sábado, 16 de abril de 2016

FUATIAI - Pensamientos y fotografías












LA MÚSICA, ESA AMANTE DISCRETA

Textos de la novela 
"Calle Bamboula" (Novela de los 90, homenaje al jazz, de Julio Mariñas)
Fotos de la serie titulada 
“La Música, esa amante discreta” (2016) de Julio Mariñas
(Las fotografías en las que aparece el autor han sido realizadas por Eva Fernández)











viernes, 15 de abril de 2016

ESDEUNVIET - ESCENAS DE UN VIGO ETERNO - V - NINO EN LAS CÍES (Fragmento del capítulo I de la novela AQUEL VIGO LEJANO)

Dibujo para la novela sobre la Reconquista de Vigo "AQUEL VIGO LEJANO"



   En la más septentrional de las Islas Cíes, por su cara Norte, allí donde la verticalidad de los acantilados hace casi imposible el recorrido para ningún ser humano, donde un poderoso Océano Atlántico desata sus iras en los días de tormenta y mar brava, hiriendo las graníticas moles isleñas que surgen de las aguas y abriendo cada día un poco más el corazón de las profundas furnas, gigantescas cavernas en las entrañas del duro granito; Nino se movía con soltura y agilidad pasmosas. Sus miembros largos alcanzaban los salientes y sus huesudas manos y anchos pies se asían a las ásperas piedras con inusitada facilidad. Con el pantalón gris remangado por encima de los tobillos y la camisa blanca sucia y hecha jirones, Nino se mimetizaba con el entorno como si fuese parte de las rocas. Quien hubiese podido contemplar al muchacho de doce años desafiando al vacío en aquella sierra de laderas verticales, sin duda no habría dado crédito a la escena. Pero, para Nino era algo habitual. Finalizando abril, con la llegada de la primavera,  por la mañana temprano, salía del puerto de Vigo la dorna de Xoan y El Pesco, dos curtidos marineros. El primero era alto y desgarbado; de su estrecho tronco con el pecho hundido salían dos largos brazos dibujados con abultadas venas que remataban en unas gigantescas y huesudas manos; los pequeños ojos grises, una larga nariz aguileña y el fino pelo blanco que le caía por la frente, dejaban entrever un carácter huraño y reservado. El Pesco era todo lo contrario; su metro sesenta y cuatro parecía mucho menos, debido a los anchos hombros y las cortas extremidades de poderosos bíceps; asomaba por la camisa la espesa mata de pelo que cubría su pecho,  y protegía su monda cabeza de las inclemencias del tiempo con una gorra que, decía, era herencia de su padre; de carácter abierto, lucía en su rostro una barba rubia muy cuidada; sus ojos eran grandes y azules, de mirada analítica y limpia. Todos los días desplegaban la vela latina y navegaban los casi quince kilómetros que separaban el barrio del Berbés de Vigo de las Islas Cíes. Una vez allí, dejaban al joven Nino en la playa de arenas blancas y aguas cristalinas, mientras ellos se dedicaban a pescar.    

miércoles, 13 de abril de 2016

LAS CHICAS DE LA MÚSICA


    Ellas tenían la edad de los sueños. Juntos no bañamos en recónditos parajes donde los ríos remansan sus aguas bajo la sombra de frondosos alisos y robles. Sus cuerpos eran frutos de terciopelo y miel. Nunca el destino fue tan benevolente ni el azar tan caprichoso como en el tiempo de las Chicas de la Música. Los mismos labios que hacían surgir dulces melodías de fríos instrumentos, también se abrieron para los besos, a veces inocentes, otras lascivos. Los mismos ojos que observaban bajo las luces de una verbena en pueblos remotos, también desprendieron fuego en un íntimo abrazo al ritmo lento de la música. Sus cuerpos, gráciles o voluptuosos, se tendían al sol de estío con la inconsciencia que da la juventud. Cómo no amar las suaves líneas en los atardeceres calmos, en las noches estrelladas, al despuntar el alba. Entonces, no existía el olor marchito de rosas que se fueron, porque todo era nuevo e irreverente. Y así se fue fraguando una vida de versos que han quedado flotando sobre el intenso aroma de otros tiempos. Hoy, como entonces vosotras me enseñasteis, aún no he dejado de evocar los juveniles sueños que creímos eternos y en el presente sólo son una brisa lejana de otros tiempos.

lunes, 11 de abril de 2016

LOS RELOJES DEL CAOS

























 Un pesado cortejo desfila ante mí.
Son las horas sin dueño,
que arrastran a su paso lo que nunca será,
enigmático tránsito
de anónimos espectros vacíos de intenciones.
En la infinita línea
que traza persistente
 el canto del olvido,
se mece un duende ausente.
Lejos, sigue rugiendo el mundo
con impasible falta de atención
hacia todo lo bello.
Mientras, al abrigo de inmortales sueños,
danzan gráciles jóvenes de belleza inconsciente.
Desde este lugar incierto,
puedo escuchar con nitidez
 los relojes del caos
mezclando sus tictacs
en un profundo foso
de rotas esperanzas.

RELATOS ROTOS - XVI - UNA MUJER BAJO EL ROBLE



    -¿Cómo estás?
    -He tenido épocas mejores.
    -Ya; imagino.
    -Aunque no lo parezca, un día fui joven.
    -¿Joven? ¡Claro!
    -Insufriblemente joven.
    -¿Y qué pasó?
    -Que la juventud es el mal menor en la vida de un ser humano Se cura con los años.
    -¿Los años?
    -Sí; con el tiempo. Pero un tiempo breve. No vayas a pensar que el tiempo de juventud es un período largo.
    -¿Menos de lo que parece?
   -Menos. Aunque la tendencia de las últimas décadas es promover una prolongación artificial de la juventud; como si ese paraíso fuese ad eternum.
    -¿No lo es?
    -No; porque el humano comete el pecado de envejecer…
    -Oxidación, oxidación… Es una pena que haya que respirar… ¿Te encuentras bien?   
    -No demasiado… Veo una muchacha cerca del mar, junto al viejo roble. El único de su especie que ha quedado como testimonio de la grandiosidad de frondosos parajes de otros tiempos. Hoy está ahí, solitario ante un ejército de eucaliptos invasores, espigados soldados que nada tienen que ver con el curtido cuerpo del roble, vestigio de otras épocas, que sigue conservando en su agonía la grandeza del tiempo ausente.
    -Ahora debes descansar.
    -La espalda de una joven reposa en su corteza agrietada. Ella es bella; emana sensualidad y fuego.
    -¿Quién es?
    -No lo sé. Pero parece extenuada. Como si la vida se hubiese detenido en sus sinuosas formas.
    -¿Has dicho en el litoral?
     -Sí; junto al mar. Parece querer cobijarse de la brisa marina bajo el viejo roble poderoso, paternal.
    -¿Quién es?
    -Ella. Es ella. No podía ser otra…