lunes, 15 de abril de 2013

POETAS Y PODEROSOS


   

    Cuanto más sueña el hombre, más se aleja de la realidad. Porque soñar despierto es algo que, los que manejan los destinos de este planeta, aún no han logrado erradicar. Ante ello, impotentes, rotos y frustrados porque no hay ley ni sentencia que pueda frenar el vuelo de una mente pensante; han pasado al plan B. Y dicen por lo bajo, cuando nadie los oye, mientras observan sus caras secas y vacías de verdades ante el espejo: “Sueña, sueña. No podremos impedir que sueñes; pero si hacer que tropieces cada vez que intentes dar un paso para realizar alguno de esos sueños que tu mente de pobre soñador haya creado”. Hay un pacto no escrito entre los que cada mañana se levantan después de haber dormido sobre un colchón lleno de billetes, que tiene como finalidad mantener una sociedad preocupada por sobrevivir. Porque, cuando el ser humano tiene que luchar por un plato de comida, por un techo donde cobijarse; no puede emplear su tiempo en soñar. La realidad cruda que han creado alrededor de su rutina diaria, anula todo proyecto onírico. Y así, mientras ellos caminan con dudosa elegancia rumbo a sus despachos y sus reuniones, van soltando billetes que desaparecen antes de llegar al suelo; evitando así que el necesitado pueda cogerlos. Pero se están olvidando de algo. Los artistas, los creadores, son los que al final mueven el mundo. ¿Qué sería la religión y la política sin figuras como Sócrates, Platón, Aristóteles, Séneca y tantos otros?
    Mientras el Gran Hombre del siglo XXI conduce su último modelo de vehículo y lo llena de carne sin amor y se baña en monedas; el poeta y pensador sigue sentado en su humilde rincón desgranando versos, buscando la esencia del amor y el deseo en las imperceptibles cosas que no se compran con nada porque no tienen precio.
    Primero indicaron a la gente aquello con lo que tenían que soñar. Después les construyeron un camino lleno de trampas invisibles. Y ahora dicen que los sueños decretados no eran los que tenían que haber seguido y que el camino marcado por ellos nunca debería haber sido transitado por el pueblo.
    Afortunadamente para mí, nunca creí en ellos. Apenas si he creído un poco en mi mismo. El ser humano es tan imperfecto. Pero, lo más patético de todo ello, es que siguen creyéndose importantes. Una canica microscópica en la inmensidad del universo es la tierra. La vida es apenas unos años de sensaciones. ¿Y para eso la creación de un sistema social que ha provocado tanto drama? Cuando escucho en los telediarios a los unos y los otros, los de aquí y los de allá; me parece estar asistiendo a una de aquellas clases de mi lejana infancia dada por un viejo y rancio maestro gris que hablaba como si fuésemos corderillos que necesitaban auxilio para no andar desvaídos por el mundo. Y no sé de que tengo más ganas, si de reír o de llorar.
    Estos personajes tan poderosos y llenos de si, se están olvidado que la historia está ahí para repasarla. Caen los imperios, mueren los ídolos, se hunden los poderosos; pero los versos del poeta, los pensamientos del filósofo, siguen latiendo y existiendo, pasando de boca en  boca, porque son la esencia de lo eterno.


PLAYA DE NORMANDIA - FOTO DE JULIO MARIÑAS


CONVERSACIONES CON SENIA (VIII)


    Cuando las últimas luces del día vierten en postrero suspiro su haz velado, lastimero, quejumbroso; camino con paso lento y descuidado el sendero que sólo tiene un único destino; ese pequeño reducto de calma donde la joven Senia, apoyada en la baranda de madera, contempla el fugaz discurrir de las aguas; líquido que tanto dio a la filosofía; propicio elemento en que Arquímedes halló la inmortalidad, agua que Demócrito usó en sus reflexiones para hablarnos de lo inexorable del tiempo. Aguas que han cantado los poetas desde los primeros trovadores hasta nuestros días. Y los dos, Senia y yo, en silencio respetuoso, observamos el fluir del torrente que, al igual que nuestras vidas, continúa su camino a pesar de ser consciente que hallará su final en la inmensidad de un mar que lo convertirá en anónimo; como anónimas se vuelven la mayor parte de las vidas cuando acaban sus discurrir inexorable.
    -Hoy podía haber sido un día como otro cualquiera. Pero no ha sido así.
    -Dime, Senia.
    -Pensé en precipitarme al fondo de las aguas y dejarme llevar…
    -No te puedo creer.
    -Si, lo pensé. A veces la vida se muestra tan inútil.
    -Todos, sobre todo en nuestra juventud, hemos tenido en algún momento esa sensación de inutilidad.
   -¿Recuerdas aquel tiempo, Julio?
    -Recuerdo todos los tiempos. Imposible olvidarlos.
    -¿Y has sacado alguna conclusión pasados los años?
    -Las conclusiones las dejo para los intelectuales, los científicos, los estudiosos de esto y lo otro. Yo, que soy un simple creador de frases y melodías, la única conclusión que puedo vislumbrar es que la vida, Senia, es una novela sin final, una melodía sin resolución.
    -Háblame entonces de esos tiempos, Julio.
    -Soy demasiado pudoroso para hablar de mí…
    -Háblame en clave literaria entonces; o musical, si quieres.
    -Mi niñez fue un gran mosaico de tebeos y novelas de aventuras. Desde los que ya entonces comenzaban a morir, como Roberto Alcazar y Pedrín, el Guerrero del antifaz, el TBO; hasta los que estaban en pleno apogeo, como el capitán trueno, el Jabato. A los que venían más frescos, y ahora han resucitado con el cine, la Patrulla X, Spiderman, La Masa, Conan el Bárbaro. Sin olvidarme de Tintín y Asterix y Obelix.
    -Sin duda, lo pasaste muy bien.
    -Si, mucho. Y, en medio de eso, las novelas de Julio Verne, Stevenson, Salgari, y muchos otros que empezaron a despertar en mí el interés por escribir, por inventar historias.
    -¿Eras muy niño entonces?
    -No tenía más de nueve o diez años cuando comencé la que yo pretendía fuera una novela de aventuras. Por supuesto, no pasé de las primeras páginas.
    -¡Cuantos mundos se pueden visitar leyendo!
    -Si, muchos. Es la mejor manera de soñar.
     -Espero que otro día me hables de las lecturas de tu adolescencia.
    -Tal vez, Senia. Aún a fuerza de aburrirte.
    -No lo haces.
    -Un libro es algo maravilloso. Te lleva a mundos que desconoces. Comparte contigo todo lo que contiene en sus páginas y deja volar tu imaginación, interpretarlo.
    -¿Y cuales son tus sensaciones cuando escribes?
    -Escribir es un viaje que no se puede explicar con palabras. Es como tener una vida paralela en la que construyes, te dejas llevar, tropiezas, te elevas y caminas por los senderos de tu esencia más íntima. Por los rincones más insospechados de tu cerebro y tu alma.     
    -Espero que pronto vengan noches más calurosas, Julio. Y te animes a bañarte conmigo.
    -Puede que vengan. Tal vez. La vida es tan impredecible.

FOTO JULIO MARIÑAS

viernes, 5 de abril de 2013

CONVERSACIONES CON SENIA (VII)


    Desde la orilla observo a Senia sumergida en las aguas cristalinas. Su cuerpo armoniosos y grácil tiene como lienzo los verdes que salpican el fondo fluvial entre cantos rodados y algún que otro pez despistado. Ahora emerge suavemente, como en una imagen ralentizada, y el agua que su torso desplaza en el ascenso decora el aire, resbala por el pelo mojado, por los delicados hombros y unos senos turgentes. Abre los ojos, me mira y sonríe. Los labios entreabiertos desprenden un “Hola” cordial. Se acerca a la orilla y me tiende la mano mientras eleva su pie derecho y asida a mi mano se impulsa para salir del agua y salvar el pequeño desnivel entre el cauce y la orilla. Después me abraza en un prolongado silencio. Siento todo el calor de su cuerpo que traspasa mi ropa.
   -¿Tienes frío?
    -No, Julio. Ninguno.
    -¿Y tu vestido?
    -No lo he traído.
    -Te cogerá el frío.
    El sol ha comenzado a caer vencido entre las romas montañas, urracas despistadas vuelan sobre los árboles cercanos.
    -Si me abrazas, no.
    La abrazaré todo el tiempo que sea necesario. Podría estar una eternidad así, sintiendo sus formas entre mis manos. Si hay algo que pueda hacerme olvidar la sensación de eterno fluir temporal, es este abrazo inesperado. Tal vez sea lo más cercano a la amistad esto que ha surgido entre los dos. Algo no buscado, sinceridad sin fisuras, espontáneas muestras de sentimientos que fluyen sin margen para otra cosa que no sea el sentir la proximidad de alguien que te espera cada día.
    -¿Te atreverías, Julio? –dice sin separar su cara de mi pecho.
    -Demasiado fría el agua para mí. Tal vez en otra noche más cálida.
    El cuerpo de Senia está seco. Deslizo mi mano por su espalda, tacto sedoso, sin un solo obstáculo en mi camino. Observar su cuerpo en las aguas me ha retrotraído a otros lugares y otras épocas; charcas escondidas en calurosos agostos de pueblos cuyo nombre he olvidado, cuando chicos y chicas nos bañábamos allí donde el río suspendía su fluir brindándonos un escenario para nuestras locuras de juventud. Aunque quisiera buscar esos lugares, no sabría por donde empezar.
    -Oigo latir tu corazón, Julio.
    -Si.
    -Golpea mi oído y mi mejilla como llamando. ¿Me está llamando?
    -Siento desilusionarte, Senia. Mi corazón no te llama. No llama a nadie. Tan solo intenta sobrevivir en un mundo donde el cerebro lo ha desterrado del trono que en otros momentos de la existencia ocupó.
    -Late fuerte.
    -Todos tenemos los latidos contados. Él también.

FOTO JULIO MARIÑAS