miércoles, 24 de julio de 2013

ESCRIBIR Y SOÑAR

    El tiempo se tornó difuso. Eran las horas de la incertidumbre; cuando podíamos ver las aves surcando los océanos rumbo a otras latitudes. Entonces los horizontes de juventud se abrazaban y entremezclaban en atardeceres de rojos intensos en pasiones encendidas. Dueño de la noche, frente al papel en blanco, derramaba versos llenos de vida. Nunca se está tan cerca de la felicidad como cuando rememoramos los instantes en que la existencia se agarró a nuestra piel con infinita pasión. Y la pluma sigue emborronando páginas. Pero las máquinas, compañeras de tantas veladas, yacen calladas, sustituidas por el teclado del ordenador. En días como hoy las contemplo; mudas sobre la repisa. Sus cuerpos yacen descansados después de tantas páginas cumplidas. La noche tiene el rostro lleno de cicatrices cuando contemplo la luna y las estrellas. Surcos creados a golpes de palabras llenas, de frases enardecidas. Nunca deja el que escribe de soñar. En cada esquina del camino se agitan los cipreses que custodian el sendero que lleva hasta la montaña desde donde es posible ver como el sol muere en el horizonte y cantan eternamente las sirenas sus melodías envolventes, hechizando el alma del artista que seguirá soñando una noche más. Alimentando los sueños que se fueron y aquellos que aún no se han cumplido. Sobre las olas de un mar embravecido, siguen danzando juventud y vida, en un eterno vals enamorado.   

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lunes, 22 de julio de 2013

"AS ÍNSUAS DO MIÑO" - GALICIA EN ESTADO PURO

    Hay todo un gran elenco de profesionales en diversas materias que asesoran a los profanos en como paliar o curar el estrés y otras dolencia, casi siempre asociadas a la vida en las grandes ciudades. Lo cierto es que, a escasa distancia de esos núcleos urbanos, sin grandes despliegues monetarios, con lo esencial para unos días, puede uno vivir experiencias maravillosas, que cargan las pilas, en Galicia, sin otra necesidad que estar en contacto con la naturaleza.

FOTO DE JULIO MARIÑAS

    Mi pasión por viajar y conocer me ha llevado siempre a realizar algún viaje que otro todos los años. Incluso en las etapas donde mi economía era precaria, me las arreglaba para poder conocer lugares. Comencé recorriendo mi tierra Gallega; proseguí por la geografía española; para después cumplir algunos sueños, como visitar París, las costas del Norte de Francia, Londres, las principales ciudades de Italia y, como no, la nostálgica Lisboa.
    De todas esas experiencias, pude extraer muchas enseñanzas. Pero, la fundamental, es lo insignificantes que somos con respecto a las grandes obras de arte de la humanidad y, sobre todo, frente a la naturaleza más salvaje.


ROBLE CENTERARIO - FOTO JULIO MARIÑAS




    Todo esto viene a cuento por el último viaje que he realizado a una zona que, como otras muchas de nuestra España, está muy poco publicitada. Y, después de haber pasado unos días en ella, he llegado a la conclusión de que sería un excelente reclamo para el turismo de personas que buscan tranquilidad. Se trata de un punto de la provincia de Lugo, situado en la Reserva de la Biosfera “Terras do Miño”, que está entre Outeiro de Rei y Rábade, a pocos kilómetros de la ciudad amurallada. Son “As Ínsuas do Miño”.  Paraje de inusitada belleza, donde el eucalipto no ha invadido las tierras, y es posible disfrutar durante horas de un paseo a orillas del río Miño, entre robles, abedules, alisos; y otras especies vegetales autóctonas. Y es que, no olvidemos que, aunque el paisaje gallego lleva mucho tiempo con aromas de eucalipto y colores de mimosas, estas son especies invasoras. En el caso de la mimosa, es un arbusto leñoso invasivo originario de la América tropical. Y el eucalipto, es sabido que es una especie que proviene del sudeste de Australia y Tasmania. Pero, nuestras raíces laten en esos robles centenarios que es posible ver en parajes como “As Ínsuas do Miño”; en los alisos, llamados en gallego amieiros, y que tanta leña han dado para fabricar los típicos zocos y hasta los ejes de los carros en otras épocas.


FOTO JULIO MARIÑAS


    En España se habla de activar muchas cosas. Pero pocos saben que nuestro país es el tercero del mundo –después de Estados Unidos y Rusia- que más parajes declarados Reserva de la Biosfera posee. Creo que en la actualidad son alrededor de cuarenta localizaciones a lo largo de toda España.
    Fomentar un turismo a estos lugares –lógicamente regulado- sin duda activaría la economía de muchos pueblos –como es el caso de los situados alrededor de la zona que ocupa este artículo- y daría otra imagen de España, bastante más alejada de la de los guiris borrachos invadiendo las calles de las ciudades costeras o tirándose desde las habitaciones de los hoteles al vacío.
 
ECOS DE LA LEYENDA DEL HOMBRE LOBO - FOTO JULIO MARIÑAS



    A veces las cosas son tan sencillas, como la naturaleza que vibra alrededor del Miño a su paso por “A Terra Chá”, en un despliegue de verdor y vida difícilmente equiparables al tedioso ruido de la ciudad. Y también es posible tomar un buen vino frente a un sabroso plato de comida. Y también es posible disfrutar de la vida sin esa losa que nos han impuesto de ser unos tíos y tías muy divertidos en un colectivo de urbanitas desbocados que tienen el paladar atrofiado por el exceso de ciudad y vanidad.
    Las plantas acuáticas como los nenúfares, los helechos, las espadañas, y  el acebo; son otras de las especies vegetales que abrigan también una fauna variada. Libélulas  volando entre el río y el sendero que transita el caminante, una garza majestuosa alzando el vuelo sobre las aguas, las vacas pastando junto a las cigüeñas. Imágenes que para siempre quedarán en mi mente y me han devuelto de nuevo a la esencia primigenia que nunca debería el hombre haber abandonado. Además de ser un lugar sin parangón para un aficionado a la fotografía.

FOTO JULIO MARIÑAS


    Terras do Miño fue declarada reserva de la biosfera por la UNESCO en el 2002. Son más de 363.000 hectáreas que integran diversos hábitats, desde paisajes de montaña hasta zonas fluviales. Tierras que fueron llamadas “los bosques de Maeloc”. Nombre de un personaje histórico que se adentra en la leyenda gallega; merecedor de otro artículo por los misterios que entraña su figura.
    El Miño se remansa al paso por “A Terra Chá”, dando lugar a estas islas fluviales que albergan gran variedad de flora y fauna acuática. Esto me hace recordar la famosa promesa con que don Quijote animaba a Sancho para que lo acompañase en sus aventuras. Era la de hacerlo poseedor de  una ínsula Barataria. En la segunda parte del Quijote, Cervantes hizo realidad aquella promesa de D. Quijote a su fiel escudero. Aunque las cosas no se sucedieron como el bueno de Sancho hubiese deseado. De todo eso da cuenta Miguel de Cervantes en el  capítulo XLV del su novela. A mi juicio uno de los más crueles de la obra maestra, por su burla al entrañable personaje de Sancho. Pero resuelto con ingenio y audacia por Cervantes. Sin embargo, en estas “Ínsuas do Miño”, quien verdaderamente gobierna es la naturaleza; y, como es sabido, nadie tiene mayor sabiduría que ella. Así se conforma un paraíso de flora y fauna alrededor de las aguas mansas que invitan a la reflexión y el ensueño. Desde los abiertos espacios donde las aguas del río son espejo de la vegetación que se yergue poderosa, hasta zonas de pinares más densas que hacen volar la imaginación hacia las leyendas del hombre lobo en sus cacerías nocturnas de plenilunio.

PENA DE RODAS - FOTO DE JULIO MARIÑAS


    La Reserva de la Biosfera “Terras do Miño”, ocupa el 39% de la provincia de Lugo. La ciudad de Lugo, capital de provincia, está incluida en la Reserva. Por algo era conocida por los romanos como “Lucus Augusti”, en clara alusión al Bosque Sagrado que, en aquellos tiempos, aún sería más denso y poderoso. Además de “As Ínsuas do Miño”, hay un buen número de parajes alrededor del río, que invitan a ahondar más en esta hermosa parte de Galicia. Esta tierra que sigue siendo una desconocida para muchos gallegos. Donde la naturaleza late a poca distancia de grandes centros urbanos, sin que el ser humano se dé cuenta. Un ejemplo claro de ello, son “As Ínsuas do Miño”; lugar donde el tiempo se detiene y se mece en las aguas mansas de un río que, tarde o temprano, nos llevará a todos hacia el mar.

Nota: Las fotos son propiedad de Julio Mariñas. Las fotos en las que sale el autor han sido realizadas por Eva Mª Fernández.


sábado, 6 de julio de 2013

CALOR, FRÍO Y CULTURA

        Recuerdo una época de ascensores, donde el tema de conversación con las personas que aleatoriamente subían con uno en la caja elevadora, era el tiempo. “¡Que frío hace” “Pues sí, hace mucho frío” Nunca pensé que, al correr de los años, en la segunda década del siglo XXI, esa conversación tan banal que se utilizaba para romper el silencio dentro del ascensor, se convirtiese en toda época del año, en el tema fundamental de la mayoría de los informativos. Y de la media hora o tres cuartos que duran, la mitad se dedica a decir cuánto calor o frío hace en los diversos lugares de la geografía y a preguntar a los anónimos ciudadanos que cómo se sienten. Eso sí, si no ha quedado claro, después viene el tiempo que dura un cuartito de hora, y me parece muy bien. Lo que no me parece tan bien, es que los telediarios se dediquen, en su mayoría, después de la sección de presuntos delincuentes que están encausados, a contarnos lo acalorada o fría que está la cosa, para, acto seguido, dedicar escasos segundos a la cultura. Los acontecimientos culturales pasan tan rápido en los informativos, salvo algunas honrosas y ocasionales excepciones, que, si uno no está listo, no se entera donde era la exposición de pintura, la obra de teatro o el  concierto en cuestión. Porque, ya de siempre, la televisión ha tenido la mala costumbre, en ocasiones algo atenuada por alguna cadena que presta más atención a la cultura, de relegar los programas culturales para las horas nocturnas. Por eso, el que aquí escribe no tiene problema. Los que nos dedicamos al arte solemos ser noctámbulos en la mayoría de los casos. Pero, ¿acaso piensan que el currante de horario laboral mañanero no necesita la cultura? ¿Y los niños? Pues así nos luce el pelo. Hoy tiene más plano en los telediarios un presunto asesino que un escritor, un actor, o cualquier otro artista. De pena. Ya, ya sé que en la dos. Pero no es eso. La cultura tiene que estar insertada en el día a día. Tenemos que mentalizarnos. Mientras la cultura se siga distribuyendo en dosis concretas y no pueble los telediarios y demás acontecimientos, no crearemos una sociedad interesada por el arte. La música ha sufrido muchas y, en general, buenas fusiones. No obstante, mucha gente aún sigue pensando que la ópera es un espectáculo largo y aburrido que se ve con traje y la espalda recta, y el jazz es un espectáculo que hay que ver con una cortina de humo delante de la cara. Si bien es cierto que estos dos géneros musicales se han abierto mucho al gran público; aún queda un largo camino por hacer. Resumiendo, ¡que sí, que hace mucho calor! Ya lo sabemos. Si no hay una noticia mejor para abrir un telediario; se puede abrir con el Festival de Teatro de Mérida o Almagro, y preguntar a los que van a asistir a ellos o han asistido que les ha parecido; por ejemplo. En vez de preguntarles que opinan de que haga mucho calor o mucho frío. Así, a lo mejor, el niño pequeño le pregunta a sus padres qué es eso del teatro; en vez de ver acrecentada su sensación de calor. Cada vez, en lo que atañe a la cultura, esto me parece más la sociedad de la desinformación. Sería largo de enumerar. Pero, por citar una faceta del arte, sólo en pintura, España ha dado a cuatro genios universales que son Velázquez, Goya, Dalí y Picasso. Sólo una oferta cultural como esa, en muchos otros países sería promocionada hasta la extenuación y atraería a muchos más visitantes de los que atrae. La cultura debería tener, al igual que el tiempo tan mentado, un espacio en las horas puntas de programación, como son el mediodía y la primera hora de la noche, en el que se informara a los espectadores de la extensa oferta cultural que posee nuestro país. No sólo las fiestas culturales gastronómicas –que por supuesto también son cultura- sino infinidad de museos y monumentos visitables desconocidos para la mayoría de los habitantes. Porque cada rincón de España es una joya natural y cultural de incalculable valor. 
    En teoría, hoy los jóvenes tienen más acceso a la cultura que nunca. Quedaron atrás las épocas en que conseguir determinado libro o canción era misión imposible. Pero, también es cierto, que la cultura sigue siendo un compartimento estanco en el que, salvo las promociones puntuales de los libros de moda, la mayoría de la información no llega al gran público como debería. Puede parecer un tema menor. Pero la televisión sigue siendo esa caja -de caja ya tiene poco, más bien tabla- por la que entra el mundo exterior en el interior de nuestro hogar. Y decir hogar es decir algo muy importante. Si algunos deportes pueden estar mezclados en el día a día de las vidas de las gentes que los viven con pasión, y me parece excelente; por qué el resto de la cultura no puede estar en el día a día de las gentes. Si los niños y jóvenes tiene que entender como reflejo del mundo sólo lo que ven en un informativo; creo que se les está dando una imagen distorsionada de la realidad. La prioridad de un ser humano debe ser formarse y tener posibilidad de conocer, para después elegir las opciones que mejor se adapten a su forma de ver el mundo. Hay que pensar que sólo el saber nos hace verdaderamente libres y nos da la verdadera dimensión de lo único que diferencia al hombre del resto de las especies; la capacidad de crear, no sólo obras de arte, sino también nuestros propios mundos interiores. Aquellos donde la temperatura ambiental tiene poca relevancia, y es mucho más importante el calor humano. Conocer la cruda realidad es necesario. Pero también buscar el lado bello de las cosas. Sólo así no se nos hará insoportable el calor asfixiante de una sociedad cada día más deshumanizada. 

   
FOTO DE JULIO MARIÑAS

miércoles, 3 de julio de 2013

EL MAR

     Cuando llega el verano, las playas, las terrazas junto al mar, los paseos, se llenan de gente. Por fin brilla el sol, los cuerpos se ofrecen a la suave brisa para alcanzar ese moreno tan deseado. Me gusta. Es interesante. Miro las aguas y les sonrío. Ellas me devuelven el saludo. Porque nos conocemos hace mucho. Somos viejos amigos, y sabemos que, apenas septiembre asome en el Atlántico, cuando las temperaturas ya no sean tan benignas, el mar volverá a quedarse solo. Entonces, en los días de frío, cuando los vientos del Norte azoten la costa, el océano se encrespará golpeando las playas, los malecones, los acantilados salvajes. Cuando el tiempo de verano finaliza, el mar sabe que sólo los marineros, los enamorados furtivos, los poetas locos, los desencantados de mundo o algún soñador despistado, se acercarán a sus orillas para contemplarlo. Pero yo siento que es entonces cuando más lo necesito y más me necesita. Así sucede con los humanos. Cuando estamos mal, es cuando más necesitamos que alguien se acerque a nuestra orilla y nos contemple. Porque, después del verano, siempre viene un otoño. Así, los cuerpos que hoy son jóvenes, cederán ante el inexorable paso de los días y, muchos de ellos, probablemente guardarán sus mejores recuerdos junto al mar que hoy disfrutan. Sólo hay que visitarlo cuando la playa queda en soledad. Se puede oír en su espuma los cantos de sirenas, las historias de mil naufragios de amores olvidados, el llanto de los que se perdieron en sus aguas para nunca regresar. Mágico mar que ha sido indispensable en la evolución y la historia del ser humano. Desde los acantilados salvajes de Cabo Ortegal donde las aguas del mar Cantábrico y el océano Atlántico se abrazan; hasta el Cabo de Gata, balcón mágico al mar Mediterráneo; pasando por otros muchos puntos de nuestra península desde donde se puede admirar las aguas marinas.
    Mi mente viaja a los instantes vividos en la playa de Omaha, escenario del desembarco de Normandía; al mágico Monte Saint-Michel con espectaculares mareas en su bahía.  Desde ese arrebatador escenario junto al mar del Norte, vuelo a las costas del Adriático en Venecia, a la playa del Lido con sus negras arenas paseadas en otro tiempo por Byron y Shelley.
    Regreso a la realidad. A mí alrededor la playa sigue plagada de gente. Se bañan, pasean, toman el sol. Con la esperanza de que tarde el invierno, disfruto el ahora, consciente de la fugacidad del tiempo.


FOTO DE JULIO MARIÑAS