jueves, 30 de agosto de 2012

ATARDECER EN VIGO


A la orilla del mar,
Ría de Vigo en el atardecer sereno.
Islas Cíes que abrigan de los inciertos vientos del Atlántico.
Bajo las aguas duermen los tesoros del tiempo.
Besa el sol del ocaso tus arenas vacías de humanas presencias.
Sólo quedan las huellas de lo que ha sucedido;
De lo que pudo haber sido y no fue.
Vigo entregado al delirio de la más bella estampa
en este atardecer que sin hablar lo dice todo. 

FOTO REALIZADA POR JULIO MARIÑAS

LOS TEMPLOS OLVIDADOS



Soledad de los olvidados templos.
Allí donde fluyen las caudalosas aguas
de ríos que acariciando sueños
nos llevan hacia abismos presentidos. 


MONASTERIO DE CARBOEIRO

miércoles, 29 de agosto de 2012

UNA LUZ - JULIO MARIÑAS




Una luz
Sobre un mundo quebrado,
en el destello de las horas sin nombre.

Una luz
Para los olvidados poetas,
aquellos que alimentan con sus versos
los tiempos donde habita el desencanto.

FOTO REALIZADA POR JULIO MARIÑAS



martes, 28 de agosto de 2012

SOLEDAD DE MUJER (Homenaje a la mujer - Julio Mariñas – 28 de agosto de 2012)


Sobre un fondo de adioses desprendidos,
El tú y el yo se encuentran nuevamente.
Soledad de mujer que todo lo llenas
Con tu aroma de eternas primaveras.

FOTO REALIZADA POR JULIO MARIÑAS

domingo, 26 de agosto de 2012

TUMBA PARA UN DESCONOCIDO (Fragmento) Relato del libro “Entregados al amor y al abismo”)


Desde su cama veía el sol morir entre las verdes y desgastadas montañas, al tiempo que escuchaba los pasos de su madre bajando por la escalera. El horizonte perdió pronto su color rojizo, tornándose cada vez más violáceo. Laura se dormía siempre contemplando el maravilloso espectáculo que suponía la muerte del día en los calurosos veranos del pequeño pueblo. Antes de eso, en numerosas ocasiones, las blancas nubes dibujaban caprichosas formas en el azul celeste. Al contrario de otros niños de su edad, Laura no veía en ellas monstruos fantásticos o princesas encantadas, sino que perfilaba el rostro y la figura de sus seres queridos muertos. Siempre los mayores se lo habían dicho: “Cuando los buenos mueren van al cielo”; por eso, ella esperaba ansiosa el ver en aquellas nubes el rostro de su abuelo que falleciera cuando ella tenía tres años, o el de su padre muerto en una guerra antes de su nacimiento.


Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual



LA HABITACIÓN PERDIDA (Fragmento) Relato del libro “En el abismo de la realidad”


     Era una escalera larga;  las tablas crujían en nuestra ascensión; el frío contacto del pasamanos contrastaba con el plomizo ambiente del lugar. Mi ritmo cardíaco aumentaba por momentos. Cuando entramos en la habitación, mi corazón comenzó a latir con mayor intensidad, hasta el punto de que, el alto techo, me hizo sentir un extraño vértigo. Tiró el bolso encima de la cama y cerró la cortina que tapaba la vieja ventana de madera blanca. Después me beso. En aquella vieja cama herida por la polilla, con la colcha oliendo a rancio, impulsado por su fogosidad, entré en aquel sexo negro y profundo. El sabor de la piel morena me hizo perder la noción del tiempo. No serían más de cinco minutos, su curtido y suave cuerpo se retorcía en mis adolescentes manos. Probablemente fui como un depredador excitado por la sangre de la cierva herida…

Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual





sábado, 25 de agosto de 2012

LAS SOMBRAS


    Apenas dibujadas sobre el suelo, la pared de un muro, los caminos polvorientos; ya se han desvanecido. Tal vez por eso les damos tan poca importancia. Son un negativo de nuestra imagen, como la cara oculta de una misteriosa luna. Las sombras aparecen y desaparecen por arte de magia. La mayoría de las veces, transcurre la jornada sin que nos hayamos parado a contemplar nuestra sombra. Surge de los pies y, sinuosa, no conoce más obstáculos que la carencia de luz para vivir. En un continuo surgir y desvanecerse, hace lo posible por asomar a la luz de las farolas que iluminan las noches solitarias. A pesar de que pueda parecer que no está, siempre late en la pared que amarillea en la penumbra del solitario cuarto. Procuro observarla como negativo de lo más puro que hay en mí. Un negativo que sólo yo o quien yo estime necesario podrá revelar. Porque son tiempos de espesas nieblas proclives a ocultar el sol. Así, un ejército de sombras asola nuestras vidas, pugna por asaltar los sueños más queridos. Son sigilosas sombras de corruptos humanos sin conciencia. Ellos viven la vanidosa existencia del que ha conquistado una verdad creada a fuerza de quebrar las almas débiles. Y suben y suben. Pero toda ascensión tiene su final. Después, hay que bajar si uno no quiere que la falta de oxígeno y el intenso frío lo convierta en un hierático muñeco. Las sombras acechan al más indefenso, al que no tiene posibles para seguir en pie y proyectar una sombra lo suficientemente fuerte para hacer frente a las adversidades. No obstante, nada hay que temer. Las sombras que hoy parecen de gigantes; mañana no serán más que humo en la historia de los hombres. Su negra silueta se desvanecerá, y surgirán las sombras de los amantes entre tanta incertidumbre, para recordarnos que sólo el amor nos dará alas en las fatídicas horas donde habita el desconsuelo. 


viernes, 24 de agosto de 2012

LA RISA Y EL LLANTO


    “Todo va mal. Todo va tan mal. Hemos sido tan malos. Nos hemos dedicado a jugar y no hemos hecho los deberes”. “¡Culo, culo, culo!” “Ahora castigados contra la pared” ¿Estoy soñando? Mi televisor debe haberse estropeado. Oigo noticias muy extrañas. Creía haber entendido que la gente crecía y se hacía adulta. Después era responsable de sus actos. Pero, no sé si entiendo yo mal, o nos están diciendo que hemos sido muy malos y ahora lo vamos a pasar muy mal. Tengo que pedir disculpas. Llevo toda mi vida entendiendo mal este asunto llamado sociedad o algo así. Pensé que “los malos” eran los que robaban a los pobres y mataban. Pero, parece ser que he entendido mal. ¡Vaya por Dios! ¡Para eso tanto estudiar! ¡Para eso tanto vivir! Para que unos señores y señoras muy bien vestidos y con su vida solucionada nos digan que somos muy malos. Bueno, si vuelvo a nacer –lo cual es poco probable-, intentaré recordar esta trágica lección. ¡Ya está! ¡El problema ha sido ese cine que tanto me gusta! Ese que decía que el amor era estupendo, que el bien vencía sobre el mal, y todas esas historias. ¿El mal? ¿El mal es querer comer? ¿El mal es querer tener un techo donde dormir? ¿El mal es desear lo mejor para los niños? En fin; lamentablemente, creo que es tarde para aclarar mis ideas. “¡Que viene el lobo!” Me suena a eso, cada vez que oigo hablar a los que mueven los hilos. ¿Cuántas familias pueden comer en un día con lo que cuestan las habitaciones de hotel de los que participan en las cumbres mundiales? Siempre se me han dado mal las matemáticas. A los unos y los otros parece que también. Es normal. Cuando la gente tiene más dinero del que puede contar, la cosa empieza a ser difícil de llevar. Por mi parte, siento no tener valor para fustigarme con el látigo redentor y así lavar todos mis pecados, que aún no sé muy bien cuales son. Ni los de la inmensa mayoría de la gente que sólo aspira a vivir tranquila. Siempre he creído en el ser humano como individualidad. Nunca he creído en el ser humano como ser social. Es una pena que el tiempo este dándome la razón. Según los entendidos, corren malos tiempos. Ese empeño absurdo de los estamentos en convertirse en guardianes permanentes de cada movimiento que realizamos, empezó como una broma y, poco a poco, al abrigo de la palabra democracia y otras palabras conciliadoras, adoctrinándonos más y más, los pastores fueron llevando a su rebaño por el buen camino. El espectáculo, si no fuera por tantos dramas humanos, parece una comedia mal escrita. Pero siempre he pensado que el llanto está tan cerca de la risa, y viceversa. Por eso, aunque se empeñen en mantener un eterno llanto, todos vamos al mismo lugar; no merece la pena dejar de reír.  Además (que no se entere nadie) aún queda el arte para demostrar que, a pesar de sus locos afanes de grandeza, existen mujeres y hombres que tiene un espíritu libre y creador. Algo que jamás podrán controlar ni enterrar con sus normas y sus impuestos. Cuando la voz del último poeta deje de sonar; entonces, si ese día llega, todo habrá muerto. Mientras tanto, seguiré riendo al mundo para atenuar el llanto que late en mi interior por pertenecer a esta extraña especie animal que se aniquila, se degrada y se entierra a si misma en el pozo de la soberbia y la vanidad.


martes, 21 de agosto de 2012

EL JARDÍN DE LOS SUEÑOS DE INFANCIA - Mi sobrino Mario


    Aún no ha cumplido el año de vida, pero observo en él la fuerza de mil titanes. La mayoría de los humanos creen que el poder radica en sus musculados cuerpos, en su abundante cuenta corriente, en imponer su fuerza sobre los que tienen bajo control. Pero no es cierto. Apenas uno ve la sonrisa de Mario, se da cuenta que el poder radica en esa mueca dulce e inocente; en esos ojos limpios que, cuando miran, serían capaces de desarmar al ejército mejor equipado del mundo. Cuando extiende sus manos para intentar atrapar un ojo, la nariz o un labio; dejo que consiga su propósito, porque sé que en esas manos radica la inocencia y son un bálsamo para mi rostro curtido por los años de interminables batallas. Incluso cuando está ausente gateando por el suelo, tomando una hoja seca y llevándola en su mano distraído; incluso en esos momentos lo siento más cerca de mi que al resto de los mortales. Porque Mario es como un bálsamo para las heridas que anidan en lo profundo. Su nacimiento parece haber, sino hecho olvidar ni llenado, si aliviado el vacío de todos los seres queridos que se fueron. Él no sabe que esta viviendo el tiempo en que la vida no es dueña de ti. No entiende de vanidades ni futuros. Vive sus primeros meses como total señor. La época en que, a pesar de necesitar de nuestros amorosos padres para sobrevivir, poseemos una independencia de acción y pensamiento que jamás volveremos a tener. Lejos de las contaminadas conciencias de los adultos, de sus prejuicios morales y filosóficos; mi sobrino Mario mira el mundo con sus grandes ojos serenos. Hasta el más vil y despreciable humano, si se detuviese a observar con detenimiento el rostro de Mario cuando ríe, frenaría sus impulsos delictivos y execrables, y quedaría quebrado en su conciencia. Dicen que los artistas y creadores deben ser siempre niños para seguir continuamente aprendiendo y descubriendo la vida, pero viendo a Mario, uno descubre lo lejos que está de regresar a ese niño que fuimos. Hasta sus pataletas y sus lagrimones tienen la esencia del más puro sentimiento. Nada en él está tiznado por la estúpida vanidad humana. Ahora veo la importancia que tienen nuestros primeros años de vida. Aquellos donde captamos todo lo que nos rodea y asimilamos cada gesto, cada imagen. Mi sobrino Mario es la constatación de que la vida sigue su curso y no se detiene ante nada. En él veo la prueba irrefutable de que el paraíso buscado por los hombres, ese que dicen perdido en algún lugar de subconsciente, no es otro que la infancia. Esa infancia que mece hoy a mi sobrino Mario y le hace disfrutar una felicidad que nunca nadie encontrará en los libros de autoayuda. Aún no ha cumplido el año de vida. Pero tiene el poder de las cosas auténticas. En su pequeño corazón late la esencia primigenia y laten los corazones de todos los que le queremos. Él, sin saberlo, cuando nos sonríe, nos está haciendo un poco mejores con nosotros mismos y con el mundo, aunque no lo sepa. Mi sobrino Mario lleva en su alma de apenas diez meses la esencia de la belleza. Algo intangible. La melodía de un tiempo que es un eco lejano en mi alma de artista. Por todas esas cosas tengo que darle las gracias. Aunque él no lo entienda, aunque apenas sepa nada de la vida. Tal vez un día intentará buscar el significado de su existencia. Entonces, mirará atrás y percibirá el aroma de un tiempo que no puede recordar. Un tiempo en el que fue libre sin saberlo. Y en su corazón, ya cansado, residirá el cariño que todos le brindamos.


viernes, 10 de agosto de 2012

CAERÁ EL TELÓN – De lo efímero de la existencia



    Caerá el telón. Tarde o temprano acaba sucediendo. Porque siempre hay una última vez para todo. Un día, insospechadamente, o tal vez con premeditación y alevosía, caerá definitivamente el telón. Y ese silencio tan aterrador que siente el artista cuando la función termina y los focos se apagan, quedará suspendido en un demoledor final sin remisión. Ningún Deus ex machina podrá entonces remediar el vacío del  abismo infinito que sepultará nuestra memoria. Quedarán los anaqueles mudos de libros inundados en un llanto contenido. Sobre la mesilla de noche, en la mesa del salón, sobre el escritorio; tomos a medio leer; historias de las que nunca conoceremos el final. Y la música que acompañó nuestras horas de adioses, nuestros instantes tiernos, las pasiones salvajes al ritmo de sincopados juegos de armonías en blues. Y nuestra imagen irá muy poco a poco siendo humo en la mente de aquellos que amaron nuestra risa, nuestra mirada dulce, hiriente o desvaída. Las palabras ardientes que lanzamos al aire, el verbo enardecido de juventud lejana, cuando creíamos poder cambiar la historia y abrazamos quimeras perdidas de antemano; será un eco cada vez más lejano en los oídos de aquellos que nos vieron vivir. Nos gustaría al menos poder ser vislumbrados en la sutil niebla que en ocasiones abraza las mareas, en el fugaz destello de las falsas estrellas que descienden en las noches oscuras, en la gota de rocío que pugna por doblegar la hoja en su descenso. Sin equipaje nos hallará la muerte. Las historias vividas buscarán su refugio entre los vivos. Las que nunca fraguaron se perderán para siempre en el vacío. Caerá el telón. Y seguirán las gentes su destino, ajenas al féretro silente que acabará sin lágrimas que alivien su tétrica coraza. Y los manuscritos huérfanos pedirán a gritos mi regreso. Pero ya no estaré para consolarlos de su anonimato, ni volverán a sentir mi mano protectora. Y las historias a medio esbozar serán como esa vida de infancia que se apaga  sin haber vivido suficiente. La leve mano del paso de las horas cubrirá con una pátina de dolor los lápices y plumas. Las hojas en blanco quedarán sin el vestido de mis letras y, mudas para siempre, serán pasto del olvido. Los viejos instrumentos, rígidos y estáticos, serán los únicos que quieran sonar en este duelo. Pero sus oxidadas llaves, sus cuerdas mal tensadas, las maderas abiertas como carne que sufre la puñalada hiriente del olvido; acabarán en el rincón oscuro donde habita el tiempo que se ha ido. Caerá el telón. Y el amor, amarrado al último suspiro de la vida,  agitará su pañuelo lentamente en el desierto andén de donde sólo parten los trenes que van al infinito.