jueves, 24 de marzo de 2016

UN BLUES LEJANO





Un blues lejano anclado en el paisaje del recuerdo
Desde el vacío que anida en calles solitarias
Hasta mi ha llegado incisivo e irreverente,
Sincopado canto de musas dolidas por los años,
Pentatónica escala menor herida en su quinta disminuida;
Viene del tiempo en que tu scat brioso
Invadía mi alma y mis sentidos.

La ciudad nocturna y enigmática
Acogía la música, mientras, soñadores y amantes,
Nos dejamos llevar por el embrujo del jazz
Y el doliente gemir de una trompeta, un saxo o un trombón
Procedente de algún recóndito nido
De humo, alcohol, pasión y rotos sueños,
Para quebrar la noche y sus misterios.

Un blues lejano anclado en el paisaje del recuerdo
Desde el vacío que anida en calles solitarias
Hasta mi ha llegado incisivo e irreverente,
Sincopado canto de bellas ajadas por la vida,
Pentatónica escala menor herida en su quinta disminuida;
Viene del tiempo en que tu dulce feeling
Invadía mi corazón abierto.

LA DANZA DE LA VIDA Y LA MUERTE

Dibujo de Julio Mariñas para su relato "Los Demonios de las Cumbres"

    He visto a la Vida y la Muerte danzando entre la luminosidad de la primavera y las tinieblas de un invierno frío; allí, más allá de las nieves perpetuas donde el alma busca la soledad en un desafío al tiempo y el espacio. Sobre los ciclópeos muros en ruinas de lo que en otras épocas fueron florecientes imperios de abundancia y placer, necrófagas aves custodian silentes, difusas manchas en parajes olvidados de sueños no cumplidos; mientras los cuervos atraviesan cielos de lóbregos presagios. Así, en esta primavera de 2016, bajo un manto de flores que habla de un amanecer calmo, evoco un tiempo de caos y exuberancia donde espectrales formas bailaban frenéticas danzas con voluptuosas hembras lascivas y sensuales; allí, cuando la vida era libar la inacabable copa de lujuria y desvarío que no tenía fin. He visto a la Vida y la Muerte danzando entre la belleza de una calma tensa y el torbellino de placer y sueños; allí, más allá, mucho más allá de las níveas cumbres donde ni los más avezados pilotos logran penetrar; en un lugar indescriptible; demasiado grandioso como para poder ser plasmado en la precaria lengua de los hombres.

lunes, 21 de marzo de 2016

LA SIRENA Y EL LOBO - Marzo de 2016





Con tu cabello al viento, libre de ataduras,
elevando la voz en un largo grito
del que se hacen eco los montes y los valles;
 conocedora del llanto y de la risa;
alzas la mano y extiendes el brazo
 para frenar lo injusto de la vida,
para abrazar lo bello y lo esencial;
tú que eres el faro que alumbra
a un perdido navegante como yo;
la sirena que en otro tiempo varó
en las costas lejanas de juventud  y sueños;
mujer, verso inconcluso, misterio que encierras
todos los misterios en tu cuerpo de fuego,
en tu boca insaciable de besos infinitos;
a ti, en esta hora quieta, puedo seguir diciendo,
sin encontrar palabras suficientes,
lo mucho que deseo y lo mucho
que con furia inconsciente sigo amando.


RELATOS ROTOS - XV - UNA NOCHE



    Hace mucho de esa noche. Tanto, que la bruma que entonces flotaba en el ambiente generada por el humo de los cigarros a medio consumir, parece haber disipado aún más tus sensuales formas. El viejo piano estaba allí, en un rincón oscuro y olvidado, dispuesto para aceptar las temblorosas manos de cualquier despojo de la noche que se animase a tocarlo. La juventud aún no me había abandonado del todo, pero yo era un alma atormentada. El discurrir de la vida demostraría que no tan castigada como creía. Pero sí un solitario herido por el desamor y la vacuidad a la que me abocaban mis reflexiones. Por eso, aquella noche, me senté al piano y, con mi torpe técnica de músico hastiado, dejé que mis dedos se deslizasen por sus amarillentas teclas. No sé qué viste en aquel melenudo y mal afeitado despojo, para decidirte a recorrer la distancia que separaba la barra del bar del piano y apoyarte en él, clavando en mí tus almendrados ojos de mirada acuosa. Al instante nos sentimos identificados en una noche que rumiaba penas y misterios. Yo seguí tocando. Se puede decir tanto sin hablar. Fue la noche de los cuerpos. No sé si te acordarás. El alcohol es un mal amigo del recuerdo. Paseamos las calles desiertas y húmedas de un invierno frío hasta llegar a un hostal perdido en un solitario callejón. Cada movimiento de tus muslos hacía crujir las tablas que conformaban la penosa escalera que nos llevó a una habitación desnuda de paredes agrietadas como nuestros corazones. Por un instante, detuvimos el tiempo. No sé si lo recordarás. La tenebrosa magia de la nocturnidad y la alevosía no siempre es grata de recordar; porque nos habla de un tiempo en el que, dentro de la prisión de nuestras ansiedades, éramos seres libres y sublimes; aunque entonces no lo sabíamos. Hace mucho de esa noche. Tanto, que hoy se asoma a mi mente como una lejana historia irreal y difusa. Pero sé que ocurrió porque, en ciertas noches, cuando el insomnio señorea la oscuridad, el tacto de tu piel en mis manos vuelva a latir sutilmente en un leve rasgo de libertad y vida.

viernes, 18 de marzo de 2016

AGONÍA EXISTENCIAL

























Hay un llanto inconcluso,

un mudo grito desgarrador,

algo inexplicable que abrasa el alma,

un no sé qué;

conmueve el pensamiento,

remueve las entrañas,

y se pierde en la noche de los tiempos.

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AQUEL VIGO LEJANO



    
    Vigo, aquella ciudad acariciada por el mar, en un tiempo no muy lejano, cuando las dunas eran la antesala de arenales con aguas cristalinas; hoy devorada por un urbanismo irresponsable que ha privado a los vigueses de infinitos rincones junto a las aguas. Vigo, la Bella Dama Herida de Muerte.


jueves, 17 de marzo de 2016

LA VERDAD SECUESTRADA


    Como en una interminable fábula dramática y desasosegante, ha ocurrido siempre, en un torbellino infinito de ambición y poder gravita el ser humano sin despegarse de su vanidad y soberbia, pretendiendo acallar la voz de poeta, despreciando todo lo bello del agreste paisaje que le dio la vida, arrinconando la belleza de las formas, haciendo oídos sordos a la música de los sueños. En definitiva, secuestrando la verdad, para que el mundo no se atreva a sentir y pensar con la pureza del interior más profundo. Y así, hasta convertir la tierra en un delirio histriónico y espeluznante, donde lo único real, el arte, yace soterrado en la losa insultante del progreso.

jueves, 10 de marzo de 2016

EL TIEMPO SIN RESPIRO

























    Escurridizo ofidio silencioso que sutil se desliza entre las carcomidas tablas de ruinosas construcciones ubicadas en inhóspitos parajes olvidados del mundo y de los hombres allí donde el toc toc de un metrónomo persistente ha dejado de marcar su monótono latir para siempre mientras las secas hojas de otoños muy lejanos aún son de cuando en vez arrastradas levemente por algún viento distraído proveniente de otras latitudes más cálidas o acaso gélidas y solitarias en las cuales los hombres apenas dejan huella porque son las tierras de los olvidados dioses en las que olas de azul intenso vierten su espumosa furia en albas de boreales cielos sin que el silencio deje de reinar en un ciclo interminable ajeno al débil rastro que leves humanos dibujan presurosos por asfálticas rutas controladas a través del nocivo raciocinio propiciador de la muerte del alma y sus misterios en un devenir vacuo e incierto ajeno al caminante solitario que se vislumbra en los senderos perdidos custodiados por esqueletos arbóreos en un discurrir que lleva a ninguna parte como alegoría incesante de la vida y del ser retornado sobre sí mismo frente a la inmensidad del universo y sus misterios.

miércoles, 9 de marzo de 2016

RELATOS ROTOS - XIV - INTERROGATORIO




    -Buscamos un perfil muy concreto de individuo; así que, defínase.
    -¿Definirme? No entiendo.
    -Se lo facilitaremos con algunas preguntas.
    -De acuerdo.
    -¿A la izquierda, a la derecha, o, tal vez al centro?
    -¿Izquierda, derecha, centro…? No comprendo.
    -¡Vamos, vamos! No nos haga perder el tiempo. Nos estamos refiriendo a su ideología política.
    -¿Ideología política?
    -Sí, ideología política.
    -¿Y eso qué es?
    -¡No se haga el tonto! Todos tenemos una ideología. Concretemos. ¿Usted cree en la democracia o la dictadura?
     -¿Creer? Creo tener una idea aproximada de lo que es una dictadura. Pero… ¿Democracia? No sabría definir sus características.
    -¿Usted no sabe que vivimos en una democracia?
    -Algo he oído. Puede ser que las democracias se diferencien de las dictaduras en que las primeras las encabeza un tirano y en las segundas mandan muchos que hacen creer a las gentes que el poder reside en los ciudadanos, pero sigue residiendo en unos cuantos con ínfulas encubiertas de tiranos.
    -¡Ya basta! ¡Qué estupidez es esa!
    -Sólo era una reflexión.
    -¡No nos interesan sus reflexiones! Usted limítese a decirnos en qué bando está.
    -¿Bando? ¿Tengo que pertenecer a algún bando concreto? Si un ser humano en sí mismo es poliédrico y ecléctico ¿cómo es posible que puedan existir secciones de seres humanos con un mismo pensamiento? No hay dos humanos iguales.
    -¡Usted es un extremista! Vamos a ver ¿Rechaza usted la violencia?
    -¿Se refiere a la violencia verbal que están empleando conmigo en este interrogatorio?
    -¡Ya está bien! ¡Se está haciendo el tonto!
    -No, señor. Yo soy así.
    -Cree que se va a librar haciéndose el tonto.
    -¡Ah! Pero ¿es que los tontos se libran del castigo en esta sociedad?
    -Es usted exasperante.
    -No era tonto.
    -Se puede ser las dos cosas a la vez.
    Sepa que será condenado si no nos especifica su postura ideológica.
    -Lo único que tengo claro es la idea de la Libertad.
    -¿Libertad?
    -Sí.
    -¿Y cuál sería su definición?
    -Algo así como: La capacidad de sentir y pensar de acuerdo a la esencia más pura del individuo sin estar condicionado por agentes de opinión externos eventuales y cambiantes, escuchando solamente los dictados de nuestra conciencia y no los condicionamientos sociales represivos, sin seguir ningún movimiento ni corriente aglutinadora de masas que anule la esencia del Yo.
     -¡Por fin ha hablado! ¡Es usted un individualista! ¡Egoísta miserable! Se le condena por creer en el Yo antes que en la sociedad. Lo acusaremos de prepotencia y egocentrismos. ¿No se da cuenta? Su postura es despreciativa e insolidaria.
    -Es posible, No lo sé. Lo que sí sé es que yo no engaño a los demás. Siempre he creído en las personas, y no en las aglomeraciones más o menos coordinadas.
     -¡Anatema! ¡Condenado!
    Si todos fuésemos como usted, no existiría el progreso.
    -Si todos fuesen como yo, no existiría la hipocresía, ni la mentira, ni la falsedad en la que se sustenta todo un sistema social viciado que, en aras del bienestar y lo políticamente correcto, menosprecia lo humano y tan solo pretende aborregar a los ciudadanos, relegando cada vez más a la filosofía y el arte, de la enseñanza, para crear personas fanáticas y mediocres.
    Los seres humanos se han ido acomodando a rugir en grupo para ahogar la evidencia de su propia naturaleza mortal y tener temas supuestamente elevados que llenen falsamente sus vacías vidas, no reconociendo así la sencillez de la existencia. Una simplicidad que hiere al humano en su estúpido orgullo y su vanidad. Pero, lo queramos o no, la vida es sencilla. Es el sibilino entramado social quien la hace compleja hasta el hastío.
    -¡¡¡Cómo se atreve!!!
    -Última pregunta antes de su condena. ¿En qué cree usted?

    -Creo haber soñado un mundo diferente. Pero… eso… fue sólo un sueño.

martes, 8 de marzo de 2016

RELATOS ROTOS - XIII - EL CABALLERO HERIDO




    Dijeron verlo por el camino que serpentea entre frondosos bosques y quebrados roquedales, allí donde en los cielos señorea la rapaz vigilante y al borde de los riscos los buitres leonados dibujan su silueta en el atardecer calmo. Iba herido en su costado del que brotaba un reguero de sangre; herido de muerte concluyeron todas aquellas gentes que lo vieron pasar; los campesinos de los pequeños pueblos, los jóvenes que retozaban en los ríos, los pastores solitarios, incluso algún peregrino o vagabundo. Como en una agonía sin fin, parecía dejarse ver en diferentes épocas, siempre digno sobre su negro caballo perlado de sudor que lo llevaba con paso cansado y tambaleante. Así se fraguó la leyenda del Caballero Herido. Aquel que después de tantos lances fue por fin derrotado. Porque, tarde o temprano, el destino pone hasta al más valiente frente a un enemigo letal. Pero, el Caballero Herido, no consintió, como así le aconsejaron aquellos que lo querían, ser liberado de su montura. Prefirió seguir deambulando la agreste naturaleza que fue escenario de sus vivencias. Todos aquellos que lo vieron, dicen que jamás salió de su boca un quejido o un lamento; cabizbajo, recogido sobre sus ropas de campaña, todo era silencio a su alrededor, roto levemente por los cascos de su caballo al transcurrir del camino. En los atardeceres calmos, cuando todo es serenidad y el sol declina en el horizonte, acaso podáis ver su silueta enigmática recortándose por las montañas, o tal vez  pase a vuestro al lado si estáis en un paraje solitario. Es el Caballero Herido, arrastrando un halo de serenidad e incertidumbre; con una herida mortal en su costado que provoca en él una eterna agonía que ni los hombres ni el tiempo han podido aplacar.




lunes, 7 de marzo de 2016

RELATOS ROTOS - XI - UNA NOCHE

Pintura de Julio Mariñas

  Sombra que camina entre sombras, claroscuros de una noche sin luces de neón, ni tambaleantes borrachos; apenas las farolas del Puente Viejo como lúgubre procesión estática detenida sobre el Río Pardo, son referente en la espesa niebla que gravita sobre las aguas; y la silueta esquiva discurre por estrechos callejones de paredes húmedas, acuosas, chorreantes de líquido turbio, a veces ensangrentadas; las ratas, sí, las ratas corretean la penumbra con sus costados peludos rozando esos muros; laberíntico entramado que una sombra sin rostro, sin rasgos determinados, silente transita en busca de un algo aún no esclarecido.
    En el viejo cuarto, a la tenue luz de una vela, una pluma entinta el papel elaborando frases, intentando desgranar conceptos y situaciones, buscando respuestas. La misma pluma que sirve para escribir bellas palabras, también puede firmar sentencias de muerte. Los medios creados por el ser humano poseen siempre esa ambigüedad manifiesta o encubierta; pudiéndose elevar hacia lo bello y lo sublime o enfangarse en lo execrable y mediocre. Y la pluma sigue deslizándose por el papel buscando la palabra apropiada para reflejar el alma del que escribe. Fuera, la noche es de una serenidad inquietante; como esos remansos fluviales que inopinadamente acaban desembocando en peligrosos rápidos salteados de rocas cortantes y letales.
    Hay una mujer en el balcón del cuarto piso del viejo edificio que amenaza ruina. Esta vestida con largo camisón de blanco roto transparente y sus senos generosos se vuelven turgentes cuando la húmeda bruma de la noche se posa sobre ellos; el pelo ensortijado mojado cae sobre sus hombros y pretende abrigar su rostro marcado por el dolor de alguna ausencia. Desde su mediocre atalaya, mientras posa un cigarro a medio consumir entre los carnosos y sensuales labios, cree observa una sombra humana deslizándose sutilmente entre las infinitas sombras de la ciudad dormida; al tiempo que una lágrima solitaria recorre el rostro, como acentuando para el firmamento velado su belleza olvidada.
    Siempre amanece; hasta en las más negras noches, cuando parece que los pájaros del sueño no nos abandonarán jamás, el día hace sutilmente acto de presencia en el horizonte y comienza a desplazar las sombras. La ciudad, lentamente, se va llenando de humanos que transitan de la peor manera posible, con un destino prefijado.
    En el cuarto piso que amenaza ruina, la puerta que media entre el balcón, donde una paloma distraída se posa con levedad, y el interior del cuarto, ha quedado abierta, y un rayo de luz baña el cuerpo inerte y marmóreo de una mujer sobre las sábanas, mientras una línea roja irregular ha quedado trazada descendiendo de sus muñecas, por el blanco lienzo, hasta el suelo de ajadas tablas.
    En el viejo cuarto, la luz del sol incide reveladora sobre el escritorio donde una vela apagada a medio consumir custodia los papeles desordenados que soportan el peso de un cuerpo vencido encima de ellos. Es el cadáver de alguien que ha rendido su vida en un último trazo de pluma confuso y desordenado.

     Mientras, ya ha amanecido totalmente y la ciudad es un caos de vida que globaliza, envuelve y oculta bajo su vestido de amplias telas otras realidades profundas, anónimas, individuales; nada interesantes para el falso escenario de lo civilizado. Pero volverá la noche. Siempre vuelve. Y transitará una vez más la sombra que camina entre infinitas sombras, y las ratas corretearán de nuevo los callejones tenebrosos, mientras, en algún lugar, una mujer dejará que su cuerpo sea empapado por la húmeda noche al tiempo que por su mejilla resbala una lágrima; y en un cuarto solitario, alguien escribirá sus últimas palabras sintiendo que la vida se desliza entre sus dedos.

LO QUE QUEDA DE LA VIDA (MEMENTO MORI)



    Yo no estaré. El mundo que conocí, ese que fue sólo mío, se desvanecerá en la bruma de una laguna oscura y tenebrosa. La vida es una broma banal que, apenas esbozada, se diluye en un firmamento sin estrellas. ¿No veis los muertos? con esa quietud tan fría y desencantada. Cualquiera diría que un día han sentido y han tenido sueños e ilusiones. El consuelo del hombre es pensar que no olvida a sus muertos, que sigue cuidándolos y brindándoles honores. Pero es una deformación cruel de la realidad. Los humanos recuerdan sólo a los vivos; es decir, recuerdan a esos que ahora son muertos y antes estaban vivos. Nadie, salvo casos tenidos por excentricidades, rinde adoración al cadáver putrefacto, el mondo esqueleto o las cenizas, como tales. Por eso, el hombre teme a la muerte; porque los muertos quedan solos y olvidados. Nadie quiere ver la imagen de lo que amo en unas cuencas vacías; sobre todo porque esa negrura circular les muestra que un día también serán eso. Lo que queda de la vida es nada. Y, ese concepto, imposible de explicar certeramente con el lenguaje humano, es una losa de angustia para los vivos. Sobre las tumbas pasan las noches más apacibles y las más tormentosas, los días más soleados y los más grises; la luna vierte su reflejo de luz sobre las losas y el sol calienta los pétreos monumentos. El tiempo es un concepto que se entierra con cada último hálito de los humanos. Se rompieron las reglas en el Jardín del Final y, como una vaga ilusión, los que aún viven intentan en vano ser dueños de sus existencias sentenciadas. Un día ya no estaré. Entonces también quizá alguien me recuerde como soy en este instante en que derramo palabras en el papel. Y, sin embargo, ya no seré más que los restos del naufragio que, en esta travesía llamada vida, a todos llega con certeza inexorable.


viernes, 4 de marzo de 2016

RELATOS ROTOS - XI - EL PISO 14




























    Me esperan en el Piso 14. Hay una larga sucesión de peldaños polvorientos para subir hasta el Piso 14, y las maderas crujen agónicas como pensamientos quebrados. La vida se estrella sutilmente contra los amplios ventanales de entreplantas. Llueve; no puedes imaginar como llueve. Es una lluvia fina y pretenciosa que impide cualquier visión del exterior. Entonces también llovía; en aquella mañana en que advertí la soledad por vez primera como una losa que bajase lenta sobre mí. Un niño que no tendrá más de seis o siete años desciende jovial y distendido sin miedo a una posible caída; el pasamanos para él no existe. Para mí, sin embargo, es una ayuda inestimable en mi ascenso hasta el Piso 14. Una puerta se cierra a la altura del piso 5; es de maderas nobles; sin duda será el umbral de un apartamento señorial con techos altos y mobiliario rococó. Creo que alguien me espera más arriba. Sino para qué esta ascensión agónica. A medida que avanzo, la escalera se estrecha enroscándose sobre sí misma como un descomunal ofidio constrictor, haciendo más cansado el ascenso. Mi gabardina se ha hecho pesada cuando llego al Piso 14. El polvo cubre el suelo desgastado y las paredes han perdido su pintura mate y, corroídas, semejan una muda reptiliana. La puerta del Piso 14 está abierta. Cuando mi mano la empuja se desplaza ligera a pesar de su constitución tosca de gruesas maderas. Todo es oscuridad en el interior del Piso 14. Apenas un incisivo rayo de luz que se cuela por un diminuto ventanal me permite moverme con torpeza por su interior. Claroscuro caravaggiano, tenebrismo en el cual presentidas formas imprecisas bien pudiesen salir de la oscuridad que reina en las esquinas. Apenas doy unos pasos indecisos mientras las partículas del polvo bailan una danza contenida en el haz de luz revelador de un sol que ha desplazado a las nubes y su lluvia. Tal vez me haya equivocado de dirección. Es muy posible. Pero ahora es demasiado tarde para desandar lo andado. Que te voy a contar. Ahora todo es soledad y olvido. Habita en los lugares imprecisos y ambiguos como este. Lugares como el Piso 14.

LOS DÍAS



    Ese recogimiento otoñal de los días grises, cuando el mundo parece distante y en el horizonte hay una pátina nebulosa que invita a la meditación y el sueño.
    
    El primer atisbo de luz primaveral cuando las golondrinas parecen tener nombres propios y danzar para nosotros.
    
    Los estíos calurosos de cuerpos bronceados entregados a la arena y el mar.
    
    El invierno rotundo que blanquea los montes y anegada con sus lluvias un cielo difuso.
    
    Por todos esos días que han sido, que son y que serán; cómo no amar la vida con su ecléctico pelaje de matices y sueños. 


jueves, 3 de marzo de 2016

CUANDO ÉRAMOS JÓVENES




    Bebimos la vida en el oculto manantial que brotaba impetuoso en el rincón más profundo del espeso bosque donde habitaban los pájaros del viento. Aquellos que nunca vimos, pero sabíamos de ellos porque escuchábamos sus cantos melifluos. Después de saciar una primera sed, descendíamos por los verdes prados que bajaban presurosos hacia ríos caudalosos plenos de espuma y sueños. Así fuimos desvelando los misterios de parajes insólitos, donde las ruinas de pueblos abandonados, de fortalezas o templos semiderruidos, nos invitaban a sumergirnos en las zonas más ocultas del tiempo y de la vida. Todo eso ocurrió cuando éramos jóvenes. Rompimos las velas y navegamos al pairo desafiando galernas en mares encrespados, para llegar a las costas más insólitas, a islas salvajes. Eso fue no hace mucho… Acaso menos de lo que cabría esperar… Fue entonces… Fue allí… Cuando éramos jóvenes.

miércoles, 2 de marzo de 2016

LA PEQUEÑA CABAÑA



    Existió una vez una pequeña cabaña que hicimos con maderas pobres en la que apenas había sitio para un lecho y una mesita donde reponer fuerzas al final de la jornada. Iluminaban su interior las velas encendidas de ilusiones y sueños. Aunque nunca hablo de ella, sé que habita en mi interior como vívido testimonio de un tiempo de juventud y pasión. Nuestra pequeña cabaña se erigía orgullosa entre lujosas casas con piscina, en una tierra tan nuestra de frutales y cultivos. Fue… no hace mucho… en los años de insomnio y pasión; esos que siguen vigentes.

martes, 1 de marzo de 2016

RELATOS ROTOS - X - EL MARINERO



    
    Surcado, zaherido, perfilado por profundas, contundentes y rotundas arrugas, el rostro moreno del marinero recibe el aroma del viento del Norte en su piel; sentado en la roca con la pipa entre los labios. Lejos han quedado las travesías por mares inciertos. Un cormorán moñudo se precipita en picado sumergiendo su cuerpo bajo las aguas en una escena de libertad mágica de la naturaleza. La tranquilidad de lo vivido es una pensión que no requiere cotización ni esclavitud al trabajo, sencillamente se va labrando al discurrir de los días asiendo la vida con intensidad, agotando las horas de vigor y  sueños. El marinero calla porque es dueño de silencios que son los ropajes que envuelven la experiencia. En la arena de la cala cercana, unos niños juegan bulliciosos rompiendo la placidez del entorno. El marinero semeja una estatua sobre las rocas. Así, hierático, va pasando la jornada hasta que el sol del atardecer enrojece el horizonte para dar paso a una noche de plenilunio. La pequeña cala ya está desierta y, en la noche silenciosa, sólo un leve acariciar de espuma en la orilla rompe sutilmente el silencio. El marinero gira la cabeza y observa un bulto que las olas del mar han ido abandonando con su vaivén en la playa. Entonces decide dejar la roca donde ha pasado su jornada y baja a la arena dirigiéndose a lo que, pronto advierte, parece un cuerpo regurgitado por las aguas. Su paso inicial firme, se torna renqueante y dubitativo; el contacto de las botas con la arena húmeda añade un sonido nuevo a la noche de luna. Está junto al cadáver que, boca abajo, aún es movido levemente por las aguas. Entonces se agacha y lo gira con cierta facilidad, lo gira y observa en él su propio rostro de muerte putrefacto, de ojos abiertos proyectados a la nada que lo miran sin ver; y el marinero siente con horror la vacuidad de la existencia, el abismo insondable del destino golpeando su interior más profundo en un burla muda de dolor implacable.