viernes, 27 de mayo de 2016

RELATOS ROTOS - XXI - EVOCACIÓN NOCTURNA


    No podía ser más oscura la noche, ni más negros los cimientos que la sostenían sobre la ciudad perdida; mientras, ella recorría sus desiertas calles con paso indeciso, los tacones quebraban un silencio denso de humedades y desencantos, haciendo eco en las vacías estructuras junto a las que pasaba, naves abandonadas de cementosas columnas sin acabar de revestir, esqueletos de colosales edificios que se alzaban hacia el cielo, cuyas cuencas negras semejaban ojos siniestros que la observaban impúdicos; Elsa detuvo sus pasos para encender un cigarro; en sus manos delicadas y bien cuidadas, el zippo apenas alumbró la esquina del muro donde por un instante reposó su esbelta espalda manchando el abrigo gris, envoltorio del vestido rojo que cubría un cuerpo de curvas insinuantes; junto a ella pasó un borracho tambaleante que la obsequió con una mirada furtiva no exenta de un desprecio incomprensible; después de la primera calada al cigarro, continuó su camino falsamente repuesta del frío nocturno que iba calando en su cuerpo inundándola cada vez más de una sensación de desasosiego; el parque, pulmón de la ciudad, estaba en absoluta oscuridad  y parecía un pequeño y misterioso bosque en medio de la metrópolis, latía en la vegetación, apenas visible gracias a las tenues luces de los edificios más cercanos, la furia contenida de mil espectros que pugnaban por salir de su encierro, tal vez alegóricas criaturas de las vanidades, los odios, la frustraciones de los habitantes de la ciudad que dormía ajena a los misterios de otras realidades ocultas por la civilización y sus desencantos; Elsa pensó en él una vez más, en el tacto de sus yemas sobre su piel, en la lascivia y el desenfreno de las horas vividas que ya no volverían a renacer; pero, de repente, al doblar una esquina, frente a ella apareció; estaba a pocos metros y su profunda mirada la penetraba como tantas veces; el destino tiene esas casualidades que ni el mejor guion de cine podría superar; hablar sería demasiado pueril; los años habían caído como losas sobre los días felices; Elsa sintió en la mirada de aquel hombre al que tanto había amado un juventud diluida, lejana, perdida en el abismo de los días; le sonrió acariciante; ahora la noche se había vuelto cálida, como si aquellas primaveras de antaño regresasen todas juntas para anidar en el breve instante en que los dos se observaban; del portal junto al que él estaba, salió una mujer de belleza salvaje, asió el brazo del hombre y juntos se perdieron en la noche; pronto regreso el frío y una humedad creciente se fue apoderando de nuevo del ambiente; Elsa continuó su camino por las aceras empapadas de soledades y sueños, sinuosas sus formas estilizadas se movían por las calles de la ciudad desierta; no podía ser más oscura la noche, pero en sus labios quedó esbozada una leve sonrisa de irónica aceptación hacia la vida y sus misterios.

jueves, 26 de mayo de 2016

ERRANTE




ERRANTE


Errante,
por la llanura estéril de los días baldíos,
como un Quijote sin aventura que cumplir;
intentando recuperar la antigua ruta
donde es posible transitar el camino
que lleva más allá de la carne finita,
al lugar en que habitan las homéricas musas.

Desafiando,
las marmóreas plegarias de las voces sin alma,
deambular ausente de nichos y dilemas
el sendero que bordea el abismo del tiempo,
con la rotundidad del verso más sentido,
atento al murmullo del mar en las arenas,
de los árboles viejos que el viento acaricia.

Y así,
ardiendo sin pudor en Infierno de Dante,
surcando una vez más la estígica laguna
que hace ver al hombre el rostro más amargo,
hasta anclar mi barca en el brumoso muelle
donde siempre es invierno húmedo y somnoliento,
contemplando el hogar de los desheredados.


Entregado,
al delicioso canto de vestales lascivas,
a la música quieta del páramo sonoro,
buscando una vez más aprehender las quimeras
de los cuerpos que arden en los prados perdidos,
como en un sueño nuevo de dulces esperanzas,
de amores que trascienden más allá del olvido.

Ebrio,
de juventud vivida y gastada en su esencia,
de oscuridades banas y luminosos soles;
envuelto en el infinito canto de sirenas varadas
allá en los roquedales del litoral soñado;
con fuego en la palabra y melodías nuevas,
frente al universo infinito y cambiante.

Elevo una vez más el verso rebosante
de todas las esencias que encontré en los caminos,
la música envolvente de paraísos perdidos,
el arte atemporal; ese que sólo sabe
intentar como siempre, a través de la historia,
alcanzar esa estrella que late al infinito.


martes, 24 de mayo de 2016

EL TIEMPO, TÚ Y YO




    Y ese aroma de fresca juventud entre sábanas blancas, cuando los dioses descendían cómplices para posarse sobre el lecho; los gorriones revoloteando cerca de las ventanas aún maquilladas por la escarcha nocturna; en el tiempo en que los vientos norteños golpeaban con furia inusitada las puertas viejas de la antigua casa, pero nosotros éramos inmunes a su virulencia, su implacable fuerza que una y otra vez hostigaba los cimientos del hogar; flotábamos, incansables y eternos devoradores de prohibidas hazañas, sobre el abismo del mañana, sin percatarnos de la estremecedora negrura que bajo nuestros pies crecía; hasta que llegó la noche tensa, el labio mudo, el puerto baldío al que no arribaban ya los barcos de antaño; y el delirio de amor se hizo más fuerte que el tiempo, más intenso que el paso irrefrenable de los años sobre nuestras quimeras; así, hasta concluir borrachos de pasión una vez más, para evocar de nuevo los años vacíos de penumbras, plenos de vida y sueños; mientras el mundo gira y gira en su insaciable canto de vanidad, tú y yo, aquellos de la primavera radiante y juvenil, seguimos cultivando el bello canto de las sábanas blancas donde se mecen para la eternidad nuestros espíritus tiznados de un fulgor eterno.


sábado, 14 de mayo de 2016

RELATOS ROTOS - XX - EL DÍA QUE LOS LOBOS DEJARON DE AULLAR



    Los lobos aúllan en lo alto del monte. Pero, cuando descienden las lomas para rondar las casas de la vieja aldea, son más bien silenciosos y sus leves gruñidos se diluyen en los vientos del invierno nevado. Dentro, el fuego del hogar cobija a los habitantes de las viviendas construidas con recias maderas extraídas de los árboles del bosque cercano. Ese tupido hábitat donde el canis lupus deambula enigmático, evocador de leyendas y misterios en su mayoría no resueltos. Algo más apartados, están los restos de un antiguo cenobio. Aún se resiste a caer el campanario con su broncínea campana que deja oír su tañido en noches de temporal como ésta. Un magnífico ejemplar de macho dominante rasca la vieja puerta de entrada a una casa con su huesuda pata. Dentro suena un ronco gemido gutural que parece proceder de oscuros laberintos infernales. No muy lejos del grupo de lobos, camina con paso lento un hombre totalmente embozado, desafiando a las ráfagas de viento cargadas de nieve que pugnan por detener su marcha.

    A mucha distancia de ese lugar; la ciudad bulliciosa. En el piso treinta donde tiene sus oficinas la Editorial Lecturalianosa, Jacobo habla con el director.
    -¿Y por qué no?
    Don Sirius agita un manuscrito entre sus manos.
    -Porque yo dirijo un negocio. Y esto que has escrito no da dinero.
    -Sólo quiero que me digas que el equipo de “entendidos” ha determinado que no tiene calidad, y saldré de este despacho.
    -Sabes  que no puedo decirte eso, porque no es cierto.
    Mira, Jacobo, creo que eres lo bastante inteligente como para saber en qué se ha convertido la literatura. Pero, por si te faltase un último empujón para resignarte ante la evidencia, te diré que la calidad de tu novela no interesa a esta editorial y, con casi absoluta probabilidad, a ninguna otra de la ciudad o el resto del mundo. La política de edición actual; salvo la reedición de clásicos conmemorativa de aniversarios o un nuevo libro de algún autor consagrado; se fundamenta en sacar productos que sean de fácil lectura y compresión simple. A saber: Novelas tochos con más de cuatrocientas páginas pretendidamente históricas; narraciones sobre hechos autobiográficos dramáticos y grandes tragedias; libros de supuesta autoayuda escritos con brevedad y aparente gracia; textos sobre folletines o programas televisivos; libros con recetas culinarias originalíiiiisimas; y… es posible que me deje alguna cosa en el tintero… también los libros escritos por personajes mediáticos.
    Jacobo, olvídate de que alguien publique tu obra. Te hablo con el afecto que, sabes, tengo hacia ti; porque, entre nosotros, y que no salga de aquí, eres un escritor. ¿Lo entiendes? Uno de verdad; y lo sabes. Por eso jamás verás publicada esta obra maestra que tengo entre mis manos. Ni siquiera podrás ganar un premio con ella. Tiene sólo ciento cincuenta páginas. Eso la descarta de la mayoría de los concursos de novela. Tú tienes más de cuarenta años; lo cual te elimina de optar a otros muchos. Haces lo que han hecho todos los grandes a lo largo de la historia. No escribes para nadie; escribes para ti mismo. Eso es un gran delito social desde el punto de vista de la literatura reinante. Si publico esto, los dueños de la editorial no tardarían una semana en destituirme. Así funciona, Jacobo. Antes la gente buscaba, leía, compartía opiniones acerca de libros entonces desconocidos. Hoy, la masa lectora necesita que le digan primero publicitariamente lo bueno que es un libro, lo estupenda persona que es su autor, para que se decidan a comprarlo. Esto también pasa con el cine y otras artes. Y también con las demás cosas que no son arte. La sociedad cree ser más culta que nunca y  vive en una ignorancia patética.
    -Gracias por tu sinceridad, Sirius.
    -Regresa a tu casa. Sé que seguirás escribiendo. Olvídate de las editoriales. Recuerda siempre que vives en un mundo donde la mayor parte de la gente es capaz de leer novelas actuales de quinientas o mil páginas infumables; pero jamás han leído los Miserables, la Odisea o el Quijote. ¿Qué esperas? ¿Ser más que Víctor Hugo, Homero o Cervantes?
    Siento tener que dejarte. Debo recibir a un novelista que me trae su segundo manuscrito de lo que será una trilogía exitosa.
   
    En la vieja aldea, con el temporal amainado, los lobos han desaparecido de los alrededores de las casas. No muy lejos de ellas, un hombre camina con paso lento. Ya no va embozado. Su rostro es curtido, de barbas y cabellos blancos. En sus labios hay una leve sonrisa. Mientras, en lo alto del monte, los lobos han dejado de aullar.

viernes, 13 de mayo de 2016

RELATOS ROTOS - XIX - BAJO LOS SOPORTALES DE LA LEJANA CIUDAD ANTIGUA



    Los cabellos castaños mojados por la lluvia abrazaban tus bronceadas mejillas. Bajo los soportales de la lejana ciudad antigua buscamos el refugio después de haber corrido las empedradas calles al vernos sorprendidos por una repentina tromba de agua veraniega. Y así, abrazados en la semioscuridad, sintiendo el calor que emanaban nuestros ardientes cuerpos a pesar de las ropas empapadas, no dimos mutuo abrigo al tiempo que crecía en nosotros un deseo incierto, vacilante; de esos que aún tienen la esencia de los primeros despertares que dan paso a la lujuria y el desenfreno. Fue anocheciendo lentamente, con una languidez propia de románticas historias, mientras tus almendrados ojos, pozo de infinitos misterios, ahondaban en los míos. En besos entregados, húmedos, eternos; bebí la savia de tus carnosos labios. Ocurrió en un atardecer de estío. Cuando paseábamos tranquilos, amigos y cómplices de ilusiones y sueños. Una lluvia repentina nos hizo emprender la huida en busca de refugio. Hasta que llevamos nuestros pasos hasta los soportales de la lejana ciudad antigua. Entonces, todo cambió súbitamente, con esa virulencia inesperada que ocurre rara vez a lo largo de una vida. La pasión tiene esos extraños matices. En esta ocasión acechaba escondida y no lo descubrimos hasta que el aguacero caló nuestros sentidos. Al correr de los años, he regresado en varias ocasiones a la lejana ciudad antigua. Distraído paso junto a los soportales y, con disimulo, lanzo una furtiva mirada a las piedras en apariencia vacías; pero llenas en su esencia de ti y de mí en aquel lejano día lluvioso de un verano.

jueves, 12 de mayo de 2016

SENTIR





Ver a la luna llena bajo esas aguas quietas
en lagos escondidos de ardiente juventud;
sobre el mar dormido de un verano ausente;
en el cauce del río que me arrulló la infancia.

Escuchar ese canto apenas perceptible
que entonan bellas ninfas cuando danzan las horas;
el rumor de los vientos que llegan desde el Norte
con amargos recuerdos que atraviesan el alma.

Aspirar el aroma de la hierba que, verde,
fue sedoso tapiz para juegos inquietos;
 y ese lejano olor de cuerpos encontrados
en las noches de estío, cuando la vida hierve.

Sentir el tacto dulce de las pieles ausentes
que se han esfumado en la niebla del tiempo,
el beso inigualable de madre protectora
cuyo valor supera al del oro más puro.

Saborear de nuevo aquel gusto primero
de caverna lasciva apenas explorada;
el de los generosos pechos exuberantes
cuyas torres se irguieron festejando la vida.

Percibir un mañana repleto de ilusiones;
al destino llamando como un desconocido;
una luz entre tanta penumbra y desvarío;
el universo último donde gravita el alma.

Tal vez, eso sea Sentir.
Una experiencia antigua de más allá del tiempo,
del Tú y el Yo, del Nosotros,
de la misma Existencia.

miércoles, 11 de mayo de 2016

AÚN RECUERDO


    Aún recuerdo el momento en que Arthur apareció apoyado en el marco de la carcomida puerta del ático donde entonces vivía. No pudimos evitar el pasar juntos una temporada en el infierno. Tampoco tuvo nada de especial aquel viaje. Salvo las conversaciones que entonces mantuvimos, frente a unos vasos de absenta, sobre la bendición y maldición que conlleva el amar la literatura. Charles, después de observarnos largo tiempo con vidriosa mirada, acababa esbozando una sonrisa contenida. Fuera, en el jardín, Virginia regaba las flores del mal. No sé qué le había dado con aquellas flores. Su imagen delicada y algo trágica mientras contemplaba las plantas, sigue  aún hoy grabada en mi mente. En este presente del siglo XXI parece todo muy lejano. Pero no lo es tanto. Es difícil no tener latente el privilegio de haber compartido, aunque en ocasiones sólo fuese unos instantes, unas horas o unos días; momentos profundos con personas como ellos. La playa no estaba demasiado lejos de la ciudad. Mary tenía la costumbre de interrumpir siempre mis charlas a la orilla del mar con Byron, colgándoseme del cuello. Monstruo, monstruo. Me susurraba al oído con una voz tan dulce como rota. Era encantadora. Nunca pude entender porque Miguel se llevaba tan mal con ella. Tal vez porque Mary no paraba de meterse con su mano atrofiada. Aunque ella lo hiciese sin malicia. No así, Dante, que inconscientemente siempre acababa clasificando a unos y a otros. Fue una buena época. La soledad era muy respetada y todo giraba en torno a la literatura y el arte. Lo demás era tenido por evidente y banal. También lo fue porque todos éramos jóvenes. Ellos de algún  modo aún lo siguen siendo. Incluso el abuelo Víctor. Nunca he oído a nadie insultar con tanta elegancia y tan poco desprecio. Como si en su insulto fuese implícita la comprensión hacia los demás. ¡Miserables! Ese era su preferido. Después pasó lo de Albert y la cosa comenzó a cambiar. ¿Hay algo menos romántico que morir en un coche? C´est la vie. Afortunadamente, aunque no tanto como quisiera, los sigo viendo con frecuencia. Como entonces, hablamos del amor, de la muerte; del misterio de la vida en definitiva. Pero, ya nada es como antes. Acaso porque todo tienen su tiempo. O no… Aún recuerdo el momento en que Arthur apareció apoyado en el marco de la puerta del ático donde entonces vivía. Por desgracia, ese lugar hace tiempo que desapareció, y con él, parte de todo lo vivido en un tiempo de insultante juventud.

martes, 10 de mayo de 2016

EL NAVÍO



    Navegaba lentamente en la mar calma bajo un ocaso de púrpuras y ocres. Coloso de crujientes cuadernas y amarillentas velas. De su sentina brotaban agónicos lamentos, voces desesperadas de anónimos tripulantes. En su cubierta, de babor a estribor, de popa a proa; cuerpos lacerados de rostros convulsos, apenas cubiertos por jirones de ropas ensangrentadas. Lo vi en un atardecer de invierno apacible; cuando algunas gaviotas silenciosas acariciaban el cielo y una lavandera despistada se movía nerviosa a la orilla del mar. Después, la noche se abatió definitivamente sobre el litoral, mientras el navío seguía surcando las aguas pesaroso; posible de advertir por la multitud de faroles que colgaban desde el mástil de mesana, pasando por la cofa, hasta el mástil de trinquete. Amarillentas luces que se fueron perdiendo en la lejanía.

    Sobre los esplendorosos cielos de verano, los radiantes horizontes de primavera, el mar onírico de otoño, aún sigue navegando renqueante ese navío que alberga tantos misterios y preguntas no resueltas.

domingo, 8 de mayo de 2016

TÚ Y YO




Tú y Yo,
Presos de este delirio de amor inextinguible,
 con casi cinco lustros de sueños realizados,
en esta primavera de Dos mil dieciséis
donde las golondrinas becquerianas
danzan para nosotros bajo el cielo gris,
 seguimos abrasados, absurdos, incansables,
 en este delirio de amor que trasciende
el tiempo y el espacio, para expandir su halo
por todo el universo y sus misterios.

Tú y Yo,
que abrimos la flor prohibida del jardín
donde danzan las ninfas y los faunos,
desgarrando los cuerpos en el obsceno acto
pasional, insaciable, lascivo, paroxístico,
para alcanzar las cumbres del placer,
en volcánicas simas donde ruge la tierra
y crepitan los fuegos que abrasan los sentidos,
hasta el éxtasis último y fatal,
donde la muerte asoma presentida.

Tú y Yo,
que hemos paseado descalzos y livianos
sobre tumbas queridas de  personas ausentes,
que sufrimos del dolor de ser dos
fusionados en un único aliento,
bordeando osados montañas y acantilados
buceando las frías aguas
cuando el mar era vida,
y cruzando los ríos de espumosos perfiles
hasta verlos caer al vacío infinito.

Tú y Yo,
que paseamos los pueblos y ciudades de España
viendo el amanecer sobre ruinas perdidas,
contemplando el ocaso en aldeas misteriosas,
que vivimos París como una Belle Époque,
como si aún existiese la añorada Bohemia,
y soñamos la historia desde Roma a Pompeya,
de Milán a Venecia, de Nápoles al cielo,
viajeros inconscientes en busca de respuestas,
simples clochards errantes del amor y los sueños.

Tú y Yo,
que hemos odiado tanto el seguirnos amando,
y sufrimos por siempre esta dulce condena;
somos privilegiados y además lo sabemos,
por seguir aún viviendo esta loca comedia
que trasciende las horas, va más allá del todo,
de las gentes, las cosas, las esencias;
más allá de aquello que es posible
explicar con palabras o gestos;
creación insondable y jamás repetida.

Tú y Yo,
al abrigo de robles centenarios
en el invierno largo y misterioso,
bajo el ardiente sol de estío con pies descalzos
por las remotas dunas del olvido,
junto a los ríos que bajan presurosos
en el otoño incierto de los días,
sobre las cimas que presienten
horizontes de nuevas y amantes primaveras;
esclavos de un sueño y un delirio.

Tú y Yo,
que hemos llegado a los Lugares Olvidados por los Dioses,
perseguido la Invisible Línea Ensangrentada,
nadado hasta la Línea Mortal del Horizonte,
penetrado en la Dimensión Hiriente,
conocido el furor de la pasión y los excesos,
la ternura que viste las mañanas de abril,
el desnudo canto de las sirenas
en los litorales calmos de otros mares,
hasta embriagarnos del néctar de Edenes Solitarios.

Tú y Yo,
somos para siempre y por siempre,
una llama de amor que no podrán apagar
ni el final de los cuerpos,
ni el paso de los tiempos,
ni la sombra de infinitos adioses,
ni la nada, ni el vacío,
porque, Tú y Yo, Eva,
somos un verso de amor inexplicable,  
que seguirá eternamente vivo.




sábado, 7 de mayo de 2016

EL SENTIDO DEL AMORHUMOR



    El Sentido del Amor y el Sentido del Humor encontrados, fusionados, compenetrados en un mismo Sentido de Vivir; dando lugar al Sentido de Amorhumor; única fórmula válida para contemplar la vida con cierta perspectiva y humildad. Cuando los humanos pierden el Sentido de Amor y el Sentido de Humor, generan sociedades represivas y decadentes. Sólo con Amor y Humor es posible crear magia y sueños. En la misma tragedia del dolor y la finitud, laten esos sentidos, dando a la vida trascendencia y liviandad a un tiempo. Cuando los humanos aman, cuando los humanos ríen; aproximan sus esencias y se acercan al mágico mundo de la verdadera humanidad.
    Así como el Sentido del Amor no es patrimonio de los cánones de belleza establecidos; tampoco el Sentido del Humor es patrimonio de las personas de rostros simpáticos e histriónicos. El  Amor también reside en lo que es catalogado como feo. El Humor también reside en los rostros serios.
    Adquirir el Sentido del Amor y el Sentido del Humor es la única meta a la que debería aspirar el ser humano. Una meta sentimental e intelectual. Porque eso somos, aunque el mundo en que vivimos se empeñe en ocultarlo, seres emotivos y reflexivos, a los que un sistema complejo se ha empeñado en adoctrinar y conducir hacia lo banal y lo superfluo. Como si lo profundo y lo intenso no fuese divertido.
    En nuestras manos está proyectar y difundir el Sentido del Amor y el Sentido del Humor, sobre todo en los niños y los jóvenes. Tal vez así sea posible que el Sentido del Amorhumor triunfe en un mundo con tendencia a ser gris e hipócrita, y los seres humanos hagamos honor al significado más bello de su definición, Humano.
    Se continúa difundiendo la idea de que, ser profundo es algo, poco menos que ridículo y trasnochado;  la idea de que la comprensión hacia los que no piensan como nosotros o no viven como nosotros, debe ser relativa y hacernos estar a la defensiva hacia los que no comulgue con nuestras ideas.
     Y así, progresivamente, la sociedad, en aras de lo políticamente correcto y la necesidad de estar siempre a la vanguardia de un supuesto avance en las estructuras sociales, acaba convirtiéndose en una cárcel donde se ahoga todo intento de originalidad que pueda alterar ese ente abstracto que es el colectivo; además de establecer límites sobre lo ético y moral por encima de esa individualidad. Eso, hace que las sociedades devengan en tumbas que entierran cualquier tipo de pensamiento original y personal.
    Sólo alejándonos, recluyéndonos en nuestro Yo, y meditando profundamente, podemos lograr librarnos de yugo globalizador.

    A la orilla de un mar tranquilo hay un hombre sentado que nada espera. Las aguas besan sus pies cansados y el reflejo del sol baña sus ojos que adquieren una luz generada en lo profundo. Lejos, a sus espaldas, la ciudad ruge como siempre, asfixiante, agónica, en un absurdo sueño de vanidad estéril.

jueves, 5 de mayo de 2016

RELATOS ROTOS - XVIII - EL ADIÓS A LA VIDA DE TASCA

























    Erminaldo Dosestrellas fue un vividor recalcitrante que estableció toda una ruta tabernaria por los lugares más sórdidos de la geografía urbana. Le gustaba el vino espeso en grado sumo, hasta tal punto que siempre llevaba en su bolsillo un lápiz con el que, sumergiéndolo verticalmente en la taza, comprobaba el espesor vinícola. Si el grafito en cuestión aguantaba el equilibrio sin vencerse, Erminaldo Dosestrellas sabía que esa era su bebida. En lo que respecta a la alimentación, la cosa tampoco andaba demasiado sutil. Consumía con preferencia hermosos pinchos de alto contenido en sal y picantes varios; desdeñando todo menú que no llevase altas dosis de colesterol.
    Arastelio Sintraspón fue todo lo contrario a Erminaldo Dosestrellas. Bien vestido, pulcro en el habla y la gestualidad, voz atenorada de una dulzura empalagosa, siempre hablando con un grado de intensidad moderado y constante. En lo que concierne a sus hábitos de toma de líquidos, apenas si conocía otros elementos que no fuesen el agua y la leche. Su vida era metódica y de un tedio aplastante y soporífero.
   Erminaldo y Arastelio se encontraron en diversas ocasiones en un café al que, el primero consideraba algo pulcro para sus gustos, y el segundo lo tenía por un lugar bastante mediocre. Lo cierto es que hicieron buenas migas y sus conversaciones llamaban la atención de los demás clientes cuando se enzarzaban en reflexiones más o menos interesantes. Un periodista que frecuentaba el café, anotó durante algún tiempo muchas de aquellas conversaciones con la intención de algún día darlas a conocer.
   A continuación, unos fragmentos de la conversación que mantuvieron la última vez que se les vio juntos.
    Erminaldo – Nos dicen que Sí, pero es No. Nos dicen que No, pero es Sí.
    Arastelio – Usted es un desencantado.
    Erminaldo – El mundo es una fosa séptica. No espere nada. Porque sólo desencanto nos aguarda a la vuelta del camino.
    Arastelio – Está bebido.
    Erminaldo – Beba, beba su leche extraída de las ubres de una vaca cuya vida está condenada al estatismo.
    Aristaldo – La vida tiene la belleza de los ojos con los que se mira.
    Erminaldo – Mis ojos están cansados. La sangre fluye por ellos con inusitada violencia.
    Aristaldo – El amor es lo que le falta a usted.
    Erminaldo – El amor, ese juego de espejos relucientes que siempre acaban rotos.
    ¡Hábleme! ¡Eleve su tono de voz!
    Aristaldo – No es mi estilo.
    Erminaldo – La felicidad siempre es un pájaro herido que sueña con volver a volar sin conseguirlo.
    Aristaldo -Usted es un descreído.
    Erminaldo - ¿Es delito el escepticismo?
    ¡Ah! Olvidaba que la reflexión antitética sobre una sociedad, espejismo vago de proyectos deslumbrantes, es un delito.
    Aristaldo – Tal vez consiguiese recuperar su sobriedad buscando oír el canto de las aves en el alba.
    Erminaldo – Para mí no hay albas. Yo  sólo he visto anochecer. El amanecer es algo que me han contado las gentes. Vago recuerdo de la niñez lejana.
    Aristaldo – La vida se derrama sobre usted con violencia porque ha elegido la senda tenebrosa.  
     Erminaldo – Mientras el señor termina su meditación debo partir. Mujeres en la noche me llaman para que ahogue en sus brazos el delirio del absurdo que es vivir.
    Aristaldo – Espere. No vaya solo.

    Y los dos se perdieron en la noche. Erminaldo tambaleante con su voz rota. Aristaldo derecho y elegante, en silencio.

miércoles, 4 de mayo de 2016

LA VIDA SE DESLIZA SUTILMENTE POR LOS CRISTALES



    La vida se desliza sutilmente por los cristales. El mundo sigue rugiendo. Bullen insaciables masas, voraces criaturas de metrópolis que van siendo engullidas en un lodazal de vanidad e irrefrenables deseos de un poder económico y social que no sirve para nada. Sólo para intentar ocultar la realidad de la insignificancia y finitud del ser humano.
    El artista, olvidado de una sociedad que ha renegado del arte y sus misterios, observa sereno todo un desfile de histriónicas mascaradas.
    Y todo por buscar la sinceridad. Demasiado intenso y reflexivo el concepto de arte real, para un mundo sordo y ciego a todo lo que no sea el infantil juego del bienestar y los altos vuelos.

    La vida se desliza sutilmente por los cristales. De una lejanía indescifrable llega un canto ancestral, auténtico, insobornable; la esencia misma del arte con la que el artista da forma a los sueños.

martes, 3 de mayo de 2016

RELATOS ROTOS - XVII - MONÓLOGO INTERIOR DE UN ADIÓS




    A la hora de ponerse el sol, con una calma infinita, se vislumbra en el horizonte una luz mortecina, macilenta, melancólica, que invita a la reflexión, a dejarse llevar por los laberínticos parajes del pensamiento. Entonces, bajo la pertinaz niebla surgida del crepúsculo se advierte un viento que insinuante mueve con suavidad las altas copas de los árboles cercanos, en una danza tenue y apagada; aire que parece surgir de los restos del final del último suspiro de un coloso derrotado. Algún mirlo distraído detiene su trayecto para posarse nervioso unos segundos en una pelada rama.  Después prosigue su vuelo sin reparar en mi presencia. Desde esta ventana en la que hoy observo el atardecer desprenderse irreverente ante la inminente presencia de la noche, hace muchos años contemplé tu adiós. Hoy, el horizonte es amplio a pesar del paso de los años en mi vista cansada. Pero entonces, a medida que te alejabas y tu silueta se difuminaba en la distancia, ese mismo horizonte se iba estrechando. Y así se quedó durante algún tiempo. Tal vez no tanto como entonces me pareció. La soledad impuesta tiene esa extraña cualidad de cambiar la percepción del paso de las horas y el espacio en el que nos movemos. De repente, en la habitación comenzó a resonar el tic tac del reloj con un volumen nunca antes percibido, hiriendo cada segundo y trastocando todos mis sentidos. Muchas veces, pasado el periodo de tristeza, he pensado como habrás vivido aquellos instantes del adiós. Con toda seguridad, tu visión fue muy diferente a la mía. Desde entonces, la vida ha ido desgranando su azar para los dos. En aquella mañana, la de tu partida, brillaba el sol de juventud. Y hoy, sobre tu adiós se han ido derramando luminosas primaveras que para siempre han aplacado la niebla que dejaron nuestros últimos días de tormenta; convirtiendo lo vivido en un recuerdo lejano y sentido.

VIVIR



    
Ver el mundo con la mirada quieta de quien contempla la vida meciéndose sobre los sueños cumplidos.
    Caminar el profundo surco que van dejando las horas sobre las tierras del desencanto.
    Sentir en el horizonte calmo de mayo un ocaso de quimeras desvanecido.
    Escuchar en el alba otoñal el dulce canto de las aves que presienten el invierno.
    Sentir rugir el mar en lo profundo del pecho enardecido.
    Subir a las altas cumbres para contemplar el mundo en su quietud, en su esencia primigenia.
     Llegar allí, a la infinita línea que traza la vida acunada por el canto incesante del mundo y sus misterios.