viernes, 7 de noviembre de 2014

CONVERSACIONES CON SENIA - X

    Hace tiempo que no bajo al río. Prefiero el otoño para hacerlo. En verano está demasiado frecuentado. Esta noche es posible que esté ella en sus orillas. Ya la estoy viendo. Lleva un vestido blanco de gasa que la brisa nocturna mueve suavemente.
    -Hola, Senia.
    -Hola.
    -Hace tiempo que no nos veíamos.
    -Algún tiempo.
    Apenas veo su cara. Mira hacia otro lado, como queriendo ocultar algo.
    -¿Oyes, Julio?
    -¿El qué?
    -Los cantos de poetas.
    -Vagamente. No puedo distinguir sus palabras.
    Entonces, Senia canta susurrando con la voz más dulce que jamás he oído.
   
Vuelas tiempo, vuelas,
A las tierras lejanas
Donde habitan los versos
Que un día llevó el viento.

Vuelas, tiempo, vuelas,
A las blancas mañanas
Donde rotas pasiones
Dieron su último aliento.

    -Es muy hermoso, Senia. Nostálgico.
    -Sería hermoso, si fuese verdad.
    -¿Verdad? No te entiendo, Senia.
    -No son poetas los que cantan.
    -¿Quiénes son?
    -Los monstruos del desencanto. Sus voces vienen de las lejanas tierras donde nunca amanece. Son como los cantos de sirena. Su belleza es un engaño para los sentidos.
    -¿Tienen nombres?
    -Son los Hijos del Tiempo Quebrado. No debería haberlos escuchado. Es mejor que te vayas, Julio.
    -¿Por qué?
    Poso mi mano sobre el hombro de Senia. Cuando se gira con delicadeza, su cara es la de una anciana con el rostro surcado por infinitas y profundas arrugas; con los ojos hundidos entre tanta degradación y la boca reseca.
    -¡Vete, Julio, vete!

    Me alejo sin volver la vista atrás con su anciana voz resonando en mis oídos. Dice en un eco cada vez más lejano “Tiempo, tiempo, tiempo, tiempo…”

DIBUJO DE JULIO MARIÑAS

AL CORRER DE LOS AÑOS (EN LA NOCHE - XII)

    Al correr de los años, envueltos en un sutil manto de horas entregadas, se ha ido desgranando la vida y sus misterios. Nunca estuvimos tan cerca del abismo, como cuando descubrimos que las gaviotas que surcaban el horizonte en los atardeceres rojos no iban a ninguna parte. Ahora, en las aguas calmas del ocaso, flotan los cadáveres de los instantes desvanecidos al paso de los días. Los verdes campos están secos en el espejo de la cruel memoria. Sin remisión, en las sombras se esconde el tenebroso canto de ancestrales sirenas que habitan las islas no encontradas en los mapas. Si navegáis los mares cercanos a ellas, no os dejéis hechizar por sus cantos, ni por su aparente belleza. Tras los bellos rostros y las sensuales formas, esconden afilados dientes y corvas garras negras que arrancarían vuestras entrañas hiriendo el interior más profundo. Al correr de los años el espejo se torna revelador implacable. Su faz empañada apenas sí deja vislumbrar el rostro cansado y pensativo. Las gotas que resbalan por su lisa superficie se interponen entre nosotros y nuestro reflejo. Son lágrimas vacías, insípidas, olvidadas en el discurrir de los días. En las noches solitarias, las sombras dibujan frías siluetas en las paredes, sobre los muebles, al abrigo de puertas entreabiertas, en las habitaciones abandonadas. Y en el amanecer, hay un viejo sabor a sueños cumplidos diluidos en el despertar de un nuevo día que nos abre a nuevos enigmas al correr de los años.



CAE EL POETA (REFLEXIONES DE UN POETA EN LA SOMBRA - XXXVII)

    Cae el poeta. Sus rodillas golpean el suelo áspero y cubierto de hojarasca del viejo cementerio. Entre las tumbas silentes, llora el olvido de su obra. Aquellos versos inspirados que acompañaron las noches de vigilia al brotar de su pluma. Alrededor del camposanto, la ciudad dormita agónica con respiración entrecortada, ahíta de soberbia y mediocridad. El mundo gira indiferente al canto del poeta. Tal vez, pasado el tiempo, como en tantas otras ocasiones a lo largo de la historia, las gentes lavarán sus conciencias editando los versos del poeta en cuidadas ediciones póstumas. Lo harán cuando no sea más que mondos huesos o polvo en cualquier tumba. Ahora no quieren que la inmensa sombra que proyectan sus palabras pueda hacerles meditar o mueva conciencias. Es necesario el triunfo de lo superficial para que el ser humano pueda justificar tanta miseria, tanta mediocridad, tanta injusticia. Cae el poeta y, arrodillado entre las tumbas, sonríe aliviado porque sus alas de sueños pueden llevarlo a lugares que la inmensa mayoría de los mortales jamás podrán ni siquiera rozar con sus pensamientos Porque la caída del poeta es la confirmación de su grandeza. Es la prueba irrefutable de que la senda que transita es lo más alejado de una sociedad cruel y enferma.

PINTURA DE JULIO MARIÑAS

ESPECTROS - V

    Están allí; en el rincón oscuro a donde siempre has temido ir. Pero tarde o temprano lo harás. Todos lo hacemos. Guturales y estridentes sonidos entrelazados profieren sus gargantas. Están ahí, en las sombras más ignotas.


ESPECTROS - IV

    Los veo pasear. Creen estar vivos. Su aspecto es saludable. Tal vez por eso no quiere ver la realidad frente al espejo. Su hedor putrefacto los delata. Apestan a vileza y tiranía.



ESPECTROS - III

    Lívida, marmóreo el rostro; allí en lo alto de la mansión entre roquedales; asoma su tez macilenta al amplio cristal, silenciosa y enigmática. Su mirada firme no parpadea. Tiene en su semblante toda la decepción de la muerte temprana, la cruel desolación del no haber vivido.


ESPECTROS - II

    Arrastran sus cadenas hiriendo el silencio de la noche de luna nueva. Allí, cuando la oscuridad es más patente. Como en un rugido que araña las calles de la ciudad dormida. Metal pesado de sueños incumplidos y decepciones. Son entes poderosos condenados al sufrimiento eterno de llevar consigo la pesada carga de lo incierto.

DIBUJO DE JULIO MARIÑAS