, febriles, no sentimos el latir del péndulo cruel del tiempo inexorable; porque nuestros corazones ocultaban cualquier otro sonido que no fuera la melodía del ardiente impulso de los cuerpos encontrados. Fuimos esclavos del tú y el yo, hasta que el correr de las horas, de los días, de los años; nos hizo esclavos del pasado.

Pintura Julio Mariñas

jueves, 19 de abril de 2012

LA PUERTA ABIERTA

    Por favor, cierren la puerta. Hace mucho frío. Demasiado frío. Ese que hiela el tiempo y sus relojes. Donde mece la vanidad su trono de vilezas y necedades. Estoy aquí, en el ángulo oscuro, donde nadie quiere mirar para no ver la execrable faz de una humanidad sin sueños. Todo lo han globalizado. Existen embajadas, ministerios, partidos políticos, asociaciones, grupos diversos. Pero sería bueno dedicar todos los esfuerzos a la producción de sueños colectivos. Es un proyecto que no cuesta dinero. Tal vez por eso no interesa llevarlo a cabo. Porque el material de los sueños es intangible, el soporte que los cobija es tan solo una mente dispuesta a volar sobre las primaveras presentidas y, claro, con eso no se puede comerciar. Es poco rentable. Es en la mente donde radica el verdadero poder. Ni las armas, ni los dictados de los que manejan los hilos materiales, tienen nada que hacer contra eso. Sólo hay que armarse de valor; levantarse, cerrar la puerta por la que entra el frío invernal de los vanidosos e insignificantes que se creen con legitimidad para decirnos cómo, cuando, dónde debemos hacer, hablar y acatar sus mandatos. Estoy cansado de este frío glacial que entra por esta puerta cada vez más abierta. Voy a seguir soñando. Si la mayoría de nosotros hubiésemos soñado un poco, tal vez ahora el mundo sería muy diferente. Entiéndase sueño por dejar llevar la mente y el corazón a lugares donde no existe la terrenal estupidez que baña nuestra condición de homo sapiens, llenos de nosotros mismos. Como si el universo fuese a detener su incesante movimiento por las oscilaciones de bolsa, un trozo de tierra o la ambición de poder inexplicable. Nunca cesarán los ambiciosos en su empeño de amasar fortuna. Porque han perdido la capacidad de soñar con las cosas más sencillas e importantes, y el trauma que le provoca no poder acceder a los sueños más hermosos, hace que su ira aumente sin cesar. No hay cosa más triste que tener una torre de marfil con todo el oro del mundo y todo el poder para ejecutar los caprichos, y seguir dando pena. Ahora, si no os importa, voy a seguir con mis sueños. Por favor, cierren la puerta.


martes, 17 de abril de 2012

CAER PARA SUBIR - Fragmentos del libro publicado en 1993 (I)


  • La ilusión es una esperanza construida de un sueño no realizado.

  • Ahondar en la profundidad de una mirada es descubrir el silencio del alma.

  • La verdadera libertad es la que nace de uno mismo y nos hace libres con los demás.

  • Si conseguimos captar la esencia del amor verdadero, nos acompañará durante el resto de nuestra vida y, con ella, el corazón de los seres queridos.




lunes, 16 de abril de 2012

TEMPUS FUGIT

    A veces es un paraíso del que no queremos prescindir. Otras un infierno que nos acosa y aterra. El tiempo, a pesar de estar medido, matemáticamente establecido; probablemente sea de los conceptos más  imprecisos que maneja el ser humano. Somos esclavos de su implacable martillo que golpea inexorablemente nuestros días de triunfos, nuestros días de miserias. Dicen que todo lo cura; pero no es cierto. El paso del tiempo muchas veces convierte las cosas grandes en pequeñas, y otras, los pequeños detalles en cosas importantes. Así, Cronos, que devoró a sus hijos; devora nuestras ilusiones, nuestros días sin sombra. El tiempo hizo eterna a Roma y a las pirámides egipcias. Ha dejado su huella sobre el arte, dándole en muchas ocasiones una pátina de misterio, de irrealidad. Sin él, no seríamos nada. Pero ¿quién puede demostrar su existencia más allá de la vida rutinaria? ¿Qué es de él, allí donde el universo vierte su negro manto y bailan las estrellas naciendo y muriendo en un ciclo sin retorno? La civilización ha intentado caminar hacia una globalización desafiante a ese tiempo, a ese espacio, a la esencia más profunda del ser humano. Y somos tan iguales. Y somos tan diferentes. ¿Cómo podemos acuñar conceptos genéricos para una humanidad tan versátil, para un cosmos tan ignoto? La tierra que habitamos, estoy seguro que es mucho más humilde. Nunca se ha creído el ombligo del mundo. ¿Por qué no una existencia repetida y continuada en la suspensión de los relojes? Tal vez el niño que fuimos aún viva en el ayer, tal vez el viejo que podamos llegar a ser ya habite en el mañana. Acaso mil planos superpuestos de una misma realidad nos acogen y nuestra mente, nuestros sentimientos, estén viviendo instantes que no puede percibir nuestra conciencia del “ahora”. Como la foto de unas vías que parecen ser transitadas velozmente. Pero no es así. Fue realizada en un andén sin mover los pies del suelo. Querer tener una explicación para todo y así alimentar su ego, es la gran condena que se impone el ser humano. Cuando todo es mucho más sencillo. Las cosas son; o tal vez no. ¿Quién lo sabe? Si el "Ser" tuviese explicación, la vida sería demasiado aburrida. Es un empeño vano querer detener ese tiempo que huye por las vías de un tren, en cada respiración, cada latido, en aquello que creemos nuestro, pero es indescifrable.


jueves, 12 de abril de 2012

LA VIDA EN UN ANDÉN (Fragmento relato)

     Un ferrocarril ha llegado al andén número seis; viene cargado de ilusiones, pasiones y desengaños. Observo como los pasajeros bajan de los vagones. Unos apresurados abrazan emotivamente a los seres queridos que los esperan; otros silenciosos abandonan con tranquilidad la estación, quizá porque nadie los recibe o porque jamás desearon llegar a una estación de invierno.
    Vuelvo sobre mis pasos cruzando entre la gente, distante y atemporal, como una manifestación fantasmagórica de aquello que mataron los años. Porque a veces estos lugares son como la sombra del recuerdo que nunca muere. Los techos altos provocan una reverberación de los sonidos que hace que los pasos y las palabras adquieran una relevancia onírica...


UNA ESTACIÓN DESDE DONDE PARTIR, A DONDE LLEGAR

    Cada viaje es diferente. Un rito iniciático que nos lleva a descubrir nuevos lugares, nuevas gentes, nuevas sensaciones. Mientras exista una estación de la cual salga un tren, a la que llegue un tren; siempre habrá esperanza. Porque esas vías que pierden su recta figura en el horizonte, nos hablan de lugares que aguardan silentes los pies cansados del viajero que busca en cada experiencia encontrarse un poco más con el que fue, el que es, o el que será. Como la vida misma. Hay una estación para cada uno de nosotros. A veces bulliciosa, a veces solitaria. Las he transitado cuando amanece, cuando anochece, cuando nadie respira en sus andenes. Y siempre encuentro sombras que me hablan de lo pequeño que soy ante la inmensidad del horizonte. Un horizonte que nunca llegaré a conocer del todo.