jueves, 30 de abril de 2015

RELATOS ROTOS - VI - LA BIBLIOTECA

    Los libros están llenos de muertos. Cadáveres históricos; anónimos cadáveres en lienzos, en fotos desgastadas por el tiempo. En los anaqueles se abrigan miles de personajes novelescos; algunos carismáticos, otros vulgares. Alguien recorre los pasillos de la vieja biblioteca. Embozado; apenas deja ver unos ojos negros de brillo enigmático. Ahora avanza, ahora se detiene. En ocasiones, sus huesudas manos toman un volumen polvoriento. No sé muy bien si él me sigue o yo lo sigo por este intrincado laberinto. El olor del libro, su tacto, el sonido de páginas al pasar, la belleza de sus grafías, incluso el sabor del papel masticado convenientemente para ocultar cierta página que no queremos sea consultada; todo es envolvente. Ahora el embozado tropieza tirando con una estantería. A esa le suceden otras y otras; hasta que la biblioteca es un caos de cascadas de libros y estruendosos choques. Me agacho y cubro la cabeza. Siento el impacto de los libros en mi espalda, piernas, manos, brazos, pies. Después, todo es silencio. Tomo un ejemplar que ha quedado abierto por una página. Sólo una frase en letra gótica “Rescatar los sueños del olvido, es como rememorar el tiempo del ayer”. Alzo la vista. Está frente a mí. Se descubre y observo una monda calavera.


miércoles, 29 de abril de 2015

LA AUSENCIA

    Sonará la campana con esa calma enigmática que suspende el tiempo y anuncia el triste duelo. Por unos instantes algunas personas dedicarán unos segundos a pensar en el desaparecido. Alrededor del féretro se agolparán los llamados seres queridos. Después, el ruido de la madera siendo arrastrada al interior del nicho. Una vida entera de proyectos e ilusiones quedará cerrada en apenas una jornada. La vida de aquellos que compartieron con el ausente risas y llantos, volverá, más o menos veloz, a la rutina del mundo de los vivos. Aquellas cosas que, en vida del ausente, fueron para su uso y disfrute, pasarán paulatinamente a otras manos y otros modos de contemplarlas, entenderlas y sentirlas. Así de simple se escribe la historia de los hombres; como un renglón apenas perceptible en el libro del tiempo, como una leve brisa que se diluye al correr de los años en un horizonte incierto y frío.


viernes, 17 de abril de 2015

EN LA NOCHE CERRADA

    Fue en la noche cerrada, herido gravemente, ensangrentado, bajé a la playa y, arrodillado en las aguas, arropado por la oscuridad nocturna, lave mis heridas, alivié mi cuerpo lacerado. Todo era silencio entonces. Vacío asfixiante de ausencias e incertidumbre. Tal vez lejos, alrededor de mis angustias, latía una civilización festiva plena de esperanzas. Mientras yo, transido de dolor y desencanto, sentía el frío de las aguas en mi castigada piel. Fue en la noche cerrada, en otro tiempo que hoy se antoja extraño y huidizo. Pero existió. La playa aún sigue ahí. Los veraneantes la frecuentan, ajenos a los hechos que sucedieron aquella noche de novilunio. Aún recuerdo esa sensación áspera de la arena hiriendo mis rodillas, la espuma del mar sobre mi pecho. Fue en la noche cerrada. Aquella que el alma reconoce como su más fiel testimonio de revelación sentida.




jueves, 16 de abril de 2015

COMO UN LEJANO CANTO DETENIDO - CINES Y TEATROS

    Como un lejano canto detenido como un leve susurro, como una leve brisa; desciende lento pero decidido el telón sobre la escena. No hay aplausos; sólo un largo silencio que parece estar deshabitado y sin contenido. Después de algunos triunfos y no pocas derrotas, ha llegado el momento de abandonar el escenario. La tramoya dormita suspendida, espejismo de inertes ilusiones. Los ecos de las voces que proyectaron palabras con intención, aún habitan en los anfiteatros, en las plateas. Intangibles mensajes ahora indescifrables para meros visitantes ajenos a los días de éxitos y aplausos. Cuando todo es silencio, los duendes de la inspiración vuelven a jugar con los focos encendiéndolos y apagándolos; como reclamando de nuevo las antiguas presencias. Pero hay telones que jamás vuelven a abrirse. El destino es caprichoso o, más bien, feroz con el inexorable paso de los días. Cuando se cierra un cine o un teatro, para muchos de nosotros es la destrucción de lo que fue uno de los paraísos de infancia y adolescencia; en una época no muy lejana; aquella en que había que perseguir sueños, porque no venían aun empaquetados y servidos en bandeja. Fue la última época en la que el corazón podía más que cualquier banalidad fabricada con humo. Una época de la que sólo queda testimonio material en unos cuantos edificios amenazados por el aplastante progreso y, en el corazón y los recuerdos de los que la vivimos, aquellos sueños como un lejano canto detenido.




martes, 14 de abril de 2015

AL FINAL

    Todos mis recuerdos se perderán. Se perderá el crepitar del fuego en la noche de invierno y ese calor de cuerpos encontrados. Ya no volveré a observar la gota de rocío asomada al abismo en el borde del pétalo de una roja flor del estío. Y partiré dejando atrás el equipaje de las esperanzas rotas y los sueños no cumplidos. Con la desnudez de un cuerpo castigado abandonado por la juventud, con la mirada aún fija en el amor y la ternura. Oiré el suave canto de las aves de aquellos amaneceres de esplendor y anhelos, lejana música en el ocaso de la vida. Nada me retendrá a esta tierra que fue mi casa y mi cobijo. Sé que tendré que atravesar el páramo de los solitarios cipreses, hieráticos centinelas de retorcidas copas. El hombre cree tener miedo a la muerte; pero en realidad sólo tiene miedo al olvido. Terror atávico ese de atravesar el Leteo para nunca más recordar, ni ser recordado. Después de haber sido por un breve instante que es la vida, ya no ser nunca más para la eternidad. Despierto y dormido, en sueños he imaginado mundos paralelos donde el eterno retorno sea una realidad plausible. Pero lo único cierto es que, al nacer, caminamos inexorablemente a la puerta ignota que, más tarde o más temprano, tendremos que atravesar sin equipaje, despojados de todo aquello que creímos nuestro. La vanidad del humano no tiene límites; pero su vida sí. Un día, un libro a medio leer sobre el escritorio, espera en vano mi regreso. La biblioteca quedará muda y sin vida. Porque los libros tienen la magia de existir y tener identidad propia cuando son queridos, leídos, hojeados, acariciados. Por eso, cuando ya no esté, en sus anaqueles residirán sin perder un ápice de su majestuosidad cual guerreros de Xian; fieles a aquel que los eligió como guardianes del saber. En mi ausencia, las hojas volverán a caer en cada otoño tapizando el parque donde amé la vida contemplando unos ojos, besando unos labios, escribiendo unos versos. Hay un adiós en cada amanecer, en cada atardecer, en cada madrugada; porque vivir es ir dejando lastre a lo largo de una travesía incierta; barco del que nos creemos capitanes, pero no somos más que grumetes inexpertos, con alguna audacia a lo largo del periplo, con algún alarde eventual de manejar el timón; pero, en el fondo, la nave sigue su curso y, mientras la estela trazada va presenciando el lento desvanecimiento de nuestros recuerdos, nosotros caminamos inexorablemente hacia un horizonte fatal e incierto.


martes, 7 de abril de 2015

DUELO DE FRASES ENTRE UN SOÑADOR Y UN PRAGMÁTICO

    En un bar de madrugada casi a punto de cerrar, dos hombres, uno en cada esquina de la barra, sostienen un duelo verbal de frases sentenciadoras. El soñador evoca frases por todos conocidas. El pragmático las revoca con la inspiración que da el alcohol; o no; porque parece estar bebiendo agua.
    -Veni, vidi, vici
    -Llegué, bebí y me fui.
    -“El hombre es un lobo para el hombre”.
    -El hombre es un bobo para el hombre.
    -“Conócete a ti mismo”.
    -El hombre es un abismo.
    -“Pienso, luego existo”.
    -Siento, luego existo.
    -“Lo que ganaste y los que perderás, ras con ras”.
    -Lo que ganaste, lo perderás; algún día la palmarás.
    -“Hoy comamos y bebamos, que mañana ayunaremos”.
    -Hoy comamos y bebamos, que mañana no estaremos.