jueves, 30 de enero de 2014

ÁNGULOS

    Ángulos agudos, opresores, estrechos de miras, con tendencia a cerrarse y excluir la luz.
    Ángulos rectos, hieráticos en sus conceptos, tendentes a un estatismo feroz, carentes de movimiento.
    Ángulos obtusos, ajenos, resbaladizos, maleables en su inestabilidad.
    180 grados, linealidad máxima, sin principios ni fin, engañosos conceptos de cambio.
    La suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos ángulos rectos. Fue Blaise Pascal en el siglo XVIII. Triángulo contenedor del ojo que todo lo ve. Símbolo que encierra en su estructura la serenidad, el poder.
    360 grados; y volver, volver, volver; siempre lo mismo, eterno retorno, principio y fin indescifrable. 
    Los axiomas son pilares del pensamiento que permiten mil ramificaciones del saber y la deducción. Pero, a la vez, matan la espontaneidad, eliminan la creatividad pura, sus fundamentos antiguos instaurados por otros orada nuestra naturaleza única e individual.
    Persistencia de la geometría euclidiana a través de los siglos. Gracias a los precursores de geometrías no euclidianas. Geometría hiperbólica, geometría elíptica. Kurt Gödel abre el abanico con su teoría de imcompletitud. Rompedor Einstein, “Todo es relativo”.
    Ahora pienso en otros puntos de vista. Ejemplo: Todos los ángulos rectos son iguales. Error al axioma: Su orientación puede ser diferente, ergo, su igualdad se torna relativa. ¿Dónde estará la Rosa de los Vientos?



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miércoles, 22 de enero de 2014

LA SOBERBIA Y LA HIPOCRESÍA - LA HUMILDAD Y LA SINCERIDAD

    En primer lugar, sería conveniente exponer las definiciones de las dos “grandes virtudes” que han llevado al ser humano del siglo XXI a las más altas cotas de aborregamiento y estupidez.
SOBERBIA - Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros.
 Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás.
HIPOCRESIA - Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.
    El problema fundamental es que ambas cualidades se han hecho tan comunes que, a fuerza de asistir a sus manifestaciones, hemos sufrido una suerte de anestesiamiento de los sentidos que provoca una falta de reacción ante todo tipo de palabras, gestos y acciones que llevan implícitas la soberbia y la hipocresía.
    Si bien la soberbia es un mal bastante enraizado en la historia de la humanidad; antes el envanecimiento era propio de las altas esferas y de algunas personas con gran relevancia social. Hoy la cosa se ha extendido peligrosamente a todos los estratos de la sociedad. Parece ser que lo importante es focalizar la atención de los demás para bañar nuestro ego.
    Los que pretendemos que nuestros escritos o nuestras composiciones lleguen a la gente, no tenemos más remedio que exponer nuestra imagen al juicio de los demás.
    Ante eso, hay un gran número de personas que simplemente pretender focalizar la atención en su persona a través de acciones ajenas a la creación.
    Hoy, un video de unos segundos de cualquier anónimo realizando ante la cámara un gesto posible de hacer por cualquiera de nosotros, puede superar sin dificultad en visitas a cualquier video de o sobre los grandes como Beethoven, Mozart, Sinatra, Aznavour, Miles Davis, Louis Amstrong, Queem, Albert Camus, Dante Alighieri y otros.
    La soberbia, ese apetito desordenado, ha llevado al envanecimiento de las gentes que, cada vez, salvo honrosas excepciones, se inclinan más por el impacto visual y el gesto mediocre, despreciando las grandes manifestaciones culturas elaboradas y que requieren una atención mayor a un par de minutos.
    A pesar de lo grave de la situación, esto sería relativamente comprensible sino fuese acompañado de un alto grado de hipocresía. Por seguir los valores y los cánones de lo políticamente correcto que se han establecido, se comienza a fingir sentimientos contrarios a los que verdaderamente se experimentan. Porque, adoctrinados por un sistema cuidado hasta el milímetro para que pensemos lo menos posible, un temor no reflexionado lleva a muchas personas a adoptar el camino fácil.
    Pero estas líneas no pretenden ser una crítica a una sociedad enferma de soberbia e hipocresía. Sino una invitación a la reflexión. Nunca el ser humano ha estado tan solo creyéndose acompañado. Recuperar la visión general del mundo que nos  ha tocado vivir sólo es posible a través de una profunda meditación sobre lo que hemos hecho con nuestras vidas.
    La red es un maravilloso mosaico sin el cual, probablemente la mayoría de la gente que lo hace, no hubiese escuchado nunca algo de mi música o leído algunos de mis textos. Sin ella no hubiese podido conocer el trabajo de creadores e intérpretes interesantes. Pero ¿hasta qué punto esto es una realidad en el sentido estricto de la palabra?
    ¿Se puede conocer París, Roma, Venecia, Milán, Pompeya, Londres, Madrid, Barcelona, Galicia, Asturias o un largo etcétera, a través de hermosas fotos en la red sin haber estado allí?
    ¿Es posible captar la esencia de la representación operística a través de la red sin haber asistido al teatro y sentir el aroma de la tramoya, la belleza de la voz y los sonidos instrumentales en directo?
    Si entendemos internet como vehículo y no fin, seguramente estaremos haciendo un buen uso de él. Si comprendemos que el tacto de la piel y el aroma de bosques y mares es imposible de ser captado por ninguna pantalla, habremos dado un paso de gigante para volver a la realidad.
    Es tan fácil ser soberbio e hipócrita cuando uno vive amparado en un entramado de humo.
    El hecho de ir a encontrarse con alguien, ir al cine, al teatro, coger un libro y deslizar las manos en sus cubiertas y sus páginas, pasear a la orilla del mar o entre los árboles, jamás podrá ser sustituido por nada.
    Es preciso un regreso a la humildad y la sinceridad. Esa que perdimos un buen día apoyados por una sociedad que nos instó a ser todos guapos, inteligentes, simpáticos, sociables e ingeniosos.
    Frente a la soberbia banal, la humildad de quien forja su trabajo a golpe de noches de insomnio y sudor. Frente a la hipocresía, la sinceridad, para con nosotros mismos aprendiendo a saber quién somos y nuestras limitaciones, y para con los demás, diciéndoles “Soy esto”, nada más y nada menos; con mis defectos y virtudes, con mis tristezas y alegrías, con la seguridad de que quiero mirar al horizonte antes que a una pantalla sin alma, quiero nadar en el mar antes que sumergirme en un batiburrillo de ideas sin esencia, quiero que tú, que me lees detrás de esta pantalla, sepas que soy un ser humano.  
    Cuando me vi por primera vez ante la Victoria de Samotracia en el museo del Louvre las lágrimas humedecieron mis ojos, cuando pise las playas de Normandía o las calles de Pompeya sentí las historia dentro de mí, cuando vi atardecer en Place de la Concorde en París, comprendí que era muy pequeño ante la grandiosidad de la tierra y muy grande porque podía sentir toda la intensidad de vivir sobre mí.
    El mundo seguirá girando, nosotros pasaremos. Un día ya no amanece. El tiempo es el juez implacable que pone a todos en su lugar. Es una pena que nuestras vidas sean tan cortas como para poder contemplar la permanencia de lo puro, intenso y bello; y el desvanecimiento de las banalidades pasajeras basadas en la soberbia y la hipocresía más liviana y simple.

    Algún día, volverá a amanecer. Ninguno de los que hoy paseamos por estas líneas existiremos ya. Pero un atardecer luminoso anunciará que, si bien los tiempos cambian, la esencia de lo bello vive eternamente.

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lunes, 20 de enero de 2014

VARIACIONES SOBRE UN TEMA - EL PERDÓN - VARIACIÓN Nº 2

    Espero que me hayas perdonado por no haber sido capaz de dominar aquel bajel que fue nuestro refugio de amor y sueños.
    Espero que me hayas perdonado el haber dejado que se desbordase el río donde nuestros cuerpos desnudos se entregaron al ritmo incesante de antiguas quimeras.
    Espero que me hayas perdonado el no haber sido capaz de seguir mirando el mismo horizonte de atardeceres mansos.

    Espero que me hayas sabido perdonar mi beso anclado en tu último adiós.  

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VARIACIONES SOBRE UN TEMA - EL PERDÓN - VARIACIÓN Nº 1

    Te perdono el haber llenado mi mundo de poesía profunda y melancólica.
    Te perdono el haber quemado mis noches con el fuego abrasador de tus pasiones.
     Te perdono el haber arrancado las páginas más intensas del libro de mi vida.
     Te perdono el haber vertido la copa que contenía el néctar salvaje de los bosques profundos.
     Te perdono esa última mirada entre las sombras propiciadas por la tenue luz de las farolas en el viejo malecón batido por las olas y azotado por el viento.
     Todo te lo perdono. Aunque no soy nadie para perdonar.

    Ni tan siquiera la sombra de aquel que vivió contigo las horas suspendidas en el abismo luminoso de la juventud perdida.


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jueves, 16 de enero de 2014

LA SEGUNDA MUERTE DE DON QUIJOTE - (UNA VIDA DE LITERATURA - I)

    El Ingenioso Hidalgo, antes de exhalar su último suspiro, recuperó la cordura, en un alarde literario cervantino que se ofrece a múltiples interpretaciones. Desde que esas últimas líneas fueron escritas hasta hoy, han pasado unas centurias y la figura de Don Quijote ha sido perfilada y diseccionada de distintas maneras, tanto por los literatos como por los estudiosos de diversas materias. Lo que es indiscutible es que la delgada figura de Don Quijote se convirtió en un personaje que llevaba, cuanto menos, a meditar acerca de sus andanzas y sueños. Porque, en el fondo, lo que representa el Ingenioso Hidalgo es a un soñador atrapado en un mundo de realidades que, aunque son tratadas por Cervantes con cierta ironía y de forma amena y divertida, no dejan de ser crueles y definitorias de una sociedad, ya entonces, enferma de realidad. Si extrapolamos la figura de Don Quijote al panorama actual, nos encontramos en la misma tesitura. No hay lugar para soñadores. Don Quijote es perseguido por la intelectualidad y el clero, que se presentan como amigos ambos de él, para que desista de su empeño de desfacer entuertos y socorrer a los débiles; para que deje de soñar y recupere la cordura. Pero el Caballero de la Triste Figura es un soñador. Sólo, su fiel escudero Sancho, lo comprende a su manera. Los demás lo ven como un hombre ya entrado en años que ha perdido el juicio y pone en peligro su salud y la de los que encuentra en su camino. Pero él sólo busca el amor. Cada uno de sus gestos va encaminado a conseguir la atención de su amada Dulcinea. Lo más preocupante es que Don Quijote ha perdido la cordura por su desmesurada afición a leer. Cosa del todo significativa. Alejado de la realidad –si entendemos como realidad la de la mayoría de los mortales que le rodean- abandona la comodidad de su hogar para vivir una vida de caballero andante y buscar en su camino las aventuras que lo hagan digno de su amada.

    Cuando las últimas letras de El Quijote se escribieron, dio comienzo el verdadero periplo de este personaje por la historia de la literatura y, si bien en dicha historia ha recibido bastante consideración; no así en nuestro país, España. Para la mayoría de niños y jóvenes, y un gran número de adultos, El Quijote sigue siendo un libro gordo que escribió un señor que era manco y una lectura a la que da miedo acercarse porque tiene visos de ser tediosa y extensa. Nada más alejado de la realidad. Cervantes no sólo dio origen con su obra a todo un abanico de personajes que servirían de inspiración a generaciones venideras, sino que sentó las bases de la inmensa mayoría de la literatura posterior. Y todo eso lo hizo con sentido del humor. Porque su libro es inclasificable. Abarca desde la novela, pasando por el relato, la poesía y otros géneros literarios. Hasta las máximas y refranes están presentes en toda la obra. Si Don Quijote de la Mancha hubiese sido escrito en Inglaterra, Francia o América; Cervantes sería una institución que ensalzarían cada dos por tres y su figura sería exportada sin cesar como símbolo de genialidad y figura clave en las letras de todos los tiempos. Pero en esta España nuestra, casi hay que pedir perdón por ser original. Si Cervantes tiene el relieve que tiene, es porque es tal su genialidad que, aunque se quiera, es imposible ser ajenos a ella. La historia de nuestras letras y otras artes está plagada de genios. Cervantes, que no sólo escribió El Quijote, sino muchas más cosas; nos dio con su obra toda una lección de modernidad, de maestría en la creación de personajes y, sobre todo, dejó una gran obra para disfrute de los que nos hemos acercado a ella. Adentrarse en su novela, dejarse llevar por las aventuras que acontecen, es surcar un mundo mágico que, además de grandes momentos de diversión, nos puede despertar de un sueño maléfico en el que nos han ido introduciendo sigilosamente. Al igual que otras figuras de la literatura o la historia, si Don Quijote volviese a nacer y se dedicase a recorrer los caminos, hoy ya carreteras, intentando impartir justicia; de seguro que intelectuales y clérigos lo volverían a perseguir. No vaya a ser que contagiase a los demás su afán por soñar. Intentarían imponerle su realidad, para que de nuevo diese su último aliento y dejase de arrastrar consigo en su locura ensoñadora al humilde Sancho, que, en definitiva, no es otra cosa que la representación del pueblo ansioso de soñar y olvidar la mísera realidad a la que se haya sometido. Junto con la Odisea de Homero, la historia de un hombre en un viaje iniciático en busca de su Ítaca amada, es decir, su infancia, su hogar, su pasado feliz; El Quijote debería ser la lectura obligada y el libro de cabecera que nos permitiese pensar, soñar y ser más nosotros mismos, y menos lo que quieren que seamos. El Caballero de la Triste Figura se alza una vez más majestuoso y recorre pausado a lomos de su enjuto caballo Rocinante las ruidosas metrópolis. ¿No lo veis? ¡Por ahí va! No se lo digáis a nadie. Tal vez pueda seguir soñando en la clandestinidad mientras el mundo se envenena preso en su propia vanidad, ajena al maravilloso mundo de los sueños. ¡Camina, Don Quijote! ¡No dejes que vuelven a matar contigo el rincón donde habitan los sueños más queridos!


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miércoles, 15 de enero de 2014

LOS GRANDES HERMANOS - (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XXIII)

    En otras épocas era fácil contagiarse de la rabia. Afortunadamente, los avances científicos y las vacunas consiguieron acabar con ella en el llamado primer mundo. El problema es que las enfermedades que atacan al cuerpo tienen una forma de manifestarse generalmente más plausible; pero las que atañen a la mente son mucho más difusas, difíciles de percibir. Hay una rabia que surge del dolor que provoca la injusticia. La opresión sobre los pueblos ha sido la nota dominante en todas las culturas a lo largo de la historia de la humanidad. Con sangre se han levantado los grandes imperios. Es maravillosa la historia vista con la perspectiva del tiempo. El problema es cuando la historia es aún presente y se sufre en las propias carnes como está ocurriendo en el momento actual. La degradación de todo un entramado social de bienestar con el único fin de que un selecto núcleo de elegidos se enriquezcan cada vez más, acumulando fortunas que no podrán gastar ni en diez vidas, se ha convertido en un engranaje que avanza inexorable hacia el caos más absoluto; sin que parezca que nada ni nadie pueda o quiera ponerle freno. Así la rabia se instala en el ser humano oprimido, generando cada vez más desasosiego y tensión. Un mundo de cifras, que sólo entienden aquellos que las manejan a su antojo, va sangrando lenta y paulatinamente a las clases que un día fueron medias, y hoy caminan hacia el umbral de la pobreza. Georges Orwell creo en su novela 1984 un mundo que daba pavor. Cuando la leí hace algunas décadas, jamás pensé que la sociedad escrita por Orwell acabase siendo incluso inocente en comparación con la realidad que hoy vivimos. El gran problema es que no es un Gran Hermano el que nos rige; son muchos Grandes Hermanos. Se ve que eran familia numerosa.


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martes, 14 de enero de 2014

CARTA A CHARLES AZNAVOUR - LA VOZ DE LAS REALIDADES Y LOS SUEÑOS

 Admirado Charles Aznavour:
    Son las cuatro de la madrugada y la lluvia, llevada por el viento, golpea contra los cristales. Mientras fuera ruge el temporal, aquí en mi cuarto, el ambiente es sereno. Usted, probablemente no se acuerde de mí. Son tantas las gentes que le harán llegar sus mensajes. Pero es comprensible. Le diré que soy aquel compositor y escritor de Galicia que un día vio realizado el sueño de, en mi segunda visita a París, poder ver y escuchar en directo a Charles Aznavour en L´Olympia. Aquel que le ha dedicado una obra sinfónica. Pero, esos son detalles personales sin importancia. Esta carta que le escribo no es para hablarle de mí, sino de usted. Esto, probablemente le pueda incomodar. Por lo que, pido de antemano disculpas. Sé que, fuera del escenario, no quiere usted oír hablar de Charles Aznavour artista. Hace unas horas he estado escuchando y viendo una de las últimas entrevistas que le han hecho en la televisión francesa. La gente no se cansa de preguntarle cuales son las claves de su triunfo a lo largo del tiempo. Para mi está muy claro, aunque pueda parecer presuntuoso. La clave está en la verdad. Y, cuando digo la verdad, lo hago con el significado que entraña de autenticidad. He admirado a alguna gente del mundo de la literatura y la música. Nunca me ha gustado la palabra fan. Porque ser fanático de alguien, conlleva algo de irreflexivo. Y a mí siempre me ha gustado reflexionar sobre mis gustos. Desde mi adolescencia en que escuchaba sus canciones, hasta la madurez; la imagen de Charles Aznavour se ha ido convirtiendo para mí, no sólo en la de un gran intérprete, sino la imagen de la profundidad, la serenidad, el compromiso con los suyos, con sus raíces, con las causas que considera justas. Ya sé que no le preocupa, pero estoy seguro que, como ese Víctor Hugo que los dos admiramos tanto, el día que usted desaparezca sólo físicamente, París se rendirá ante usted con grandes honores. Y no sólo París. Pero prefiero hablar de la vida. Usted es la prueba viviente de que, aunque los tiempos cambien, aunque las modas fluctúen; lo auténtico siempre está vigente. Cuando hace un par de años lo vi actuar en L´Olympia, comprendí que no estaba equivocado. Fue la confirmación del magnetismo y la grandeza que destila en escena, la voz de las realidades y los sueños. Voy terminando ya. No sin antes decirle que, a pesar de la distancia, no pierdo la esperanza de algún día conocerlo y estrecharle la mano. Espero no haberle importunado con nada de lo dicho. Sólo expresarle mi profunda admiración hacia su trayectoria. Creo que mi sentir no es nada original; es el de millones de personas que lo admiran y sienten que sus canciones son parte inseparable de sus vidas.
    Su éxito a lo largo del tiempo, sólo puede molestar a los mediocres. La gente que nos dedicamos al mundo del arte, vemos en usted un ejemplo que nos hace decirnos a nosotros mismos: “Más tarde o más temprano, si uno vale, acaba triunfando y teniendo el reconocimiento del público. Sólo hay que luchar día a día por lo que uno cree”.
    Con el deseo de que su voz siga elevando nuestros corazones, reciba un cordial abrazo desde Galicia.

                                                                                                 Vigo, 14 de Enero de 2014

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jueves, 9 de enero de 2014

EL CAMINO HACIA LA TIERRA DE LOS MUERTOS - ÓPERA

El camino hacia la Tierra de los Muertos
©Julio Mariñas 2014

No utilizar esta obra para fines comerciales sin permiso del autor.


ESCENA I
    El poeta agoniza en la cama de su viejo cuarto mientras las sombras -Mujeres vestidas con gasas negras-  danzan a su alrededor.

¡OH, DULCE SOPOR!

LAS SOMBRAS - Coro mujeres

¡OH, dulce sopor que embriaga al hombre
Cuando la vida en el umbral nos pone!
En el punto final de la existencia
Un halo de inquietud nos desalienta.

La hora que a todos hace iguales
Nos mece sin piedad, sin compasión.
Siempre supimos que éramos mortales.
Castigo al que condena la razón.

Adiós para siempre a la palabra vida.
Fluyó el tiempo veloz, enardecido;
La escarcha en las sienes hizo nido
Y ya toda esperanza está perdida

   
    Ático humilde. El Poeta agoniza en su lecho en penumbra. De la oscuridad aparecen unas mujeres jóvenes vestidas con gasas negras. Danzan con movimientos lentos alrededor del lecho. Fuera de escena canta el Coro Femenino. Al finalizar el canto desaparecen.



lunes, 6 de enero de 2014

EN LA NOCHE - VI - CUANDO YA NO ESTÉ

    Cuando ya no esté, quedará un crepúsculo de adioses nunca dichos reflejado en un horizonte púrpura y brillante. Sobre lo que fuimos y construimos brotarán nuevas primaveras, ajenas a mi ausencia y a los aromas de los días felices que nos acogieron en sus horas. Cuando ya no esté, volverá el crudo invierno a golpear con furia los cristales de lo que fue nuestro hogar y donde paramos el tiempo al ritmo inexplicable del tú y el yo entrelazados. Dos gotas resbalarán en la ventana, tendiendo a separarse en su recorrido; metáfora cruel que te dirá “Aquellos días felices no volverán”. Cuando ya no esté, la playa que juntos caminamos habrá corrido un invisible velo sobre nuestras huellas ya borradas. Y en los días de otoño bramará el mar rompiendo con furia nuevamente sobre la roca donde juntos soñamos nuevos horizontes. Cuando ya no esté, en las cálidas noches de estío donde el cielo se adorna con incontables estrellas, tu vista  ya cansada contemplará el firmamento que semeja inalterable y una estrella fugaz descenderá liviana como un guiño a mi ausencia. Y la música que creé flotará suspendida en la habitación vacía. Y manuscritos inéditos soñarán por mí en los cajones. Cuando ya no esté, nadie reclamará mi sombra en el umbral de un nuevo día.




sábado, 4 de enero de 2014

DE LA NATURALEZA DEL SER HUMANO - EL BIEN Y EL MAL

    La fuente esencial de la que se nutre toda discrepancia o conflicto entre los seres humanos radica básicamente en los principios del bien y del mal. Conceptos ambos antagónicos, a la vez que simbióticos, porque beben el uno del otro y se alimentan mutuamente con asiduidad y fruición a lo largo de la historia de la humanidad. El principal error que ha llevado y sigue llevando a las sociedades y pueblos a un continuo conflicto, radica en la apropiación indebida de uno de estos dos términos, tan distintos y tan iguales a la vez, y su aplicación práctica en el liderazgo de las gentes. Evidentemente, al tratar del bien y el mal, nos vemos abocados a definirlos. Pero en esa misma disección del significado de cada uno de ellos, radicaría el verdadero fallo, ya que invalidaría nuestra imparcialidad acerca del tema. Dos conceptos que pueden utilizarse como paralelos, que no iguales, sería la verdad y la mentira. Dicho esto, la verdad de un individuo entrañaría el bien desde su perspectiva particular; aunque esa verdad pudiese fácilmente no ser el bien en sí misma, y ser catalogada por otros individuos como mal. Porque la ética y la moral que se presupone en los humanos, varía mucho, fundamentalmente en relación al núcleo geográfico, social y cultural en que nazcan, crezcan y habiten. Una vez posicionado acerca de un tema concreto de acuerdo a sus principios, surgen diversas variantes. Pero podemos decir que son dos prototipos los esenciales a la hora de posicionarse. El que cree que está en posesión de la verdad y del lado del bien o del mal, y el que piensa que no está en posesión de la verdad pero hace creer a los demás que está convencido de ello. Estos últimos individuos pueden acabar desembocando en otra variante, es la de aquel que no creyendo estar en posesión de la verdad, ha hecho creer a los demás que si lo estaba, y ha acabado creyéndose en posesión de la misma.
    Con estas pocas premisas nos situamos en el siglo XXI. La sociedad está cada vez más radicalizada y posicionada a través de los conceptos del bien y del mal. De tal modo que “Si no estás conmigo, estás contra mí”. La supuesta pluralidad de posturas es una ficción y, cada vez más, surgen posturas antagónicas que se afilian a una corriente u otra, sin posibles vías intermedias ni bifurcaciones. Al mismo tiempo, los pensamientos son sujetos a infinitas y contradictorias interpretaciones con el fin de elevar o destruir dichas ideas.
    Por ejemplo: Alguien expone una opinión concreta y determinante. “Me gusta ir a la playa en verano y contemplar los cuerpos jóvenes y vigorosos”. Una frase tan sencilla como esta, puede suponer la desacreditación o el enaltecimiento de la persona. De ella se pueden extraer infinitas conclusiones a favor o en contra. Verbigracia: Es una persona saludable y adora la juventud – Sólo va a la playa para observar y excitarse con la visión de los cuerpos. Es una persona amante del mar y la gentes de la costa – Detesta la montaña y las gentes del interior. Le gusta el verano y el buen tiempo – Detesta el invierno y la lluvia.
   Todos estos enunciados a favor o en contra, están haciendo un juicio de valor, que no está implícito en la frase, sobre la persona que la ha enunciado, sin conocerla. Aunque los juicios en sí mismos no son malos ni buenos, si posicionan la imagen de la persona que ha dicho la frase en un pensamiento o acción muy determinado; dejándola expuesta a unos juicios por parte de los demás que, sin más informaciones ni enunciados diferentes, se emitirían teniendo sólo una visión muy parcial del pensamiento de quien ha dicho la frase.
     Llegados a este punto, volvemos al lugar de siempre. La visión general y ecléctica de las palabras y los hechos, es lo que nos puede dar una aproximación a las personas. Pero, aun así ¿cómo podemos juzgar a alguien sin estar seguros de conocernos a nosotros mismos? ¿Soy el mismo de hace veinte años? ¿El ser humano –por el hecho de ser racional y pensar- no está en continua evolución, lo que implica una variación en sus ideas y conceptos? ¿Lo negro es tan negro y lo blanco es tan blanco como nos quieren hacer ver? Fuera de las creencias de cada uno ¿quién determina el bien o el mal como conceptos globales, válidos y aplicables a cada individuo o colectivos?
    Por suerte, ni lo blanco es tan blanco, ni lo negro tan negro. Siguen queriendo hacernos creer que sólo hay una, o como máximo dos salidas para cada conflicto o dilema que se plantea a la sociedad. Pero es falso. Las alternativas existen.
    Se tiende a un pensamiento globalizador en pos de la concordia y todo un entramado social preestablecido que alimenta a la gran bestia que es el poder. El individuo como ente independiente, cada vez tiene menos valor. Sólo algunos colectivos dan atisbos de tener energías para intentar emprender acciones favorables a otras visiones de la realidad. Pero el sistema está estructurado de tal manera que, si no cumples todos los requisitos decretados por las altas esferas, acabas diluyéndote en un mar de confusión y desencanto.
    En otras épocas, el mal desde la perspectiva del pueblo, estaba muy definido. Podía llegar cabalgando en corceles y arrasaba todo a su paso. Podía ser ejercido por líderes que no ocultaban su tiranía y la opulencia con la que vivían, mientras las gentes estaban esclavizadas. Hoy, el mal viaja disfrazado; acecha en cada esquina bajo la máscara de lo políticamente correcto y la disertación vacua. Hemos engendrado una sociedad temerosa, desconfiada, insegura. Como si “Nadie parece ser quien dice que es, ni piensa lo que dice pensar”.
    Y en ese juego de conflictos entre el bien y el mal, la cultura parece resistirse a morir y a aceptar el desprecio al que está siendo sometida. Golpeada por muchos. Desde los que dicen ser escritores porque escriben libros, hasta los que dicen ser cantantes porque tienen un micrófono en la mano, pasando por los que se creen muy inteligentes porque han llegado a ocupar un puesto relevante que les permite jugar con los creadores y los intérpretes.
    Ahí radica el verdadero peligro. En las  nuevas generaciones que no han conocido los pilares de la construcción del arte, las columnas que sostienen todo un acervo cultural a través de los siglos, el arduo camino que se ha recorrido para tener un patrimonio artístico. Sin referentes, en unas décadas, los conceptos del bien y del mal se limitarán a un “Si me interesa” o un “No me interesa”; con independencia de cuestiones éticas y morales. Sólo por el mero capricho personal. Evitar esto está en las manos de aquellos que, de un modo u otro, intentamos hacer un arte sin barreras ni colores. Porque la verdadera libertad radica en que existan estos, y los otros; pero, además, los otros y los otros…
    El bien y el mal se confunden y entremezclan. Probablemente estas líneas que escribo no sean tan justas ni tan verdaderas como pretendo. Acaso existan otras visiones tan legítimas y más enriquecedoras. Pero, quien habla con su verdad y sin máscaras, en el momento de hacerlo, tiene que estar por encima del bien y del mal, entendido como puntos inamovibles y extremos.

    Al final, la vida es una sutil línea que acaba siempre en un horizonte jamás alcanzado.

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jueves, 2 de enero de 2014

EL CAMINO HACIA LA TIERRA DE LOS MUERTOS - LA AGONÍA DEL POETA

EL CAMINO HACIA LA TIERRA DE LOS MUERTOS

Ópera

Música, letra y orquestación

De

JULIO MARIÑAS


POETA – TENOR

MUERTE – BAJO PROFUNDO

ETERNIDAD – SOPRANO

ALMAS – CORO





ACTO I

¡OH, DULCE SOPOR!
ULTIMA LUZ
 ES LA HORA FINAL
CUANDO ACABA EL DOLOR

ACTO II

EN EL LABERINTO
LA ETERNIDAD




ACTO I

    Ático humilde. El Poeta agoniza en su lecho en penumbra. De la oscuridad aparecen unas mujeres jóvenes vestidas con gasas negras. Danzan con movimientos lentos alrededor del lecho. Fuera de escena canta el Coro Femenino.
Al finalizar el canto desaparecen.

ESCENA I
    El poeta agoniza en la cama de su viejo cuarto mientras las sombras -Mujeres vestidas con gasas negras-  danzan a su alrededor.

¡OH, DULCE SOPOR!

LAS SOMBRAS - Coro mujeres

¡OH, dulce sopor que embriaga al hombre
Cuando la vida en el umbral nos pone!
En el punto final de la existencia
Un halo de inquietud nos desalienta.

La hora que a todos hace iguales
Nos mece sin piedad, sin compasión.
Siempre supimos que éramos mortales.
Castigo al que condena la razón.

Adiós para siempre a la palabra vida.
Fluyó el tiempo veloz, enardecido;
La escarcha en las sienes hizo nido
Y ya toda esperanza está perdida.


FOTO DE JULIO MARIÑAS