domingo, 30 de octubre de 2016

RELATOS ROTOS - XXIV - TOC, TOC...

    Toc, toc… Golpes secos en la puerta de la habitación de madrugada. Temblor entre sábanas, sudor frío; en el reino de la oscuridad todo se magnifica y hay amplios cielos nocturnos que permiten al pensamiento volar hacia regiones inextricables, lóbregas simas; los suspiros siembran su eco en el vacío, el alma no tiene lugares donde posar su incertidumbre. Toc, toc… ¿Quién es? Nadie responde. No se esperan visitas a ciertas horas. Ante la persistencia de las llamadas, la puerta chirría sobre sus goznes y se abre dejando pasar un halo de luz lunar proveniente de la ventana. Toc, toc… Todo es soledad. No hay una serena voz amiga que pueda paliar con su dulce timbre la incertidumbre. Por fin, una silueta maléfica se recorta  en el umbral de la puerta; negro espejismo y, dentro de toda esa oscuridad, unos ojos todavía más negros. Un hilo rojo avanza lentamente por el suelo del pasillo, espeso río diminuto; la luna hace acto de presencia cuando se abren las cortinas; tiene su cara visible ensangrentada. ¿Cabe peor pesadilla? En el prado cercano vagan seres sin rumbo, tambaleantes, descarnados; gimen; sus voces rasgadas, roncas, gorjeantes, son un coro siniestro ininteligible en la noche de plenilunio. Toc, toc… en otras puertas suenan golpes secos; otras puertas de otras habitaciones de otros hogares. Siempre acaba llamando. Tal vez no hoy, no mañana; pero acabará llamando. Las viejas casas están repletas de los ecos sordos que emiten las voces de antaño, cuando había otras vidas; ilusiones, sufrimientos, amores y odios, flotando en la esfera de lo intangible, hacen banal el presente; en un ritual variante y extraño no escrito, siempre acaban siendo derrotados los sueños. Toc, toc… Pareció surgir de la noche pasada. Luego amaneció y la vida volvió a derramarse en un nuevo día. Mientras, en esa aparente calma, bajo ese radiante sol y un cielo puro, sigue latiendo la sombra del destino en su persistente ciclo inevitable.


sábado, 29 de octubre de 2016

EXTRAÑA POESÍA


A la hora en que convulsos se muestran los relojes,
en el instante último de redención y entrega,
cuando el árbol quejoso al borde del camino
mueve su copa espesa de verde y desvarío,
sobre la espuma blanca de solitarias playas,
en la cumbres heladas retadoras del cielo,
a la orilla de río fugaz e impetuoso,
por los espesos campos donde la hierba baila,
bajo el influjo extraño de la luna en otoño,
en el preciso instante que roza el infinito,
allí en donde habita el arroyo escondido,
buscaré sin descanso el latido imparable
de tú alma y la mía, extraña poesía. 


viernes, 28 de octubre de 2016

COMO UN MAL ANTIGUO

Como un mal antiguo,
la vida suspendida sobre este otoño amargo,
donde los hombres bañan su ego desbordado
con el líquido rancio de banalidad y exceso.

Un sol pálido entre las nubes vigilantes,
la tierna soledad de unas miradas
lejanas pero próximas,
antiguas pero actuales.

Los cuerpos enfrentados
sumidos en el fuego pasional y obsceno,
para después yacer callados en el lecho
recuperando una tristeza endémica.

Ser humano, ser más tú y más yo,
en un infierno oscuro de soberbia y violencia;
intentando alcanzar esa estrella que late
en un cielo impregnado de dolor y absurdo.



jueves, 27 de octubre de 2016

POLÍTICAMENTE INCORRECTO

    El derecho a discrepar se ha ido convirtiendo en un área restringida y esquematizada. Es decir, la discusión es buena y se mira como algo positivo, siempre y cuando tenga lugar dentro de unos parámetros preestablecidos que obedecen a una ley no escrita que, ¡oh, coincidencia! transcurren siempre dentro de lo que se ha dado en llamar lo políticamente correcto. Así las cosas, surgen y se establecen corrientes y grupos supuestamente transgresores que se consideran y son considerados vanguardista, no porque sus hechos sean innovadores, sino porque dicen a la gente lo que esta quiere escuchar. Todos aquellos que vivimos nuestra juventud en los ochenta, a poco que recapacitemos, nos damos cuenta de que el panorama social actual, tanto en lo concerniente a las estructuras ciudadanas como al terreno del arte, es una mascarada descafeinada que navega apoyada en un conservadurismos rancio. De tal modo que muchas canciones, manifestaciones verbales, programas televisivos, tertulias y demás cosas de los ochenta del  siglo pasado, hoy serían, no sólo tildados de políticamente incorrectos, sino que serían motivo de denuncias, causas penales y graves condenas por parte de los correctos ciudadanos. Entonces, y no es nostalgia barata de juventud, la libertad era un hecho consumado, los jóvenes éramos respetados como tales, y no se pretendía hacer de nosotros carne de ciudadanos responsables y seguidores de falsos ídolos. Cada uno buscaba sus referentes en la música, en la literatura, en el cine; de un modo más sano y menos condicionado. Porque no existía un marketing previo que nos decía el libro que teníamos que leer porque era un superventas, ni la música que teníamos que oír porque la cantaba alguien que de antemano tenía la aprobación de una industria, ni el cine que teníamos que ver porque no existían trailers que destripaban la película; sino que ibas al cine sin saber en qué mundo te sumergirías. Entonces, todo era más limpio, más incierto, más apasionado. Las gentes nos mirábamos a la cara, conversábamos al calor de un café o nos entregábamos al deseo en lugares sombríos e inseguros. Ese mundo y esa juventud, que llevaba trazas de convertirse y convertir a la sociedad en un lugar libre, respetuoso; sin tanta sensiblería ni con la piel tan fina; al final, pasados los años, se fue diluyendo y, la mayoría de los jóvenes de entonces, hoy son señores pegados a la pantalla de un ordenador o de un teléfono móvil, con ideas sectarias y dispuestos a odiar a todos aquellos que no piensen como ellos. Bajo el falso lema de “políticos somos todos”, los nuevos ciudadanos del siglo XXI hemos pasado a ser activos defensores de todo aquello que consideramos vulnerable. La mayoría de las veces lo hacemos desde la atalaya de nuestra soberbia y vanidad. ¡Y pobre de aquel que disienta de una buena causa! Somos los salvadores de los animalitos, a los que hemos humanizado sin permiso; dando por supuesto que los otros seres vivos quieren ser humanizados y no seguir perteneciendo a su especie. Pero seguimos utilizando una tecnología y viviendo en una sociedad que vive gracias a la destrucción del medio ambiente en el que esos animales vivían, la mayoría de ellos antes de que el homo surgiese en la tierra. Somos los salvadores de las gentes que viven en sociedades mucho más precarias que nosotros. Pero seguimos viviendo en una sociedad que se mantiene gracias al sufrimiento de esos lugares menos desarrollados. Y en nuestras ciudades late la pobreza, la humillación de nuestros vecinos. Pero nosotros buscamos grandes hazañas en lugares lejanos que tranquilicen nuestra conciencia. Vivimos en una perpetua mentira que nos han ido inculcando a fuerza de restringir nuestra libertad de pensamiento. Las redes son un hervidero en el que la gente busca desesperadamente algo en que creer, alguien a quien amar u odiar; todo vale con tal llenar un vacío existencial que pugna por decirnos una y otra vez: “Eres esclavo de infinidad de prejuicios, ideologías, señas de identidad preestablecidas”. Todo ello para nuestro supuesto bienestar. El tema es que la mayoría de los humanos prefieren creer una mentira que apacigua su conciencia; que embarcarse en la dudas y la introspección para ahondar en su verdadero Yo. Cada humano va estableciendo una vida y un círculo entorno a él que mitigue su pusilanimidad. Ahí se mueve con supuesta dignidad y encuentra el refugio a sus traumas y frustraciones. Su actitud se convierte de rechazo hacia todo lo que considera que puede desequilibrar su círculo vital. Hasta que un día se entera ¿Ah, pero soy mortal? Y, si tiene aún tiempo, piensa: ¿Dónde ha estado la aventura? ¿Dónde la sensación de vértigo de ser otros? ¿Dónde está aquella vida que debía haber sido un fluir continuo y se ha convertido en una rutina desoladora? Pero, para entonces ya es tarde. Las campanas del final suenan con rotundidad. Todo aquello que odiamos, que ha sido mucho, se vuelve ínfimo; y lo poco que hemos amado se agranda cuando ya es tarde. Creo estar asistiendo a la cretinización de una sociedad en la que la individualidad se pretende diluir en grandes lemas y grandes principios. Pero, la realidad perecedera es sólo una: Hay un principio que es vivir y dejar vivir. Y una única realidad: La mortalidad como espada de Damocles pendiendo sobre una existencia que no merece ser globalizada ni encajonada por ninguna idea ni concepto. Hoy, como ayer, sale el sol. Vivir debería ser la única opción para una especie como la nuestra, tan falta de verdad y esencia.


sábado, 22 de octubre de 2016

EN EL ATARDECER

    Un, dos… Un, dos… La niebla apenas deja vislumbrar siluetas arbóreas, vegetación espesa; el pantano se muestra tenebroso, sombras espectrales parecen flotar entre los juncos; la existencia derramada en las aguas fangosas, la vida de los otros, la vida propia; un ave emprende el vuelo, sus alas cortando el aire profanan el silencio del lugar; murió la alondra, ¿qué nos queda? Un frío intenso, un largo invierno de adioses y desconciertos. La vida esférica, envolvente, de la niñez, va adquiriendo aristas, adoptando extrañas formas, indescifrables gestos. En la noche ulula el búho insomne; mientras, un hombre camina tambaleante por el paraje hostil. Un, dos… Un, dos… Alguien intenta contar de nuevo; punto de salida, punto de encuentro, punto concreto e infinito. Las ramas murmuran extraños coros que flotan en la noche lunar; un violín entona el lamento de los que no tienen voz. La Invisible Línea Ensangrentada zigzaguea entre los juncos. Espesura de un ayer que duerme su densidad en las arenas movedizas del desconsuelo. ¿Quién puede encontrar la respuesta al vacío de muchos seres humanos? Pasión y compasión, cada vez más, van siendo desterradas del lenguaje. Tal vez, en algún nido escondido entre las jaras, aún progrese discreta la vida siempre nueva.


miércoles, 19 de octubre de 2016

SOBRE EL AMOR

     Como un espejismo se fue deslizando el tiempo en el que la vida éramos sólo tú y yo, libres de tabús, únicos ante la noche lunar y eterna. Esclavos de los sueños y quimeras, ahogamos nuestras ansias en el manantial sagrado de aguas plateadas, en los ríos de doradas riberas; asidos a la pasión y la locura, rasgábamos la penumbra y sus misterios, pintando atardeceres de intensos matices en la línea mortal del horizonte, con la frescura de la indomable juventud, igual en los agrietados parajes solitarios que en las sublimes costas agitadas por la espuma sagrada de océanos sin dueño. Fuimos tú y yo, en un ser de formas indefinidas, en un alma que se extendía más allá del universo conocido, en los límites de la percepción y el tiempo; vagabundos errantes de senderos callados, viajeros incansables de indescriptibles tierras y espacios sonoros, literarios; devorando manjares prohibidos para otros mortales e inmortales, destinados a ti y mí, privilegiados seres fusionados en un fuego incansable y expansivo, agitando el gran volcán donde los dioses rindieron resignados el dominio al amor que habitaba nuestros cuerpos lascivos, vigorosos, plenos de sensualidad y desvarío. Como un espejismo se fue deslizando el tiempo; ese que hoy, al rememorar, advierto que fue real y sigue siendo el mayor tributo a la vida; nuestro amor inagotable, superando el paso de las horas, los naufragios de la cruda existencia, el cruel discurrir de los inciertos ciclos. Como el más bello verso, hoy, desde el balcón sosegado de lo vivido, entono amante y entregado un nuevo canto a ese amor que transciende a la carne y su decadencia; ese amor que traspasa la negrura del finito vagar por esta tierra; amor, inexplicable sino que intentamos en vano los poetas plasmar en versos, revelar tu esencia. Amor como única razón de existir y ser dos en una fusión inexplicable; con nuestros yos latiendo a unísono, desafiando a la razón y el tiempo. Amor, amor; que agotas el diccionario y los sonidos, para seguir siendo fuente de inspiración y, a la vez, tortura del creador que en cada línea escrita, en cada pentagrama, se desangra en lenta agonía, intentado explicarte y encumbrarte, sin conseguir apenas en los versos, en las melodías, un insignificante esbozo de la grandeza que atesoras. Amor, misterio que nunca podrás ser descifrado, ni por el amante, ni por el amado. Encontrar la manifestación total para mostrar tu esencia, sería como revelar el misterio de la vida. Una vida que sin ti, amor, sería una nada absurda y fría.


lunes, 17 de octubre de 2016

LOS FANTASMAS DE LA LITERATURA

    Como una sombra que transita por las esquinas del recuerdo, en los tupidos parajes escondidos, en las desérticas montañas de los lugares olvidados por los dioses; así la inspiración vaga por los laberínticos espacios de la mente del escritor, entre la vigilia y el sueño. Mientras, se expande como una epidemia por los mercados del desvarío, una supuesta gran literatura que, a falta de profundidad e inspiración, toma sus temas y personajes, de la historia, alterándolos, deformándolos; adquiriendo en su trama aires de folletín intelectual y ameno; líneas y líneas que son carne de telenovela, de telefilm, de historia visual por capítulos; insustancial, monotemática, efectista; que busca impactar en lo superfluo de lector o espectador; con estereotipados personajes, con diferentes cubiertas y circunstancias; pero planos e iguales en su fondo. Así, la literatura de masas, por norma general, salvo contadas excepciones; se ha ido convirtiendo en un batiburrillo de escenas y pensamientos, más encaminados a satisfacer el lado banal del receptor, que a esperar de él una reflexión profundad. De ese modo comienzan a surgir en las nuevas generaciones infinidad de lectores que ven en Cervantes, Dante, Goethe, Baudelaire y otros genios de la literatura, unos señores aburridos y de difícil digestión. Error que se va extendiendo como una plaga, hasta acabar escondiendo las grandes obras literarias y, en las pocas ocasiones que sucede, mostrarlas como un vestigio del pasado que hay que contemplar, como se observa un resto antiguo, sin sustancia ni interés. Las fuentes, el origen, las obras literarias en las que se apoyan los textos literarios de vanguardia, casi siempre dando lugar a textos de poca originalidad, duermen el sueño de los justos. Nadie quiere reflexionar las obras de Albert Camus; porque nadie quiere pensar demasiado en la condición humana. Porque hemos ido creando una sociedad que aboga por un buenismo artificial; sin preocuparse para nada por la literatura. Sólo lo fácil, nada más aquello que nos arranque una lágrima o una breve reflexión durante unos segundos; vetado todo aquello que sumerja al humano en una reflexión sobre la verdadera conciencia de sí mismo y de los demás. Lo malo y lo bueno nunca han estado tan simplificados. La melancolía ya no puede ser el placer de sentir nostalgia o tristeza. Esos parecen ser sentimientos prohibidos. La máscara con la que se cubre la sociedad debe ser una sonrisa, dejar que el tiempo fluya y no aspirar a nada que no sea los placeres superfluos y transitorios. Mientras, en un rincón apenas visitado, el escritor sigue latiendo ante un impulso irrefrenable; sentimiento continuo de crear sueños y personajes que abracen mundos escondidos; allí donde las cifras de ventas, las imposiciones de mercado, no pueden ejercer su implacable imperio de la banalidad y el juego mediocre de un mundo trivializado a través de historias iguales, apenas disfrazadas en unos cuantos detalles. Sólo queda el consuelo de que, el tiempo, con su implacable paso de justicia, ira diluyendo todos esos textos condenados a una vida luminosa pero breve, para dejar en su regazo la literatura de verdad; esa que late en la noche de los tiempos; el inmortal aliento de las musas.


domingo, 16 de octubre de 2016

ESTAMPAS DE UN OTOÑO

Sobre la escarcha del amanecer
te pensé ausente, desvanecida,
con tus formas sinuosas reposando
en las sábanas blancas de antiguas primaveras.

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Entre los secos hilos de un otoño callado,
parece vislumbrarse un verdor ya lejano;
reminiscencia vaga de los sueños perdidos
en los lejanos prados de juventud y vida.

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Las horas se detienen en oscuros parajes
donde yace callado lo que fuimos y somos;
ahí, en el inhóspito rincón de acceso imposible,
donde aún juega el tiempo con los días soñados.
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Vivos tonos que se yerguen majestuosos
en el grisáceo y pardo paisaje otoñal;
la belleza que en vano se resiste a morir
rodeada de múltiples cadáveres de hojas secas.
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Señora sin cuenta ni acciones,
serena sobre el acogedor verde;
con el cielo y la tierra como único abrigo,
ante un extraño mundo humanizado y triste.
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Improvisada selva de dulce acogimiento
que entonaba movida por el viento del norte
su rumor cadencioso en las noches de estío.
Entre tus silenciosos y altivos centinelas,
yacen lejanos días de amor y desvarío.
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La libertad, que no tiene dueño;
imposible de controlar;
vano espejismo intentar encerrar
la vida y sus misterios.


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Minúsculas formas escondidas,
en apariencia invisibles al ojo humano,
Juegan con las estaciones y los ciclos
en los últimos vestigios de naturaleza salvaje.

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Al paso de los días desvaneces tu faz
sobre un cambiante cielo,
ahora claro, luego turbio;
señora voluptuosa y enigmática.

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Así, igual que estos parajes que hoy contemplo,
van quebrando las horas
los cuerpos entregados a un abismo
desconocido, absurdo, tenebroso.

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Con una mueca irónica,
la vida se abre paso
entre callados restos,
en húmedos parajes.

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El otoño, de húmedos parajes,
de caminos tapizados de hojas secas,
de fríos premonitorios de un invierno,
sueños aletargados en el tiempo.

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Rincones ocultos en el verde,
lugares que pasan desapercibidos
al discurrir del tiempo en que las gentes
caminan ajenos a su magia.

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Tú y Yo, un sueño infinito,
un oasis en el desierto asfáltico,
una melodía de eterna pasión y desvarío,
la dulce metáfora de la vida.

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La mágica luz que habita dormida
en las sombras perdidas;
remansos de paz en la mañana
de un siglo XXI caótico y esperpéntico.

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Silente, agazapada, estática;
como el destino oculto y misterioso;
en la sombra acecha callada
la fatídica criatura entre los sueños.

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El mundo rendido bajo la luz solar
que traza olas de fuego en el paisaje;
la vanidad y la estupidez siguen su juego,
y yo, mientras, canto a la vida.

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Enigmática dama sin palabras,
desnuda en tu misterio de luces y de sombras;
los pobres ignorantes ejercen de mediocres,
mientras sube el poeta a las alturas.

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Desde mi rincón veo morir el día,
lentamente la luz solar desvanece su halo
en un horizonte dorado y plácido
que abraza al pensamiento y sus misterios.

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miércoles, 12 de octubre de 2016

UN MAL ANTIGUO

   Hay un mal antiguo, espurio. Bajo artificiales capas de civilización sigue latiendo, no un animal –eso sería más deseable; los animales suelen ser previsibles, sinceros, limpios- bajo los múltiples disfraces, no declarados como tales, del homo urbanitas, sigue latiendo un homo anterior -no se sabe muy bien cual; ya que en el siglo XXI, el hombre continua sin tener claro su árbol genealógico – y ese homo real, enmascarado por la hipocresía y la vanidad de una supuesta sofisticación, es un ser cruel, egoísta, desesperadamente egocéntrico. Por eso, el ser humano escribe su historia como mejor le place en cada momento, alejándose de la realidad, hasta tal punto que, llega a desconocer verdaderamente su propia naturaleza. La sociedad va siendo diseñada acorde a ese elevado grado de estima que el ser humano se tiene; aislándose cada vez más de una naturaleza a la que, por más que lo intenta, no puede biológicamente dejar de pertenecer. El drama del humano actual es que quiere por todos los medios ser algo que nunca será; algo artificial fruto de su mente enferma de tecnificación e idolatría. A fuerza de mirarnos a nosotros mismos, hemos ido creando un monstruo de soberbia e hipocresía. Como respuesta, proliferan grupos de toda índole a favor y en contra de esto o lo otro; intentando cultivar una falsa ética, una moral determinista, que les permita dormir tranquilos creyéndose los poseedores de la verdad suprema. Pero nadie está en poder de ninguna razón, ni de ninguna verdad; porque, la razón, la verdad; en el caso de existir; no tienen por qué ser un cúmulo de patrones o concepto fijos e inalterables. Hay un mal antiguo que ruge en el interior de cada individuo y, por extensión, en las entrañas de cada sociedad. Basa sus cimientos en, creerse en posesión de la verdad y, en no entender que la vida y sus circunstancias tienen infinitas lecturas que, la mayor parte de las veces, no tienen ninguna de ellas la razón ni la verdad absoluta. Si cuando hablo, cuando escribo, cuando pienso; me creyese en posesión de un mínimo grado de verdad; estaría cometiendo el mayor y más grave daño a mi ser, a mis semejantes y a la sociedad que me rodea. Sólo el principio de incertidumbre hace que la vida tenga sentido. El no acabar de conocer de todo la esencia última, el dudar sobre la existencia y sus circunstancias, el ser maleable ante el mundo; es lo único que puede otorgar al hombre alguna verdad, aunque sea difusa, sobre su vida y su esencia. Todo lo demás, se me antoja radical, trivial, sin sustancia. Los ojos que miran, la piel que acaricia, los labios que besan; eso es lo único sublime. Todo lo demás es una huida hacia delante, dañando al tiempo y a nuestros semejantes; un juego demente creado por una evolución humana triste y enferma de vanidad.


SER

  

Ser heterosexual, homosexual, bisexual; 

ser de derechas, de izquierdas, de centro;

ser ecologista, materialista, surrealista; 

ser creyente, ateo, agnóstico; 

ser familiar, comunitario, solitario; 

ser vulgar, mediocre, genial; 

ser insensible, sensible, condescendiente;

ser viajero, sedentario, caminante; 

ser inteligente, ignorante, del montón;

ser violento, pacifista, comprensivo;

ser altivo, esclavo, humilde;

ser de principios, de finales, de intermedios; 

ser cerrado, abierto….; ser… 

No. Mejor, SER LIBRE.




jueves, 6 de octubre de 2016

UNA FLOR SOLITARIA

Una flor solitaria se eleva discreta
alza su belleza aislada
sobre la espesa bruma de los días insomnes
como un  vestigio de esperanza callada;
a su alrededor espinas,
los aromas de tiempos más radiantes
se han vuelto pestilentes, irrespirables;
mientras, en el cielo de otoño
aves distraídas dibujan extraños desvaríos;
espinas y más espinas rodean tu soledad
y hacen imposible acercarse a tu tallo;
mejor, la belleza no debe de ser patrimonio de nadie,
ni siquiera del poeta, ni del soñador;
una procesión de restos humanos
sube lentamente la loma del siglo XXI;
caos, tenebrosidad, vacío;
y tú, ahí, flor solitaria,
desafiando a la mezquindad y el frío,
a la vanidad y el odio;
las noches estrelladas te contemplan con respeto
y estrellas fugaces, cual lágrimas de invierno,
desciende en la negrura buscando un mañana;
tus pétalos de fuego hacen vibra el éter,
enriqueciendo audaces la música del universo;
mi mano, siempre extendida,
se esfuerza por tocar tu coraza de seda;
pero sigues lejana;
es el único modo de alimentar la esperanza
y de abrigar los sueños que serán siempre eternos.


martes, 4 de octubre de 2016

¡PODER! versus ¡AMOR!

¡PODER, PODER!

Los niños del hambre lloran en la tierra del abandono.

¡PODER, PODER!

Gentes sin patria ni bandera peregrinan a ningún lugar.

¡PODER, PODER!

Hay madres que no tiene alimento para sus hijos.

¡PODER, PODER!

El delincuente es liberado, el pobre diablo encarcelado sin dudar.

¡PODER, PODER!

El mundo avanza impulsado por las alas de una tecnología fría y calculadora.

 ¡PODER, PODER!

Vales sólo aquello que valgan tus acciones, el humo de los hipócritas.

¡PODER, PODER!

Unos pocos sestean felices sobre los agonizantes cuerpos de sus semejantes.

¡PODER, PODER!

La palabra va siendo condenada al ostracismo, en beneficio de las balas.

¡PODER, PODER!

Vivimos en un sistema que, ni los más favorecidos pueden controlar.

¡PODER, PODER!

La vida es vivida por ellos en la falsa creencia de eternidad.

¡PODER, PODER!

La soberbia señorea un mundo de odios y traiciones.

¡PODER, PODER!

Cada vez menos se repara en la mirada, el gesto, la frase tierna y profunda.

¡PODER, PODER!

En una ciénaga pestilente se debaten los señores del mundo.

¡PODER, PODER!

Mientras, hambre, abandono, humillación; se ciernen sobre los desfavorecidos.

¡PODER, PODER!

Los humanos ya no miran al cielo;

miran una pequeña pantalla donde pretenden jugar a ser dioses.

¡PODER, PODER!

El drama del progreso; sofisticación sin alma.

¡PODER, PODER!

Unos versos de poeta hacen latir el mundo;

 mientras los corazones de la gentes están invadidos por banales espejismos.

¡PODER, PODER!

La máxima es Convierte al diferente o aniquílalo;

en una sociedad más radical y desquiciada.

¡PODER, PODER!

Sólo me salva que, a pesar de todo,

aún sigo soñando, en esta jungla perversa y fría,

con tu mirada y todo aquello que me aísla

del bárbaro apocalipsis en el cual la tierra

se ha sumido en este tiempo aciago.


¡AMOR, AMOR!