lunes, 30 de septiembre de 2013

BAILAR - (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - X)

    Existió un tiempo en el que, en las cálidas noches de verano, la música festiva se relajaba para dar paso a melodías lentas y cadenciosas. Entonces, dos jóvenes extraños se miraban entre la multitud, sonreían y abrazaban sus cuerpos para bailar al compás de la música. Era una escuela no oficial de aprendizaje para el amor. A veces mejilla contra mejilla sin decir nada; otras frente con frente sonriendo; algunas mirándose a los ojos. Las manos en la cintura, otras veces en la espalda, en ocasiones en los bolsillos posteriores de un vaquero. Era el despertar de sensaciones, cuerpos diferentes, olores, sabores. Podía llegar la palabra, siempre dulce o susurrante al oído. Incluso llegar a encontrarse los labios y fundirse en besos prolongados. Era el juego adolescente del amor. Privilegiados hemos sido aquellos que vivimos los tiempos en que bailar era una suerte de  magia, de conocimiento. Los desconocidos que se juntaban unos minutos, después se separaban sin decir nada; o continuaban bailando en la noche; o se perdían bajo el cielo estrellado. Hoy, de todo aquello, queda un mundo de sensaciones guardado en el rincón donde habitan las más románticas pasiones.

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viernes, 27 de septiembre de 2013

LA ÚLTIMA GENERACIÓN QUE PUDO FABRICAR SUS PROPIOS SUEÑOS (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - IX)

    Los caminos eran de tierra; los cines de programa doble sesión continua; la música permitía abrazarse y sentir la mejilla de la pareja de baile, el calor, el olor, incluso los latidos del corazón; leer el libro deseado o conseguir el disco favorito era una pequeña o gran aventura que no siempre terminaba con éxito; las pandillas de chavales nos reuníamos para jugar, recorrer las calles del barrio haciendo inocentes travesuras o montando guateques en los bajos de las casas; los abuelos eran sabios que aconsejaban y transmitían sus conocimientos; los padres eran un punto de referencia en nuestra forma de ver el mundo, aunque, como todo joven que se precie, nos rebeláramos contra ellos. Se podrían llenar hojas y hojas con miles de cosas que ya no existen. Mi generación fue la última que fabricó sueños. Después, los sueños comenzaron a venir preestablecidos. Los caminos de tierra desaparecieron bajo el asfalto; los cuerpos dejaron de unirse para bailar y el aumento de decibelios fue haciendo más difícil la comunicación y promovió el sudar separados en vez de pegados unos a otros; libros y música fueron puestos al alcance de la mano, previa publicidad insistente sobre lo que había que leer, mientras grandes autores del pasado fueron siendo arrinconados hasta ser completamente desconocidos por los jóvenes actuales; las pandillas dieron lugar a grupos que, en el mejor de los casos, se dedicaron a destruir el mobiliario urbano e incordiar a los vecinos; los abuelos pasaron a ser un estorbo y carne de asilo la mayoría de las veces; los padres e hijos se alejaron cada vez más y establecieron muros de incomunicación. Y después llegó el siglo XXI. Mi generación fue la última que tuvo la libertad de fabricar sus propios sueños. He visto todos esos sueños desvanecerse lentamente en la desidia de una sociedad veloz, tajante, irreflexiva y un sinfín de calificativos más. Ya no sé fabrican sueños. La gente los elige entre los que se exponen en un mercado banal y corrosivo. Antes hablar era un arte. Ahora es una suerte de velocidad mental pretendidamente ingeniosa. Cuando mi generación, la última que fabrico sueños sin ayuda de un sistema devorador, desaparezca ¿qué quedará de todo lo que fue, de todo lo que fuimos, de todo lo que construimos a golpe de insomnio e ilusión?


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martes, 24 de septiembre de 2013

EL NIÑO QUE SOÑABA CON SER POETA (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - VIII)

    Soñaba con ser poeta. El niño pensaba que la pasión y el amor eran veneración, sufrimiento, locura por la persona amada. Y Bécquer, seguido de toda su “cuadrilla” de escritores, pintores y demás artistas románticos, hicieron que su infancia, cuando estaba en soledad, se convirtiese en un hermoso cuento gótico. Así, el niño se hizo adolescente y, Baudelaire, seguido de otra “cuadrilla” diferente, lo fueron convirtiendo en una suerte de doctor Jekyll y mister Hyde, que fue intentando conservar en cada aventura de la vida su alma romántica, a la vez que iba siendo arrastrado por  la propia existencia  a  las historias más carnales. Desde pequeño escuchaba decir “Soñar no cuesta dinero”. Tal vez por eso se dedicó a soñar y se olvidó del dinero. Craso error. Y viene a cuento la expresión, ya que fue la ambición de este gobernante romano, que formó triunvirato junto con Pompeyo y Julio César, quien dio origen a dicha frase. Pese a ser el menos conocido del famoso trío, parece ser que era un hombre muy rico. Aunque no se conformó con la parte de Siria que le tocó, y cruzar el Éufrates a la conquista de Partia (actual Irán) fue su perdición. Se cuenta que fue obligado a beber oro líquido. Prefiero no extrapolar la ambición de Craso a la actualidad y seguir con el tema inicial, para no dar ideas, que me he desviado un poco. Estábamos en eso de que soñar no cuesta dinero. Pero parece ser que realizar los sueños sí. Eso es lo que el niño que soñaba con ser un poeta atormentado no escuchó, o no quiso escuchar. Que todo es posible. Además, también pudo comprobar, a medida que iba creciendo, que eso del artista atormentado por las pasiones y la vida al borde del abismo queda muy bien en las novelas, pero en la vida real es lo peor que le puede suceder a un creador o a cualquiera. Porque el artista necesita tranquilidad y aislamiento a la hora de realizar su labor. En su juventud, el niño que soñaba con ser poeta, comprobó que la noche era el mejor manto con el que se puede arropar quien se dedica a crear. Y la noche fue su patria. Cuando la juventud abandonó al niño que soñaba con ser poeta, la madurez se fue instalando pausadamente sobre todo lo vivido. Entonces, sentado frente a su escritorio, rodeado de sus poesías, sus novelas, sus músicas; se sintió satisfecho y feliz, porque ya podía controlar al lobo que habitaba en su interior. Podía soñar cuando fuese necesario; pero también ver la realidad con perspectiva y sin temor. Hoy, el niño que soñaba con ser poeta, tiene como riqueza montones de páginas escritas, de pentagramas llenos de música. Y, mientras la humanidad se empeña en mirar el mundo a través de montañas de dinero; él sabe que el dinero impide ver más allá de la última adquisición material. Por eso, con muchos sueños ya realizados y otros por realizar; el niño que soñaba con ser poeta sabe que posee la mayor riqueza que un ser humano pueda atesorar. Tiene la belleza de lo eterno arraigada en su interior. De modo que, todo lo banal, mezquino y repugnante que gira a su alrededor; no es más que una mancha en unas lentes que quieren imponernos para que veamos el mundo a través de ellas. Pero él jamás utilizará ese prisma enrevesado y cruel que se ha instaurado en la sociedad. Él seguirá siendo amigo de la noche y soñando con el día en que los poetas sean los verdaderos protagonistas, y la gente sueñe más, viva más, sienta más. Porque hubo un tiempo en que las metas eran la conquista de la persona amada o  deseada, el llegar a las cumbres donde se puede ver latir la naturaleza más salvaje, aprender y aprehender la verdadera esencia de todo lo que nos rodea. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que los sueños no tenían marca, ni color político, ni siquiera clase social. Fue cuando el niño que soñaba con ser poeta era pequeño. Bueno, pensándolo bien, tal vez sólo fue un sueño de inocente niño enamorado. 

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sábado, 21 de septiembre de 2013

LA JUSTICIA DEL HOMBRE LOBO - LEYENDAS URBANAS DEL SIGLO XXI (I) - Ensayo-relato

    En apariencia es un individuo normal. Tal vez algo reservado. Pero nada hace presagiar en él un instinto animal que late en sus entrañas y pugna por salir cuando la luna llena decora la noche. Entonces, imprevisible, ve transformarse su cuerpo y brotar la bestia que subyace en el rincón más atávico de su “Yo”. Hirsuto, ágil, ropas desgarradas, dientes afilados; recorre los bosques apareciendo y desapareciendo entre la maleza. Es el Hombre Lobo que tanto terror causó en otros tiempos en los poblados de humildes gentes. Ahora ha llegado nuevamente a la ciudad y se ha especializado en un tipo de víctimas determinado. A grandes rasgos se puede decir que son aquellos que viven bien a costa de haber arruinado la vida de muchos humildes ciudadanos. El abanico es amplio. El Lobisome transita las calles en las noches de plenilunio con un olfato especial para percibir humanos ambiciosos, soberbios, vanidosos, prepotentes y mezquinos. No podrán detenerlo si son atacados, porque las balas de plata les parecían demasiado míseras, y sólo tienen balas de oro que nada pueden contra el Hombre Lobo. Es la nueva leyenda urbana. Asegura que, un Hombre Lobo morderá a un poderoso en cada luna llena y, como por arte de magia, mientras la víctima padezca los efectos del ataque, todos los bienes robados serán devueltos a aquellos que han sido traicionados por el malhechor. Es la justicia de Hombre Lobo. Infelices soberbios, que os creéis tan seguros en vuestras torres de marfil, al amparo de un sistema enrevesado que favorece al poderoso y aplasta al humilde; temblad cuando la luna llena asome en el cielo, porque el licántropo vigila vuestros pasos en la noche que a todos hace iguales.


                                                

EVOCANDO EL DESENCANTO

    La noticia hace unos días de la muerte de Juan Luis Panero me ha hecho regresar a una de esas noches de adolescencia en las que la búsqueda de algo diferente era lo prioritario en un mundo que ya comenzaba a apuntar maneras de convertirse en un ente globalizador y excluir a las minorías artísticas. Ver entonces la película de Jaime Chávarri, El Desencanto, me pareció entrar en un mundo diferente y misterioso. Sin ahondar en cuestiones extraliterarias, a día de hoy, no creo que nadie tenga dudas de que la familia Panero fueron unos rara avis en un panorama de transición que comenzaba a hablar de Europa y a tender hacia una sociedad extrovertida y superficial, donde los poetas auténticos, los escritores de verdad, iban a tener poca cabida y escasa proyección comercial. Con la muerte de Juan Luis Panero se ha apagado un poco más la llama de la creación en la sombra, de los hombres y mujeres que hemos hecho de la literatura y otras artes un modo de vida, alejado de los grandes movimientos comerciales. Porque la creación es un acto solitario que sólo puede llevar a las simas del alma humana. Allí donde el bullicio de un sistema fagocitador es apenas un eco imperceptible.

JUAN LUIS PANERO

jueves, 19 de septiembre de 2013

FRENTE AL ESPEJO (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - VII)

        Frente al espejo, observo mi rostro.
El espejo se humedece 
y la imagen que me devuelve parece diluirse lentamente. 
Ahora se quiebra en diminutas porciones 
como teselas de un mosaico, 
e infinitos fragmentos de mí 
              se muestran irreconciliables.               
¿Merece la pena ser humano en un mundo deshumanizado?   
 El espejo se oscurece.    
Ya sólo soy un concepto.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

EL ESCRITOR - (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - VI)

    Hay un profundo vacío entre los humanos. Se han hecho la guerra. Han firmado la paz. Así, una y otra vez desde el inicio de los primeros asentamientos, germen de la civilización actual. Pero hemos aprendido tan poco. La memoria, que debía ser cultural en el más puro sentido de la palabra, se ha convertido en memoria política. En nombre de las grandes líneas de pensamiento se mata y destruye, en lugar de abrazar y construir. Y el creador auténtico, que se resiste a seguir al rebaño, sigue emborronando hojas que duermen en cajones olvidados. Porque a casi nadie le interesa pensar y reflexionar sobre las grandes cuestiones que han movido y moverán el planeta que habitamos. El verdadero escritor busca en el fondo de su alma, ahonda en el interior de las almas que vislumbra entre la niebla de su condición mortal. La soledad sigue siendo su patria. El amor su bandera. No tiene más nave que su inquieta pluma para surcar los grandes mares literarios. Porque es muy fácil navegar en una piscina, en el pequeño riachuelo generoso. Lo difícil es entrar en las entrañas del pensamiento. Ingrata labor, que jamás llenará los escaparates de las grandes superficies comerciales. El mundo está dando cada vez más la espalda a todo aquello que no sea superficialidad. La belleza yace arrinconada en algún cuarto oscuro. Y, parece ser que, a nadie le interesa que salga de su encierro. Si brota con demasiada fuerza, tal vez la tierra en que vivimos sufra una crisis sin precedentes, para dar paso a los sueños y los deseos que, nos han querido hacer creer, son inalcanzables. Hoy, en el silencio de la habitación, vuelvo a sentir la satisfacción de seguir siendo fiel a mis principios. Algún día amanecerá. Abriré la ventana y una ráfaga de viento elevará cientos de papeles, miles de palabras; se alejarán de mí para no volver. Sonreiré y me sentaré tranquilo a contemplar la luz de un nuevo día.
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lunes, 9 de septiembre de 2013

EL LENGUAJE HUMANO (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - V)

    El lenguaje humano hablado y escrito, al convertirse en plasmación e interpretación de la realidad percibida, ha dado al ser humano la capacidad única en el reino animal al cual pertenece, de construir mediante el uso de unos signos y sonidos determinados, todo un abanico de infinitas posibilidades para diseccionar el mundo que nos rodea a partir de nuestros pensamientos. Así, desarrollo cerebral y lenguaje han ido de la mano en el transcurrir histórico del homo sapiens. Pero, ironías del destino, ese mismo lenguaje que nos ha permitido disertar sobre lo divino y lo humano, también ha tenido y tiene una doble cara. Al igual que un principio activo determinado utilizado en pequeñas dosis puede curar; pero, si se usa en grandes cantidades puede ser tóxico e incluso matar; la complejidad a la que ha llegado el lenguaje humano propicia también que, usado de determinadas maneras, se convierta en el arma ideal para crear confusión, caos y transformar lo acontecido en beneficio de unos y otros. Así, cuando hablamos de lo políticamente correcto para referirnos a lo que a nivel social es considerado por una gran mayoría como veraz y marca los límites del buen gusto y la medida de lo refrendado  por la moral vigente, establecemos un muro, una línea divisoria lingüística que viene a decir “Lo que está dentro de esto, es lo correcto, es el bien. Lo que pasa los límites de esto, es incorrecto, está mal”. Así, apoyados en lo políticamente correcto, unos se aferran a unas premisas determinadas; sean de ideología política o de carácter social; y enarbolan sus múltiples banderas del  bien; de tal modo que, todo lo que no es así, lo consideran nocivo y contrario. Un enemigo en potencia a erradicar. Frente a estos, están los otros. Aquellos que, tomando  como referencia lo políticamente correcto, enarbolan la bandera de lo políticamente incorrecto. Ironías del destino y de la lengua, este segundo grupo acaba encasillándose en una serie de premisas que no son políticamente correctas, pero van dando forma a determinadas ideologías que, al igual que las de los grupos políticamente correctos, descartan cualquier premisa o idea que no esté dentro de los márgenes de las diferentes tendencias originadas. Por lo que están tendiendo, dentro de lo políticamente incorrecto, a otro esquema que ellos consideran políticamente correcto.
    De lo expuesto con anterioridad podríamos sacar varias conclusiones. La primera es que, el ser humano tiende a abrazar uno u otro extremo de la balanza partiendo del principio de dualidad del bien y del mal. La segunda, que cualquier pensamiento que deja de fluir y renovarse acaba su desarrollo en el momento en que se adhiere a una de las dos tendencias. La tercera es que, a su vez, esas dos tendencias utilizan grupos diversos con ideas que se convierten en máximas de lo que consideran su verdad inamovible. La cuarta sería que esos grupos sociales de uno y otro lado, adquieren a lo largo del tiempo una consolidación que los vuelve estáticos e intolerantes a cualquier idea externa que no esté dentro de sus premisas. Una quinta conclusión es que surge la confrontación de los políticamente correctos entre sí, de los políticamente incorrectos entre sí, y de los políticamente correctos con los políticamente incorrectos; lo que suele devenir todos los días en una continua batalla dialéctica ente posturas de los unos, los otros y los de más allá, que giran en un bucle de artificios verbales, sabiendo que están condenados de antemano a no entenderse ni intercambiar conceptos unos con otros.
    Si meditamos sobre ello, todo esto nos lleva a la conclusión de que las sociedades como la nuestra se han convertido en un sin fin de compartimentos estancos, de islas ideológicas que hayan en el amplio margen que el lenguaje les da para sus confrontaciones, todo un abanico de posibilidades para tergiversar, enturbiar y, en definitiva, hablar sin decir nada, para acabar volviendo  a sus premisas de base, inherentes a cada grupo en particular.
    Este fenómeno de sofisticación lingüística tiene como resultado que surjan organizadores alrededor de los diferentes seguidores de unas y otras ideas; y, como colofón la figura del líder, el hombre o mujer a la que el pueblo elige para que rija los destinos de la vida social en la que nos hayamos inmersos. Pero los líderes de hoy en día ya no son los antiguos líderes de la manada humana que, por ser más fuertes y más inteligentes, poseían una relevancia en el grupo que los quería y respetaba por ellos mismos. Los líderes de hoy en día casi nunca hablan de sus propias reflexiones, sino que tienen tras de sí todo un gabinete de asesores y el aliento de los compañeros de sus grupos en la nuca, además de unas premisas determinadas que son los mandamientos del grupo al que pertenecen y de ahí no pueden salirse. No es de extrañar que el panorama mundial este lleno de unos representantes que hablan sin decir nada, reiteran sus intervenciones hasta la saciedad y, lo más importante, han perdido el sentido del humor. Cualidad indispensable para poder reflexionar con libertad y no cerrar el lenguaje en un pensamiento único, decadente y pobre.
    Esa es la miseria que acompaña al lenguaje. Pero, nunca debemos olvidar el origen de las cosas, la raíz donde se asienta la verdad inicial. El lenguaje como tal, nace como medio de comunicación y se va sofisticando a lo largo de la historia contribuyendo a la consolidación del pensamiento. Por eso pienso que nunca deberíamos caer en el error de utilizarlo como alma sentenciadora. Sino que deberíamos  enarbolarlo como bandera única de reflexión y evolución; teniendo de ese modo un constante flujo ideas que nos llevaran a dudar y a meditar. Esa es la grandeza del lenguaje. Sólo así podríamos vivir en una sociedad en continua evolución ideológica, tolerante con todo tipo de pensamientos y enriquecedora. Porque, volviendo a lo políticamente correcto, no me considero político, por lo tanto este primer término ya no me sería aplicable; y no me considero correcto porque, como ser humano soy imperfecto, lo que me lleva a una incorrección constante. Ese grado de imperfecciones e incorrecciones, es lo que deberíamos reconocer ante nosotros mismo y ante los demás. Porque es la llave que abre la puerta de la tolerancia. Las ideas fijas y sentenciosas desembocan siempre en la intolerancia. Por lo que, para ser justos, no sé si habré estado muy  acertado en este artículo. A fin de cuentas, no he hecho más que hacer uso de la lengua para expresar mi opinión; y si considero como he dicho que la reflexión tiene que estar siempre presente en el lenguaje,  posiblemente en el momento de acabar de escribir estas líneas, ya esté meditando sobre ellas; y es muy posible que con algunas de las cosas aquí escritas comience a no estar del todo de acuerdo.

    En fin, es la grandeza de la lengua; esta continua evolución hacia...

BUNKER EN LOS ACANTILADOS DE NORMANDÍA